Intervención del Rector de la Universidad Tecnológica de Pereira, Ing. Luis Enrique Arango Jiménez en el acto de instalación del Foro "La Calidad de la Democracia en América Latina" que inició desde ayer 23 de noviembre de 2005 en Expofuturo.



En buena hora el acuerdo entre las instituciones convocantes nos permite reunirnos aquí para reflexionar sobre el tema de la democracia y su calidad en los países latinoamericanos.

Muy seguramente al concluir mañana esta jornada académica no sólo tendremos más información, sino una mejor comprensión sobre problemas de orden político que trascienden el territorio de la región y las coyunturas electorales.

En la UTP hace poco fuimos anfitriones de un evento que auscultó el proceso de la cultura política democrática en el país. En aquella oportunidad fue clara la necesidad de escalar en el análisis y situar las dificultades y progresos de la democracia colombiana en un contexto que, al menos, le permitiera conocer la dinámica político-institucional entre sus vecinos latinoamericanos. Nos complace que aquel propósito sea hoy una realidad.

Es indudable que el nivel de los ponentes de esta reunión, por su formación y antecedentes, hacen de ella un escenario autorizado para el cumplimiento de los objetivos trazados. Muy seguramente ellos se ocuparán a fondo de los sistemas y las instituciones, de los regímenes políticos, la seguridad y el futuro de la democracia que son, en últimas, los temas centrales que nos convocan.
Como se señala en los materiales preparatorios de este foro, en América Latina, a pesar de los avances democráticos conseguidos en los años recientes, los regímenes políticos y las instituciones se enfrentan a diversas amenazas por parte de fuerzas y factores internos y externos.

De manera particular, en los países de la región se hacen visibles esfuerzos para impedir el regreso a gobiernos militares, o la instalación de Gobiernos autoritarios sosteniendo y progresando en su institucionalidad democrática.

La calidad de la democracia, lema con que se convoca este foro, está además mediada por el modelo de desarrollo; un modelo que produce inequidad social como el vigente, no permite un sano ejercicio democrático. Las sociedades están expuestas a caer en ejercicios totalitarios o populistas. Es menester encontrar nuevos caminos para el desarrollo que cierren la brecha social y eviten que la pobreza se interponga como un obstáculo para arribar a una verdadera democracia con calidad. Avanzamos en la comprensión de que la democracia es un modelo integral que abarca la esfera política, el desarrollo económico y el trámite de las relaciones sociales.

Sigue siendo la democracia el mejor de los sistemas de gobierno y de la organización social; como tal, debemos protegerlo de la valoración subjetiva adversa en cuanto a su capacidad de tramitar los diferentes intereses sociales, evitando ese nihilismo tan en boga frente a los cuerpos legislativos, los partidos políticos, el poder judicial y el ejecutivo.

Es deseable que la ciudadanía aprenda a diferenciar entre el sistema de gobierno y el desempeño de los gobernantes y mejor aún que sea capaz de identificar responsables, premiándolos o castigándolos a la hora de las definiciones electorales.

Para lograr esta meta hay que promover el surgimiento de procesos de participación política que integren la representación tradicional y la intervención directa de los ciudadanos, que trasciendan los episodios electorales y sirvan de punto de apoyo para el ejercicio permanente de derechos y libertades políticas. Los medios de comunicación, como una especie de plaza pública moderna, y la academia, como el espacio del análisis y la razón, deben jugar un papel esencial en la creación de un nuevo ambiente proclive a la profundización de una democracia bien entendida.

Naturalmente que la libertad de prensa y la autonomía universitaria son apenas presupuestos elementales de un régimen democrático.

De las dictaduras que tanto daño le hicieron a varios de nuestros países en el siglo pasado, se ha dado paso a los sistemas de representación y de éstos se avanza en la construcción de ciudadanías integrales con mayor o menor grado de desarrollo en los diversos países. Se percibe un tránsito desde las reivindicaciones sociales a las demandas políticas propiamente dichas, aunque no siempre apelando a métodos democráticos.


De otro lado, no es difícil descubrir, a pesar de las complejidades propias de este proceso, un paso lento pero progresivo hacia la descentralización y a la autonomía de las regiones y localidades. Sin que exista un formato único en la materia, este camino parece no tener retorno, aunque persisten las manifestaciones de una vocación centralista en sectores de la tecnocracia y de gobierno.

En el contexto latinoamericano, Colombia presenta muchas especificidades, tanto en su coyuntura como en su tradición política, que convierten a este país en un caso sui géneris sobre el cual debe recaer una particular atención. La interferencia de poderes armados ilegales en la democracia nos diferencia de los demás; aquí, en razón del conflicto interno, las posibilidades de expresión y libre desarrollo de la sociedad civil y los partidos políticos, pilares del desarrollo de la democracia, tiene muchos condicionantes.

A pesar de la extraordinaria diversidad y complejidad del panorama de la democracia latinoamericana, la intervención ciudadana directa a través de las consultas populares, referendos y plebiscitos gana terreno y cada vez más con mayores impactos.

Varios de los países de la región también han acudido a Asambleas Constituyentes para reformar o dotarse de nuevos marcos jurídico-políticos. En esta materia, es dable observar como tendencia un cambio positivo en las leyes que hacen relación a los partidos, a las instituciones y a los esquemas gobierno-oposición.

Cada vez es más claro que la política trasciende las fronteras nacionales y las opciones al interior de los países se ocupan de procesos que comprometen la perspectiva de la integración regional o subregional y la internacionalización de la economía. Otra vez aquí la academia puede jugar un papel muy importante. La integración latinoamericana desde el ángulo académico, que viene abriéndose paso lentamente, se constituye en un poderoso soporte y apoyo.

Las relaciones entre la dinámica política democrática de los países y la academia son de doble vía. Una institucionalidad democrática, estable y con claras reglas del juego para todos los actores, se constituye en un importante soporte para mejorar las condiciones generales del sistema educativo y de la ciencia y la tecnología. Pero, por otra parte, la sociedad cada día espera de sus académicos e intelectuales explicaciones y alternativas de solución para enfrentar problemas de mayor envergadura. Es indiscutible y vital el papel de liderazgo que la intelectualidad debe cumplir en el desarrollo de la democracia en nuestro subcontinente.

Alma Mater, la Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero, ofrece todo su concurso para el desarrollo de la iniciativa liderada por el PNUD y denominada Diálogo Democrático. Nuestra comunidad académica estará atenta a cumplir sus responsabilidades para bien de un mayor y mejor conocimiento de la democracia y de sus limitaciones y potencialidades en la región. Espero que un amplio grupo de profesores y estudiantes de nuestras universidades se integre a este importante ejercicio.
Es imprescindible trabajar por la formación de una corriente de políticos comprometidos en la tarea de profundizar la democracia.

El Eje Cafetero está en condiciones de asumir grandes retos y desafíos. Uno de ellos debería ser el de convocarnos cada año, sin falta, para pasar revista al estado de nuestra democracia y la democracia de América Latina.

Agradezco al Señor Gobernador del Departamento de Risaralda, Doctor Carlos Alberto Botero López; al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo; al periódico La Tarde; a la Universidad Autónoma, a la Cámara de Comercio; al Instituto Nacional Demócrata, a Fescol, a la revista Semana y a todas las personas que, al lado de Alma Mater, han hecho posible este Foro.

Muchas gracias,


LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ
Presidente de la Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero Alma Mater