Guillermo Aníbal Gärtner Tobón
Profesor Asociado UTP



Lo de Irak no es nuevo como si lo es la dimensión, extensión y profundidad del
escándalo el cual, gracias a la globalizada aldea y su potencia realiter, de tornar inmediata la vivencia del hecho humano. Triste pero también gracias a ello, los vejámenes a los presos iraquíes, que otrora hubieran sido ignorados
como lo fueron las torturas en las caballerías de Usaquén, pueden ser percibidas, sentidas como lo que son: un insulto, un vejamen a la humanidad
entera.

La hipocresía y el cinismo de los Bush, los Blairs, sus clubes y bandas, coaturores, cómplices, auxiliadores, etc., no asombran a nadie. El viejo Nietzsche los había descubierto como otra variedad de monos aulladores,
trepadores y si bien el filósofo no los llamó asesinos, nada impide ahora agregar el adjetivo cuando a la vista de todo el mundo, sin poder hacer lo de los gatos, propician a sus cohortes de guardias pretorianas arrasar indiscriminadamente con los “otros” y pisotear live y on-line la dignidad humana como no se atrevieron en su momento los monos togados que acompañaban a Nerón.

Pero si resulta asombroso que una global y masificada “opinión pública”, zombi, simplemente de la impresión de sentirse algo así como sorprendida y a la expectativa del nuevo flash o relampagazo de “mierdedad o mierdadéz” humana sin
que sus espíritus, almas o conciencias reaccionen para poner fin a la infamia. Asombroso.

No es ni el tiempo ni mi intención sugerir lo que en su momento, pocos días antes de caer emboscado y en combate en Calí, Iván Marino Ospina, propusiera para enfrentar el imperio, pero creo que si es tiempo de que cada quien desde
el fondo de su alma, desde el intimo rincón de conciencia que de humanidad tenga o presuma, empezar la resistencia pasiva pero radical contra el dominio norteamericano y los individuos concretos que lo soportan.

Esto que será entendido por el socio bushiano y coadministrador del patio trasero, Álvaro como subversión contra su TLC, no obstante, creo que vale la pena ponerlo en práctica y es no comprar ni consumir nada que venga del imperio
no visitar o dar la mano a quien de alguna manera, directa o indirecta pero consciente y confesada, apoye los acciones del complejo militar-industrial de los halcones gringos. No se trata de enfrentar al común de los mortales gringos que se oponen a la corrupción y la mentira, el atraso mental y la hipocresía de
los gobernantes que cabalgan y alimentan las bestias apocalípticas de guerras
contra entelequias como “la” droga, “el” terrorismo. No son pocos los habitantes de los Estados Unidos sabedores que el terrorista Bush hace lo del ladrón que grita: atrapen al ladrón! (en este caso de las entelequias: atrapen
el hurto!., mas fácil es arrancarle una pluma al Espíritu santo).

Siento vergüenza y piedra por esta “humanidad” cuya pasividad la torna cómplice, pero encuentro positivo de todo esto como una oportunidad para aunar fuerzas contra la tortura y fortalecer la propuesta del derecho y el DEBER de la objeción de conciencia para los militares.

19 de Mayo de 2004

Guillermo Aníbal Gärtner Tobón
Profesor Asociado UTP Departamento de Humanidades