Para Anderson Díaz Menjura, graduarse como magíster en Instrumentación Física de la Facultad de Ciencias Básicas de la Universidad Tecnológica de Pereira, representa el resultado de varios años de aprendizaje, emprendimiento, investigación y experiencias que lo llevaron desde el sector de la salud en el Eje Cafetero hasta los laboratorios de la Universidad Politécnica de Madrid, en España.
A sus 34 años, este Ingeniero Biomédico, graduado de la Universidad Autónoma de Manizales en 2015, recuerda que su llegada a la UTP estuvo inspirada, en buena medida, por dos docentes que admiraba durante su formación profesional. “Dos de mis docentes favoritos, habían estudiado también en la UTP, entonces, al momento de buscar algo que tuviera componentes que me llamaran la atención, encontré este programa”, recuerda.
Su vínculo con la Universidad también comenzó antes de ser estudiante. Debido a su trabajo en el sector de la salud viajaba con frecuencia a Pereira y, en uno de esos recorridos, conoció el campus.“ Quedé totalmente enamorado del campus, por la energía, por la naturaleza que se siente allá. Es espectacular”, cuenta.
Aunque era residente de Manizales, decidió trasladarse a Pereira durante los dos años de la maestría. Allí encontró la posibilidad de integrar sus intereses por la física, la ingeniería biomédica, la multimedia y la tecnología. Desde joven, Anderson ha tenido una inclinación hacia el liderazgo y el emprendimiento. En 2017 fundó una empresa dedicada a prestar servicios relacionados con el estándar de habilitación de servicios de salud, especialmente en el componente de dotación.
Durante seis años trabajó con equipos biomédicos e industriales, realizando mantenimiento, calibración, verificación y calificación, además de acompañar procesos relacionados con la seguridad del paciente. “Nos fue muy bien. Pude recorrer muchas carreteras en el Eje Cafetero”, recuerda.
Esta experiencia le permitió conocer de cerca las necesidades del sector y comprender los retos que enfrentan los profesionales al llevar sus conocimientos al ámbito laboral. Después de varios años de trabajo y viajes, decidió hacer una pausa y regresar al camino académico. Posteriormente continuó vinculado al sector comercial y tecnológico, hasta desarrollar soluciones para empresas en Colombia y otros países.
Su experiencia profesional terminó convirtiéndose en el punto de partida para su proyecto de grado. A través de los espacios de emprendimiento e innovación de la UTP como el ecosistema de Barranqueros, Anderson comenzó a desarrollar una propuesta que buscaba unir tecnología y salud. “Yo no quería hacer una tesis para que se quedara simplemente en la biblioteca, sino que sirviera como componente también empresarial, viéndolo como un modelo de negocio que posiblemente sea escalable”, explica.
La idea surgió de una necesidad que había identificado durante sus años de trabajo: fortalecer la capacitación de las personas para utilizar un desfibrilador externo automático, equipos que pueden encontrarse en espacios cardio protegidos y que requieren conocimientos previos para su utilización.
A partir de allí desarrolló una plataforma de aprendizaje virtual con realidad virtual, que permite a los usuarios desenvolverse en un ambiente clínico controlado y aprender mediante simulación cómo actuar frente a una situación que requiere el uso de un desfibrilador.
Posteriormente, gracias al proyecto, pudo realizar una movilidad académica en la Universidad Politécnica de Madrid, donde continuó trabajando en el prototipo y desarrolló nuevas pruebas. En total, más de 170 personas participaron en las pruebas realizadas en Manizales, Pereira y Madrid, permitiendo evaluar la propuesta y realizar los ajustes necesarios.




Al mirar hacia atrás, Anderson considera que la UTP le deja un importante crecimiento profesional, pero también una experiencia humana que trasciende las aulas. “Yo creo que algo muy bonito que tiene la universidad es que lo acoge a uno como persona. Más allá del cargo que uno tenga o la carrera que estudie”, afirma.
Ahora, al recibir su título, espera que esa experiencia también pueda servir para acompañar a nuevas generaciones. Su madre es profesora y, durante su trayectoria empresarial, tuvo la oportunidad de recibir estudiantes en práctica, una experiencia que fortaleció su interés por compartir conocimientos. “Me imagino que de aquí en adelante yo pueda aportar a la nueva generación con algunas experiencias o con algunos conocimientos y que obviamente ellos también me puedan aportar a mí”, expresa.
Para Anderson, el desarrollo tecnológico debe ir acompañado del componente humano. Considera que, frente a los retos actuales del país, los profesionales tienen la responsabilidad de aportar desde la innovación, el emprendimiento y el conocimiento, sin perder de vista a las personas. “Yo creo que lo humano va a ser lo más importante que un profesional pueda tener, más allá de decirle a la máquina qué es lo que tiene que hacer”, sostiene.
Además de la ingeniería y la tecnología, Anderson tiene otra pasión: la música. Desde 2004 está vinculado a la producción audiovisual y, de manera autodidacta, ha aprendido a interpretar instrumentos como la batería y la guitarra, además del banjo.
Esta faceta creativa también terminó conectándose con su formación profesional y con el proyecto que hoy presenta como resultado de su maestría. “La instrumentación médica y la instrumentación musical se reflejan en el resultado final, que fue desarrollar este componente de simulación clínica”, explica.
Así, Anderson Díaz Menjura llega a su grado con una historia construida entre la ingeniería biomédica, el emprendimiento, la investigación, la tecnología, la música y el deseo de aportar a otros.
Su paso por la Universidad Tecnológica de Pereira le permitió convertir una necesidad identificada durante su experiencia profesional en una propuesta de innovación, llevarla hasta otro país y regresar con nuevos conocimientos y oportunidades para continuar desarrollándola.
Ahora, frente a lo que viene, tiene claro que el aprendizaje continúa y que uno de sus mayores propósitos será compartir lo aprendido y dejar una huella en las nuevas generaciones.








