Intervención del Rector de la Universidad Tecnológica de Pereira, Ing. Luis Enrique Arango Jiménez en la instalación del I Congreso Internacional de Educación RudeColombia 10 Años que se realizó en Paipa-Boyacá desde el 17 hasta el 20 de octubre de 2006.



El Doctorado en Ciencias de la Educación de RUDECOLOMBIA. 10 Años


No hay en el planeta tierra, voz alguna que discrepe con relación a la necesidad de formar recurso humano de alto nivel como condición de desarrollo; independientemente de las discusiones sobre lo que sea o no sea desarrollo, en este punto no hay disensiones; las sociedades requieren del talento humano formado con los más altos estándares académicos. Y esa formación de alto nivel, se llama doctorado.

Los beneficios de los programas de formación doctoral exceden el mero concepto de formación de recurso humano. La formación doctoral incide de manera importante y desencadenante en toda la Institucionalidad Educativa, al punto que el número de doctores en una institución, es quizás el primer factor revelador de la calidad que puede haber en ella. Pero también, la formación doctoral incide en la construcción de las capacidades científicas y tecnológicas de un país y de ellas depende en gran medida que haya una efectiva relación entre ciencia y sociedad.

La Investigación está preponderantemente asociada a la formación doctoral y es a partir de ella como un país puede utilizar el conocimiento y la innovación para generar riqueza y bienestar social.

Colombia llegó relativamente tarde a la formación doctoral, sólo hasta 1986, es decir, 20 años atrás, la Universidad Nacional inicia algunos programas de doctorado y en el 90, el ICFES autorizó a las Universidades del Valle, Antioquia, Santander y los Andes para adelantar algunos más.

En el año 96, un grupo de universidades públicas regionales, de tamaño mediano, atendiendo a una iniciativa surgida en España durante un encuentro donde participó Colciencias y con el apoyo de algunas Universidades Españolas, crearon a Rudecolombia, una red concebida para ofrecer un doctorado en Ciencias de la Educación de manera cooperada, sumando todos los recursos de las universidades participantes y con la intervención de académicos internacionales.

La red, se concibió como una forma de potenciar las capacidades individuales de las instituciones, que de manera individual no estaban en condiciones de hacer una oferta doctoral como las universidades de mayor desarrollo.

Diez años después, el modelo ha resultado ser exitoso y ha sorteado todas las dificultades propias de cualquier innovación. Sobre todo, aquellas asociadas al funcionamiento de redes universitarias cuyos modus operandi no están todavía inventados y donde hay que vencer los naturales individualismos de la tradición universitaria.

Mediante una adecuada visión de equilibrio donde las universidades participantes actúan en condiciones de igualdad de acuerdo a su particular desarrollo, Rudecolombia se ha ido convirtiendo en una experiencia de red de mucho futuro en la Educación Superior que puede ser replicada en otras áreas del conocimiento.

Sin crear burocracias innecesarias, Rudecolombia ha adoptado una estructura de funcionamiento ágil que usa la autonomía universitaria para delegar el soporte administrativo y financiero a manera de fiducia a través de un tercero; primero, con FUNDUPETEC, una fundación anexa a la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y últimamente con ALMA MATER, la Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero, otro ejercicio de red que utilizando la legislación colombiana, trabaja por la integración académica y el desarrollo regional.

Hay un comité curricular que es la autoridad académica con representación de los directores de los comités académicos que existen en cada una de las Universidades de la red. Hay una Directora Académica General del Doctorado, que en este caso es la Dra. Diana Soto Arango y un Consejo de Rectores conformado por todos los rectores de las Universidades de la Red, que se expresa en lo cotidiano a través de una Presidencia que busca ser rotativa y que en esta oportunidad me corresponde ejercer.

Nuestros académicos circulan por las sedes del doctorado y se programan seminarios convenientemente por regiones. El diseño curricular contiene núcleos básicos que son compartidos por las distintas áreas.

Los estudiantes, como parte de su formación, deben adelantar una pasantía de investigación en el exterior y a los seminarios concurren prestigiosos académicos del país y del exterior.

El país ha venido evolucionando positivamente en materia de formación doctoral, según el SNIES, el sistema Nacional de Información de Educación Superior, en los últimos tres años, la matrícula ha ascendido de 583 estudiantes en el I semestre del 2003 a 1.092 en el segundo semestre de 2005, arrojando un crecimiento del 87%. Distribuidos en 14 Universidades.

No es mi propósito examinar a fondo el tema de los doctorados en Colombia, estas aproximaciones son solo a título de marco general y para referirlas exclusivamente al tema de las Ciencias de la Educación, que es el escenario de central para nuestra red.

Veamos algunas cifras al respecto, aunque hay confusiones para clasificación de los Doctorados, y algunos del área social se confunden con Doctorados en Educación; el Doctorado de Rudecolombia en Ciencias de la Educación fue el más importante en cuanto al número de estudiantes para el II semestre del año 2005, con 72 estudiantes matriculados, distribuidos en siete promociones, en 5 Universidades de la red. Así mismo, para esa fecha Rudecolombia ya había graduado 16 doctores.

Pero hoy, somos aún más importantes, hemos abierto cinco nuevas promociones para completar 12, y consolidado una matrícula en el curso de este año superior a 120 estudiantes activos; lo que de acuerdo a la meta del Gobierno para el segundo semestre del año 2006, que proyecta 1.150 estudiantes de doctorado, significa que cubrimos más del 10% de la formación doctoral del país y en el campo de las Ciencias de la Educación tenemos el liderazgo indiscutible. Para el año 2010 nuestro Doctorado proyecta una matrícula de 340 estudiantes con cohortes en todas las universidades de la red.

Actualmente tenemos estudiantes de doctorado en siete Universidades, trabajando tres grandes áreas: Historia de la Educación Latinoamericana, Currículo, y Pensamiento Educativo y Comunicación. Ellas son: Universidad de Caldas, Universidad del Cauca, Universidad de Cartagena, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Universidad Tecnológica de Pereira y Universidad del Tolima. Así mismo, participan de la red, la Universidad del Atlántico y la Universidad del Magdalena.

Tenemos 55 Doctores y 24 candidatos a Doctor trabajando con el Doctorado y 62 grupos de Investigación reconocidos por Colciencias; 23 en categoría A, 21 en categoría B, 12 en Categoría C y 6 reconocidos

Más de treinta Doctores internacionales cooperan con el Doctorado a través de 23 Convenios.

Nuestro Doctorado es conciente de su responsabilidad en cuanto a mantener estándares de calidad y por ello, aún antes de que el país tenga normatividad para la acreditación de calidad de los doctorados, y aunque suene redundante para otros que consideren el doctorado como el sumun de la excelencia, ya ha iniciado los pasos de auto evaluación conducentes a una futura acreditación.

La lógica del mejoramiento continuo, la nueva ley del desarrollo, ya ha puesto su bandera en el doctorado, de manera débil y prematura quizás, pero pisando fuerte como debe ser.

Vale la pena advertir que gran parte de nuestros estudiantes proviene de las plantillas docentes de las instituciones de educación superior colombianas, lo que explica nuestro crecimiento por un lado, pues un buen número de nuestros egresados realimentan el mismo doctorado, pero por el otro, estamos ciertos de estar impactando la educación, propósito fundamental del doctorado.

Regresemos un poco al pasado, en 1993, tres años antes del surgimiento de Rudecolombia, se conformó en Colombia la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, un grupo de eminentes colombianos para presentar un conjunto de recomendaciones que le permitieran al país cerrar la brecha en Materia de Ciencia, Educación y Desarrollo. El informe final se llamó: “Colombia: Al Filo de la Oportunidad”, en él, la Misión recomendó elevar la inversión en CyT al 1% del PIB y la formación de 800 doctores cada año durante diez años, es decir, 8.000 Doctores, para disminuir el rezago nacional en materia de investigadores calificados.

Hoy, 13 años después y vencido el término, ninguna de las metas se ha cumplido, sin embargo, el país ha empezado a asumir con seriedad ambos temas como se desprende de la evolución que han venido teniendo los registros de programas de doctorado nacionales, la matrícula de estudiantes de doctorado en el país por año, los grupos de investigación inscritos y reconocidos por Colciencias y el número de publicaciones en revistas indexadas.

La meta trazada por la llamada comisión de los sabios, debió cumplirse esencialmente formando los Doctores en el extranjero, la capacidad de los doctorados nacionales era apenas incipiente. Incluso la meta, aunque modesta, si miramos las cifras de otros países, pudo haber sido sobreestimada de acuerdo a las realidades nacionales.

Para dar un ejemplo, los documentos preliminares de la visión 2019, hablan de formar para esa fecha 8.000 doctores, es decir, para 14 años, una cifra similar a la propuesta por los sabios.

Para avanzar en la formación doctoral, el frente de los doctorados nacionales debe fortalecerse, y es aquí donde los modelos tipo Rudecolombia pueden ser una alternativa eficaz para usar las capacidades del país, generando sinergias y aprovechando la cooperación internacional.

Al ritmo actual no es posible escalar las cifras de formación de doctores nacionales que requiere el país; incluso a nivel de maestrías las Universidades estamos sufriendo desabastecimiento en las convocatorias para concursos docentes; desde cuando algunas de ellas incluyeron como requisito para participar en el concurso el título previo de Maestría, gran parte de las plazas se quedan vacantes o hay que forzarlas con perfiles que probablemente no sean los más apropiados Esto significa que aunque queramos mejorar el recurso humano docente, el paso es muy lento.

Hay que formar el recurso humano docente también por fuera de las plantas; es decir, hay que facilitar que los profesores contratistas e incluso los catedráticos puedan acceder a formación de alto nivel a través de apoyo económico y comisiones de estudio, hoy reservados por lo general a quienes están dentro de las plantas. De de la misma manera, hay que promover a los mejores estudiantes para que lleguen a las ofertas de postgrado y se formen como futuros docentes. Ello implica mayor claridad en la legislación y respaldo del Estado y de las Universidades hacia n este propósito.

Pero sobre todo implica acudir a formas innovadoras de redes para crear ofertas académicas como el caso de Rudecolombia o como el caso del SUE Caribe, una red de Universidades públicas en la Costa Atlántica, que inspirado en el ejemplo de Rudecolombia abrió dos maestrías en Educación y una en Ciencias Ambientales, o como la del eje cafetero con la Maestría de Biología Vegetal ofrecida por las tres Universidades públicas de esta región de manera secuencial y cooperada.

El país no está preparado aún para las redes; Colciencias no ha apropiado suficientemente la potencialidad de estas construcciones académicas; baste decir, que en la última convocatoria de apoyo a los doctorados, tuvimos que presentarnos de manera independiente cada universidad para que no miraran a Rudecolombia como una universidad más.

Creo que ya estamos maduros para convocar a la formación de redes para ofertas doctorales con recursos de cofinanciación. Existe un programa para apoyar maestrías que quieran convertirse en doctorados, pero con todo respeto, pienso que podríamos ir más rápido si trabajamos el concepto de redes.

A pesar del gran desarrollo de Rudecolombia, sabemos que en materia de conocimiento apenas estamos bordeando la inmensa temática que enfrenta la educación en el mundo de hoy; las tres áreas focalizadas, aunque pueden abrirse ilimitadamente en el objeto de estudio, su estado del arte apenas rasguña tímidamente el inmenso océano de temas por abordar y esclarecer.

En este panorama, que luce desalentador, sin embargo hay un gran espacio para los pensadores de la educación; se requiere un examen descarnado de lo que viene ocurriendo y sobretodo una actitud de búsqueda de nuevos paradigmas que nos ayuden a encontrar nuevas vías, que alejándose de la utopía militante, abra vías a nuevos esquemas de financiación, pero sobretodo a hacer más productivo el proceso educativo.

Hay que producir ciencia en la pedagogía; hay que trascender los métodos tradicionales, apoyándose en los nuevos recursos que brinda la tecnología, para encontrar metodologías que subviertan el orden mental e inviten a la creatividad y a la innovación.

La investigación en educación debe abrirle paso a aquella que se focaliza en el cómo educar y sobretodo en cómo potenciar las capacidades humanas.

¿Cómo queremos educar, con qué objetivos, con qué instrumentos, con qué competencias, con qué tipo de profesores, con qué método? Son todas preguntas que abordan temas poco examinados en nuestro universo universitario, pero que acusan la mayor pertinencia y oportunidad.

Con la anterior trascripción quise enmarcar la situación de la educación superior para nuestros países para concluir que estamos forzados a producir transformaciones y auto transformaciones en los procesos de enseñanza aprendizaje como única vía para superar las condiciones desiguales que nos presenta la realidad.

Tenemos que formar los nuevos maestros, con nuevas pedagogías, que hagan uso intensivo de los nuevos recursos de la comunicación; sin ser peyorativos hay que bajar a lo terrenal, a lo concreto. Hay que producir impactos profundos en todo el sistema educativo.

Los Educadores, los pensadores de la educación tienen una inmensa tarea por delante. Debemos ser en efecto formadores de formadores.

Estimados asistentes a este Congreso, cumbre para Rudecolombia y referente indudable para el país; como Presidente de la Red, y en representación del Consejo de Rectores, expreso mi agradecimiento a todas las personas que han hecho su aporte en la construcción de este experimento académico, único en su género en el país; así mismo, a la Señora Ministra de Educación Nacional, Dra. Cecilia María Vélez por hacernos el honor de instalarlo.

Finalmente un reconocimiento expreso a las organizadoras, en particular a nuestras doctorandas Nora Alfonso y Alba Nidia Triana, con el apoyo de Mery Mozo y todo el equipo de trabajo, y por supuesto a la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia que se jugó a fondo para que este Congreso superara todas las expectativas, como en efecto lo ha sido


Muchas Gracias,


LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ
Rector