La trayectoria de Angélica María Arenas Múnera dentro de la Facultad de Ciencias Ambientales es el testimonio de cómo una institución y un ser humano pueden crecer de la mano, transformando las dificultades en un legado de inclusión y afecto. Angélica, quien recientemente alcanzó su jubilación, dejó una huella imborrable en el Programa de Turismo Sostenible, lugar que no solo vio transformarse a nivel académico, sino al que convirtió en un segundo hogar para docentes y estudiantes.

Un comienzo de transformaciones y crecimiento mutuo

La historia de Angélica en la institución comenzó en el año 2010, cuando ingresó a trabajar en la antigua Unidad de Cuentas. Allí se encargaba del trabajo de archivo. Tiempo después, tras postularse y ganar una convocatoria para trabajar en UniVirtual, se enfrentó a un obstáculo imprevisto: sus problemas de movilidad y la falta de un ascensor en dicho lugar le impidieron asumir el cargo por recomendación de la médica laboral.

Fue en ese momento de incertidumbre cuando el director del Programa de Turismo Sostenible vio el potencial de su perfil y le ofreció una vacante de medio tiempo. Aunque requirió pensarlo, Angélica aceptó, encontrando una oportunidad perfecta para equilibrar su salud y el cuidado de sus dos hijos, quienes en ese entonces tenían diez y tres años.

A partir de allí, la vida de Angélica y el programa se entrelazaron en un crecimiento constante:

  • Cuando ella llegó, el programa era apenas un técnico de cuatro semestres.
  • Con los años, el programa ascendió a tecnólogo y finalmente se consolidó como una carrera profesional.
  • La infraestructura física también evolucionó, pasando de un cubículo sumamente reducido donde se concentraba todo el programa, a una oficina amplia y óptima para el desarrollo de sus funciones.

Inclusión, retos y el valor de la empatía

El paso de Angélica por la Facultad de Ciencias Ambientales estuvo marcado por una profunda gratitud hacia la política inclusiva de la dependencia. Ante la progresión de sus dificultades para subir escalas, las directivas reubicaron su oficina al primer piso antes de que la edificación contara con un elevador. Posteriormente, cuando se construyó el ascensor, la institución le manifestó expresamente que ella y los estudiantes con discapacidades motrices habían sido la prioridad para dicha obra. Asimismo, durante sus periodos de incapacidad médica, Angélica siempre se sintió respaldada, respetada y acompañada por sus compañeros y jefes.

A nivel laboral, el incremento de semestres, docentes y estudiantes multiplicó y triplicó las tareas administrativas, especialmente al articular la modalidad subsidiada con los proyectos de operación comercial. A pesar de los momentos de alta presión y de lo complejo que resultaba para los docentes auxiliarla directamente en los procesos operativos, el programa le brindó el apoyo vital de estudiantes monitores, permitiéndole sacar adelante su labor de manera exitosa.

Más allá de los papeles: Una familia institucional

Para Angélica, la universidad no fue solo un empleo; fue el motor financiero que le permitió sacar adelante a sus hijos de forma independiente con el apoyo de sus padres, y el espacio donde rehízo su vida familiar al conocer a su actual esposo. Su calidad humana transformó la atmósfera del programa: ella era la encargada de celebrar los cumpleaños de los profesores, logrando que el equipo se cohesionara como una verdadera familia. Las amistades con docentes y alumnos trascendieron las aulas y continúan vigentes en la actualidad.

El esposo de Angélica, quien actualmente labora en el CRIE, la describe como una mujer sumamente aguerrida y con una enorme capacidad de resiliencia. A pesar de los dolores físicos y las dificultades, destaca en ella una actitud siempre positiva y una facilidad innata para entablar lazos profundos con los demás.

Su legado administrativo también se extiende hacia el futuro. Convencida de la necesidad de mejorar los procesos de inducción, Angélica ha recomendado constantemente fortalecer la capacitación de los nuevos empleados, evitando que se enfrenten a la soledad de indagar los procesos por cuenta propia.

Un nuevo horizonte desde la paciencia

Hoy en día, retirada de los pasillos universitarios, Angélica enfrenta un proceso de salud complejo en el que ha ido perdiendo progresivamente parte de su independencia física. El cambio de ritmo ha sido un desafío para alguien que solía realizar múltiples tareas de manera simultánea en el programa. Sin embargo, gracias al apoyo psicológico brindado por la misma universidad y a su propia fortaleza, ha aprendido a vivir esta nueva etapa con paciencia.

Actualmente, enfoca su energía y creatividad en la preparación de postres para su familia, una actividad recomendada terapéuticamente que le permite endulzar su hogar y continuar demostrando que, a pesar de las limitaciones corporales, su espíritu permanece activo y lleno de amor.