Discurso del rector de la Universidad Tecnológica de Pereira, Ing. Luis Enrique Arango Jiménez en el evento Por qué creer en el Eje Cafetero realizado el 19 de noviembre de 2004 en el Auditorio Jorge Roa Martínez de la UTP.



POR QUÉ CREER EN EL EJE CAFETERO

Pereira, 19 de noviembre de 2004

A lo largo de mi vida he aprendido a reconocer dos tipos de personas: Aquellas a quienes nada les sirve, las que siempre están buscando las fallas, lo negativo, lo oculto, etc., y aquellas otras que buscan el sentido positivo de la vida, las que le apuntan a los cambios, al progreso, al desarrollo.

Las primeras andan al acecho de los errores de los demás para magnificarlos, sufren cuando las cosas empiezan a salir bien, se concentran en odio; cuando sus adversarios cosechan prestigio, como reacción sólo atinan a desprestigiar al otro, adjudicándole inconfesables intenciones o descalificándole en el plano personal.

Las segundas son alegres y desprevenidas; gozan el progreso propio y el ajeno. Son propositivas en la acción, le apuestan al futuro. Buscan sobresalir sin destruir. Le dan rienda suelta a la creatividad y no a la reactividad.

Ser de las primeras resulta una cosa fácil; basta matricularse en el pesimismo y hacer causa común en contra de todo. Usualmente, no es necesario pensar por cuenta propia, la capacidad y el derecho a pensar se hipotecan a los demás. Basta con repetir un evangelio prefabricado que poco evoluciona en su forma y contenidos pues se precia de más válido cuanto menos cambie.

Ser de las segundas en cambio requiere esforzarse, imaginar futuros, ir contra la corriente, pensar por cuenta propia, atreverse, correr riesgos.

A los primeros no se les conocen obras, jamás dejan huella; la vida simplemente les transcurre. Cuando el tiempo les alcanza y su ego les permite superar las cegueras mentales, pueden transformarse y ser útiles a la sociedad, cuando no, se van como vinieron, sin pena ni gloria.

A los segundos la vida les sonríe, no porque el confort o el bienestar los persiga, sino porque se sienten útiles haciendo algo, construyendo, haciendo patria y además porque la capacidad humana aplicada con perseverancia y decisión mueve montañas.

A las regiones y a los países les ocurre algo similar a lo que le ocurre a las personas: o empujan el progreso siendo forjadoras de futuro ó se recuestan en el pesimismo perpetuo, avizorando desenlaces apocalípticos para explicar cualquier evento o novedad.

Toda mi vida he oído que la situación está muy mal, que la crisis se ha profundizado, que el estallido social está a la vuelta de la esquina.

Diagnósticos y caracterizaciones sociales han sido el pan de cada día y sin embargo el país ha sobrevivido, aunque no como deseáramos: hemos actuado como autómatas poco sensibles al dolor humano, permitiendo por omisión que los hechos nos atropellen.

Nos hemos acostumbrado a no participar de los procesos de cambio, a dejar que ellos fluyan por sí solos, aunque seamos concientes de que responden a la maraña de intereses que los promueven, sin apelar al más mínimo beneficio de inventario: así crecieron las ciudades, las regiones, las Instituciones y el país.

Nuestros antepasados nos dieron ejemplo de cómo se construyen las ciudades, no tenían tiempo para filosofar, debían hacerlo todo partiendo prácticamente de nada. A ritmo de hachas y perros labriegos como recuerda el poeta, nos legaron lo que hoy pudiéramos haber tenido en mejores condiciones.
Tanto conocimiento que la sociedad contemporánea ha logrado acumular y tan poco que de él se ha aplicado para moldear nuestro propio futuro.

El Eje Cafetero como región no escapa a estas realidades. Pasó por una etapa de desconfianza y rivalidades sistemáticas para darle paso a una actitud de integración y de sinergias que está demarcando una oportunidad de progreso en floración.

Ha llegado la hora de asumir nuestro propio destino aprovechando las enormes potencialidades que tenemos entre manos.

Visiono para esta región grandes posibilidades de progreso en el campo de la educación, del turismo, del comercio y de la tecnología. Estos destinos los debemos encarar en conjunto.

Como Rector de esta Universidad he podido comprobar que las cosas se pueden hacer siempre y cuando creamos en ellas, que los obstáculos por temibles que ellos parezcan siempre serán franqueables.

Se perciben en el ambiente vientos integradores que anuncian hechos notables de región, a ellos les apunta la Universidad. Por ello, estamos tan comprometidos con el proyecto de la Ecorregión del Eje Cafetero que afortunadamente hoy en día se ha vuelto un referente general que cada día adoptan más actores.

Las ciudades y los departamentos prosperan en ejercicios de prospección que no ignoran el concepto de región y los Gobiernos locales y departamentales hacen lo propio. Todos queremos pasar de la retórica paralizante y confrontadora a la acción sinérgica que siembre semillas de progreso.

Las actitudes excluyentes y propiciadoras de autoliderazgos en solitario van quedando atrás.

Este acto de compromiso con el futuro que sirve de oportunidad para henchirnos de optimismo con lo nuestro y nos acerca a la comprensión de un destino común, se convierte en un hecho movilizador hacia la acción conciente.

Que bueno ver en este auditorio personas entusiastas y decididas a trascender de lo trivial para trabajar mancomunadamente por un futuro posible.

No somos una sociedad Terminal, hay generación de relevo.

Bienvenidos a la Universidad Tecnológica de Pereira, tierra fértil para enraizar nuevas formas de ver el mundo.

Muchas gracias,


Luis Enrique Arango Jiménez
Rector