Por considerarlo de interés, a propósito de la "Jornada académica presidencial sobre el TLC", solicito publicar en la red el artículo que adjunto, publicado el día de hoy en Portafolio.

Gracias.

Gonzalo Arango J.
Representante profesoral en el Consejo Académico.



TLC con Estados Unidos: misión imposible
Joaquín Montes Rodríguez / Vinculado a la OMC. Fue asesor de negociaciones del Ministerio de Comercio

Según el autor, mientras el costo fiscal para Colombia de la desgravación puede llegar a US$ 1.000 millones, los beneficios que se defienden por el Atpdea no superan US$ 50 millones y no se espera un aumento en las exportaciones.

Un acuerdo inconveniente
Al realizar un somero análisis del acuerdo viene a la mente la pregunta de si hay otros motivos no comerciales para firmarlo, porque ciertamente en términos comerciales no habría motivos para hacerlo.

Podría uno pensar en motivos estratégicos y geopolíticos. Por ejemplo, la coherencia con la estrategia negociadora de Colombia en otros foros, como la OMC, la CAN, el Area de Libre Comercio de las Américas, Alca.

Pero no es así; en muchos temas, la negociación con Estados Unidos rompe con la estrategia negociadora en otros foros; en la OMC, la aceptación de condiciones más duras en propiedad intelectual implica renunciar de manera permanente a flexibilidades que ya se han otorgado de manera definitiva a los países en desarrollo y que seguramente se ampliarán si se da una ronda Doha exitosa.

El aceptar las normas de origen para textil y confección del TLC implica, entre otras cosas, abandonar la principal potencialidad de Colombia en el Alca, vale decir, el uso de insumos brasileros para exportar a Estados Unidos; operación que se realiza actualmente en el caso de la cadena denim-bluyines, vía Plan Vallejo.

Pero definitivamente allí donde la estrategia geopolítica es más encontrada con la realidad colombiana es en torno a la CAN.

Si la firma de este acuerdo preferencial implicare perder los privilegios en la relación comercial con Venezuela, el tamaño del costobeneficio de este acuerdo se vuelve prohibitivo.

Sin duda, la otra opción sería quedarnos quietos sin hacer nada, pues Venezuela es actualmente un socio difícil. Pero éste, que sería el primer acuerdo preferencial que no hacemos al lado de Venezuela (a diferencia de Chile, México, Mercosur, Caricom, y por supuesto, la CAN) es al mismo tiempo un acuerdo de tal tamaño que implicará el rompimiento de muchas relaciones comerciales de larga data. Incluso el sector industrial colombiano apuesta a invertir el flujo en algunos sectores.

Poniéndolo en otros términos: si esta ‘infidelidad’ implicare un divorcio, al igual que cualquier cónyuge analizando dicha opción, es hora de que los colombianos nos pongamos a calcular cuánto nos vale ese divorcio.

Especialmente bajo las perspectivas previsibles, donde Venezuela será al menos por una década un país con mercados amplísimos para las exportaciones colombianas, en tanto que Estados Unidos se verá obligado a recortar, en un plazo más corto que una década, los amplísimos espacios que hasta el momento le ha ofrecido al mundo en sus mercado de importación.

Acuerdo que se auto destruye.

Al parecer estas perspectivas son conocidas por los mercados: desde el día en que se firmó el acuerdo, el peso ha revertido la tendencia a su apreciación y se ha depreciado ‘inexplicablemente’ en 4,5 por ciento en poco menos de un mes, en tanto que el resto de monedas similares siguen su tendencia a la apreciación (con las notables excepciones del Nuevo Sol peruano y del peso mexicano).

Todo indica que agentes privados y extranjeros en los mercados cambiarios tienen información diferente a la conocida por el Gobierno y evalúan que el Tratado de Libre Comercio ColombiaEstados Unidos estimulará sólo a las importaciones y que el único contrapeso al desequilibrio macroeconómico que se engendrará será una devaluación.

Ahora bien, una devaluación implicará exportar más hacia el mundo en general, no hacia Estados Unidos en particular. Y el ‘mundo’ receptivo de las exportaciones colombianas es y será, principalmente, Venezuela y la Comunidad Andina.

No habiendo razones comerciales, estratégicas o geopolíticas que respalden el acuerdo, es irracional pretender ponerlo en vigencia por cuanto hay mejores estrategias para lograr los pocos beneficios que ofrece y por cuanto su sólo costo efectivo será capaz de generar desequilibrios de tamaño macroeconómico.

Pero su relación costo/beneficio no es lo peor: el acuerdo se auto destruye, por cuanto el desequilibrio en balanza que generará se saldará no con mayores exportaciones colombianas hacia Estados Unidos, sino que se deberá saldar con mayores exportaciones colombianas hacia Venezuela.

Y la situación política indica que gracias a un acuerdo que no entregará ventajas exportadoras a Colombia (el TLC), perderemos un acuerdo que está entregando enormes ventajas exportadoras a Colombia (la CAN); ¡ventajas que son necesarias para la viabilidad del acuerdo con Estados Unidos!

Acuerdo desequilibrado

La negociación Colombia - Estados Unidos es extraordinariamente desequilibrada, tanto en términos efectivos e inmediatos, como en términos potenciales.

Mientras que el costo fiscal efectivo para Colombia de la desgravación de las mercancías importadas desde Estados Unidos es de 600 millones de dólares y puede llegar a los mil millones de dólares si se cuenta la nada despreciable desviación de comercio que producirá, los beneficios que se obtienen son nulos y los beneficios que se están ‘defendiendo’ (Atpa/Atpdea) son de apenas 50 millones. No hay porqué esperar que las exportaciones colombianas de mercancías hacia Estados Unidos crezcan como resultado del acuerdo, pues no hay productos beneficiados por él.

Si por el lado de las mercancías el panorama es desequilibrado, por el lado de los servicios es desolador. Si el servicio requiere el desplazamiento del consumidor o del productor, como en los servicios médicos, de salud, educación, profesionales y personales, las condiciones para los agentes establecidos en Colombia son imposibles, por causa de las visas.

Como en este tema no se negoció nada (a diferencia, por ejemplo, del TLC chileno), simplemente no hay manera de exportar.

En cambio, cuando es la empresa la que se desplaza, las condiciones negociadas son muy favorables: este es el terreno de las grandes empresas, como las de telecomunicaciones, banca y finanzas, ingeniería y construcción y junto a ellas las compras públicas. En este terreno las ganancias para estas empresas son inmediatas (por ejemplo, las compras públicas de Ecopetrol).

En el último modo de prestación de servicios (transfronterizo), están el transporte de carga o de pasajeros y algunos tipos de servicios financieros y de telecomunicaciones (giros bancarios, seguros, llamadas). Las condiciones negociadas fueron amplias y aquí la ventaja existente es también a favor de los Estados Unidos.

En conclusión, en el ámbito de servicios las ventajas efectivas para Colombia no existen, sólo hay algunas pocas ventajas potenciales: venta de servicios vía Internet, como los que se comienzan a comercializar recientemente en la India y el Caribe. En Colombia, dicho tipo de servicios habría que desarrollarlos.

Otro tema ad látere es el de las industrias culturales, donde se podría encontrar ventajas para la producción colombiana en Estados Unidos, gracias a la creciente importancia del español en ese país. Sin embargo, allí lo que se negoció fue una rebaja de la cuota de pantalla en Colombia... ¿a cambio de qué? en el otro sentido no se negoció nada.

Vinculado a este sector y al farmacéutico, está el tema de la propiedad intelectual, donde se endurecieron las normas. Colombia, como cualquier país en desarrollo, no tiene allí nada que ganar con el reforzamiento de las normas de propiedad intelectual más allá del marco multilateral al cual nos hemos ya adherido. Ello implicará solamente costos.
Portafolio.


19 de Abril de 2006