Es un líder innato y su energía se lo permite. Recorrió los espacios de la Universidad siendo adolescente. Se formó como Ingeniero Eléctrico porque era lo más cercano a la electrónica. De niño vendió obleas y barquillos para ayudar en su casa. Llegó a la UTP como docente en su segundo intento, en el primero le dijeron que no cumplía requisitos.

Desde muy joven, José Andrés Cháves visitó la Universidad Tecnológica de Pereira soñando que más tarde estaría como estudiante, lo que no se imaginaba era que fuese a ser docente, para habitarla por siempre. 

Llegaba desde el Instituto Técnico Superior —donde estudiaba bachillerato en electricidad-electrónica— a comerse algo en el galpón, a dar vueltas por las canchas y porque no aventurarse a espacios donde la ciencia parecía hablar un idioma propio. A mediados de los años ochenta, cuando Pereira todavía tenía un aire apacible de ciudad pequeña, él ya intuía que ese campus no le era ajeno: lo recorría con solvencia, como si fuese un lugar familiar, sin preguntar demasiado, sin sentir extrañeza.

En esas visitas aprovechaba cuando en la Universidad se hacían ferias,  se mostraban proyectos y se realizaban eventos académicos, esos espacios le mostraban un mundo apasionante y posible. La tecnología, los inventos, los experimentos de los estudiantes universitarios lo maravillaban. “Siempre para mí la UTP fue un referente”, dice hoy, con la satisfacción de haber logrado superar barreras para ser protagonista de un mundo académico que hoy lo llena de orgullo.  

Provocación a la superación

En su casa, la vida no era sencilla. Vivía con su mamá y su hermano menor, y desde niño entendió que tenía que aportar. A los nueve o diez años ya vendía dulces, obleas y barquillos en el barrio Olímpico y en el colegio. Ayudaba a las vecinas a instalar un bombillo, a reparar un tomacorriente, a construir los proyectos de las ferias de ciencia. A los hijos de las mismas vecinas les enseñaba matemáticas para salvar el año. En ese oficio temprano de explicar y acompañar, sin sospecharlo, se estaba sembrando una vocación.

Cuando presentó el ICFES, ya tenía claro que quería estudiar Ingeniería Eléctrica. Le preocupaba el dinero, pero no la decisión. “Yo ya tenía todo eso planillado”, recuerda. El sueño estaba trazado: estudiar en la UTP, entrar a un mundo que sintió suyo desde niño, encontrar ahí la posibilidad de ascender.

El ingreso a la UTP lo indujo al cambio

El día que pisó la UTP como estudiante sabía que debía transformarse. Venía de un colegio masculino, tímido, retraído, con dificultades para relacionarse. Se prometió que la universidad lo encontraría distinto: comenzó a trotar, a entrenar, a fortalecerse física y emocionalmente.

Su primer curso en la universidad —una nivelación en matemáticas de dos semanas— lo dejó entre los 50 mejores primíparos. Al mismo tiempo, el deporte volvió a abrirle puertas: jugó el torneo de primíparos, lo convocaron a la selección de fútbol, entró al equipo de Eléctrica. Ese deporte que tanto amaba le ensanchó el círculo social y le dio confianza para liderar.

Organizó equipos, torneos, procesos estudiantiles. Lideró actividades en la Facultad de Ingeniería Eléctrica, fue representante estudiantil ante eventos, monitor en el Electrilibro, secretario estudiantil de la IEE. Con el apoyo del Bienestar Universitario de entonces —especialmente de Luzvian Saray— participó en talleres vivenciales con la Fundación Surgir y el encuentro, dice, le cambió la vida. Allí nació el grupo estudiantil Opción UTP, dedicado a la prevención del consumo de drogas y alcohol. “Ese fue un punto de quiebre”, asegura.

Se preparó para hablar con sentido y convicción.

Entre esas dinámicas llegó otra formación decisiva: la oratoria. La Fundación Fundeu ofreció un curso gratuito y él no dudó. Aprendió a decir en voz alta lo que llevaba dentro, a expresar con claridad y sentido. Ese aprendizaje sería uno de los pilares de su vida docente.

La vocación docente y la puerta que pareció cerrada

Cuando decidió que quería enseñar en la UTP, buscó al entonces jefe de personal, que al mismo tiempo era docente, el ingeniero Jorge Eduardo Calle. La respuesta fue elegante y sincera: no cumplía el perfil, no tenía experiencia docente universitaria ni posgrado. Quedó descartado.

Pero no se rindió. Dio clases en institutos técnicos, en preuniversitarios, en cursos pre-ICFES. Su facilitador de oratoria, el doctor René Fernando Chisco, lo animó a llevar su hoja de vida a la UNAD. Allí encontró una oportunidad inesperada: valoraron su formación en ingeniería, su experiencia docente, su liderazgo y sus habilidades humanas. Luis Eduardo Peláez confió en él y lo contrató. Ese gesto —reconoce— le abrió la puerta al mundo universitario.

Estudió una especialización en pedagogía y, cuando regresó a la UTP, ya tenía la experiencia y el posgrado que antes le faltaban. En agosto de 2003 le asignaron sus primeras dos horas como catedrático del laboratorio de Física I. Desde entonces no volvió a salir.

“Yo me empeliculé”, dice riéndose. Y es verdad. Participaba en todo, asistía a cada reunión, llevaba la camiseta puesta con orgullo: “Soy profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira” decía en cada espacio.

José Andrés se ha preparado para asumir su rol docente por eso además de su especialización en pedagogía, se formó como magíster en Instrumentación física y doctor en Ingeniería, andamiaje formativo que además le ha servido para para dirigir dos postgrados: La Especialización en Enseñanza de la Física y la Maestría en Enseñanza de la Física, 

Es aporte a la investigación y del liderazgo

En 2007 creó el Grupo de Investigación en Robótica Aplicada junto con el profesor Jimmy Cortés. Sin saber demasiado de trámites, se lanzaron a cumplir requisitos y a publicar. Hoy, 18 años después, siguen siendo coequiperos.

Su vida también pasó por la Asociación de Egresados. Fue presidente durante cuatro periodos consecutivos entre 2008 y 2016, liderando proyectos que beneficiaron no solo a los egresados, sino a la comunidad universitaria en general.

José Andrés el profesor

Cuando José Andrés habla de docencia, lo hace desde el corazón: “Yo no quiero que mis estudiantes sufran. Quiero que aprendan, entiendan, disfruten. Que sepan para qué están estudiando”.

Ha orientado todas las asignaturas de física —teóricas y prácticas—, varias electrónicas análogas en Ingeniería Electrónica, y cursos pedagógicos y disciplinares en la especialización y la maestría en Enseñanza de la Física. También trabaja en seminarios y acompañamientos de investigación en la maestría en Instrumentación Física. Para él, la pregunta esencial que un estudiante debe responder es siempre la misma: ¿para qué sirve lo que estoy aprendiendo?

Como investigador y académico, logró algo mayor: descubrió que podía inventar, crear, transformar una idea en un objeto. El doctorado le abrió un panorama mundial al que jamás pensó llegar.

Uno de sus mayores orgullos es haber internacionalizado la maestría en enseñanza de la Física, no fue fácil, pero se ganó la confianza de la academia panameña y allá construyó un relacionamiento enorme para ofertar el programa, ya van varias cohortes y al parecer se avecinan más.

Los valores que lo sostienen

Cuando se le pregunta por los valores que guían su vida, responde sin dudar:
Dios, respeto, solidaridad, liderazgo y responsabilidad.
Entender que las acciones de uno son, también, la referencia de otros.

La UTP: su lugar en el mundo

Hablar de la Universidad Tecnológica de Pereira es hablar de su vida entera.
“La Universidad lo es todo. Mi soporte. Aquí tengo a mis amigos. Aquí crecí. La universidad me conectó con el mundo”, dice.

Lo que la UTP le ha dado —afirma— es incalculable: la oportunidad de aprender, de enseñar, de investigar, de jugar fútbol, de crecer. De sentirse valorado. De representar a sus colegas ante las directivas. De construir comunidad.

“Yo en la universidad me he sentido amado”, dice con una honestidad que desarma. Y quizás ahí, en esa frase sencilla y luminosa, se resume la vida de José Andrés Cháves: la historia de un joven del barrio Olímpico y del parque Industrial que encontró en la UTP un hogar, un destino y un modo de ser útil a los demás.