El camino hacia el título profesional nunca es una línea recta, y para la hoy Administradora Ambiental Sofía Salazar Gutiérrez, egresada de la Universidad Tecnológica de Pereira, estos cinco años representaron una transformación que comenzó con el sueño de estudiar la tierra.









“Siento que la UTP siempre va a tener un pedazo de mí. No sé de dónde saqué fuerzas, pero terminé mi trabajo de grado; lo hice por mi abuelito, para lograr graduarme hoy”.
Sofía, oriunda de Pereira a sus 22 años, recuerda cómo ingresó a la carrera motivada por un pensum que le prometía ese acercamiento a la tierra que tanto anhelaba. Su paso por la universidad estuvo marcado por grandes retos, entre ellos iniciar su formación durante la pandemia.
Al regresar a la presencialidad, encontró en las salidas de campo y en su rol como monitora administrativa en esta área —durante dos años— un espacio para su crecimiento personal y académico.
“Aproveché el campus al máximo: hice electivas, deporte y aprendí que los profesores, como Alexander Galindo —quien fue tutor en mi tesis sobre gestión ambiental en la empresa Florious—,están ahí para impulsarnos”, relata con orgullo.
En su memoria quedan grabadas experiencias en el Embalse del Muña y el Parque Soratama, donde la teoría sobre gestión del riesgo e impacto ambiental trascendió las aulas para convertirse en recuerdos de vida.
Sin embargo, este logro también está marcado por una profunda ausencia. Su abuelito, Aldemar Gutiérrez, figura paterna en su vida, falleció tras un trágico accidente pocas semanas antes de que ella culminara su proceso académico.
“En febrero yo apenas iba por la mitad del trabajo de grado. Cuando él falleció el día 12, no tenía mente para nada. Pero saqué fuerzas de donde no las tenía”.
Hoy, al mirar atrás, se lleva un diploma y también la lealtad de su “grupito de estudio” y el cariño de personas que hicieron parte de su proceso, como Mile, el profesor Ignacio y Bibi, a quienes recuerda como su “otra familia”.
Sofía se despide de las aulas con la certeza de que la universidad la transformó. Aunque el inicio de la vida laboral trae consigo la incertidumbre propia de todo recién egresado, parte con la satisfacción del deber cumplido y la convicción de que, de alguna manera, su abuelito celebra con ella este logro.
Hoy desde la Universidad Tecnológica de Pereira solo queda decir ¡Muchas felicitaciones y lindo camino!








