Artículo del Senador Jorge Enrique Robledo.



ANTE LA DISMINUCIÓN DEL PAN, AUMENTO DEL CIRCO
Jorge Enrique Robledo Castillo



Al pueblo de la Roma imperial –además del clientelismo, que se utilizó tanto que de allí viene el calificativo– lo engatusaron mediante frecuentes espectáculos de gladiadores y fieras, más unas pocas hogazas de pan. Por ello se dice que los césares malgobernaron a punta de pan y circo.

Guardadas las diferencias impuestas por el paso de veinte siglos, en países como Colombia las cosas poco han cambiado, salvo en lo que tiene que ver con la forma que ahora asume el circo y en que su evidente aumento se relaciona con la también notoria disminución del pan. No hay colombiano informado al que no le haya llamado la atención la demagogia del Presidente-candidato ante el Congreso el 20 de julio pasado. Tal calibre alcanzó la retórica sobre las hazañas “sociales” de su administración, que poco faltó para que entre las personas exhibidas apareciera la propia Alicia, la del país de las maravillas. A tanto llegó el cobro por cada pan repartido en su gobierno, que fue capaz de exigir recibo por una reforma agraria que ha beneficiado a 611 familias.

Claro que del inventor de los “consejos comunitarios” nada debe sorprender. Si no funcionan como circo, ¿para qué sirven esos maratónicos sainetes en los que el Presidente actúa como el Mesías? ¿Hay alguien ilustrado que pueda afirmar que así se gobierna mejor? Si no se transmitieran por la televisión, ¿también los efectuaría?

El aumento del circo tiene que ver, por supuesto, con que la primera preocupación de Uribe Vélez es reelegirse, no obstante la creciente oposición a la idea y a la manera de buscarla. También cuentan las bajas sufridas entre sus íntimos por los negocios del asesor-consultor, Commsa, las toallas del ministerio de Defensa y el avión presidencial de cuarenta millones de dólares. Pero lo que sin duda decide el nuevo énfasis son las cada vez mayores contradicciones entre los pajaritos que pinta y la desastrosa realidad social de Colombia, así como con su decisión de seguir disminuyendo el pan.

Dos recientes estudios, uno de la ONU y otro de la Contraloría General de la República, avergüenzan a los colombianos ante el mundo. En los últimos años, el desempleo se elevó al 17 por ciento, y eso que el indicador no es peor por los millones que migraron en busca de trabajo. La pobreza pasó del 51,5 al 64,8 por ciento y la indigencia del 20,4 al 34 por ciento. A pesar de que el gasto en salud con respecto al PIB se duplicó, la mitad de los habitantes carece de cualquier derecho al respecto, disminuyó el número de médicos por persona y cayó en tasas importantes la vacunación en tuberculosis y sarampión. Se redujeron el número de estudiantes y la inversión en investigación científica. Apenas nueve de 131 países padecen por una desigualdad social mayor que la de Colombia, donde el diez por ciento de los habitantes, los más pobres, consume el 0,8 por ciento del total nacional, en tanto el diez por ciento más rico disfruta del 46,5 por ciento.

Y mucho se equivocan quienes repiten la astucia expresada por el Presidente Uribe de que esta debacle social le es ajena en absoluto. Porque el éxito de su carrera política se explica por su respaldo a cada una de las orientaciones neoliberales de sus antecesores que produjeron la debacle y porque, peor aún, lleva dos años en más de lo mismo.

Para la muestra dos de sus más recientes propuestas, que también reducen el pan y se manipulan con circo. Sólo los incautos se comen el cuento de que la reforma a las pensiones tiene como propósito principal golpear las “altas”, cuando su filo se dirige contra las medianas y las bajas. Si hay algo regresivo por excelencia es imponerle IVA a casi todo, impuesto inicuo que no deja de serlo porque digan que la exacción se la van a descontar a unos cuantos.