El docente Carlos Alberto Calvajal envía su reflexión en calidad de candidato y profesor, frente a las pasadas elecciones de decano de la Facultad de Bellas Artes y Humanidades.



EL EJEMPLO DE LOS ESTUDIANTES DE BELLAS ARTES

Por Carlos Alberto Carvajal Correa
Profesor Escuela de Filosofía
Ex candidato a la decanatura.

En la facultad de Bellas Artes y Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira acabamos de realizar el pasado primero de octubre un ejercicio sin precedentes que debe llenarnos de orgullo. Hemos dado un ejemplo a todos sus estamentos que no debe ser pasado por alto sino valorado en su profundo significado formativo. Este acontecimiento caracterizado por la participación y el entusiasmo de sus estudiantes, nos muestra la capacidad que poseen para interesarse por los asuntos de incumbencia general, que es donde radica la condición de seres políticos, es decir, de ciudadanos. Este ejercicio, realizado desde esta condición compartida por todos, cobra mayor significación al producirse en una institución donde asistimos en los últimos años precisamente a la muerte de la política. Su deceso, decretado por varios de sus estamentos, contradice la naturaleza de la institución destinada a la formación de ciudadanos, que han acudido a ella con la finalidad adicional de adquirir un saber disciplinar. Este evento ha demostrado en la práctica la pertinencia para la formación de ese ciudadano, de los saberes que en la Facultad de Bellas Artes circulan, lo cual es coherente tanto con la Misión de la universidad como con lo trazado por el Plan de Desarrollo, en su mandato de construir un proyecto ético, político y estético para la institución. Podemos decir que de este modo ya hemos comenzado este proyecto con una verdadera Cátedra Universitaria de formación de cultura política, sobre la cual aún no se tiene claridad. Hemos dictado esta cátedra con la exposición y discusión argumentada de las propuestas de los candidatos a la decanatura, en el lenguaje de una sana retórica en la que participaron principalmente los estudiantes, no obstante el desconocimiento generalizado del evento por la escasa difusión oficial que de él se hizo. Esto contrasta con los otros estamentos, esto es, profesores y Consejo Superior, en los cuales estuvo ausente toda deliberación dado que, como se puede constatar, no llevaron a cabo discusión efectiva alguna sobre las propuestas presentadas. Más aún, algunos votaron en ambos sectores sin conocerlas.

Si esto es así, podemos preguntamos: ¿Desde qué instancia se determinan sus “decisiones”?, ¿Tiene este hecho la misma importancia para ellos que la que tuvo para los estudiantes, con el elemento adicional de que el resultado final les fue adverso?

Estas preguntas afloran también cuando recogemos la decepción de estos verdaderos participantes políticos, quienes expresan unánimemente su convicción de que ese modo de proceder no es correcto. Su censura refleja que, a pesar de todo, esto es, a pesar de haber crecido bajo las formas de nuestra cultura de hacer “política”, que simplemente nos parecen normales, han podido desarrollar una capacidad o competencia, con la que pueden someterlas a juicio.

Vale la pena que pensemos si estas formas de proceder, aceptadas generalmente como normales, no deslegitiman la función para la cual inevitablemente ocupamos un lugar institucional. Se trata de la formación, concepto que va más allá de la simple instrucción de conocimientos, y que apunta a un modo de ser ciudadanos, capaces de resolver sus conflictos por vías distintas a las formas emparentadas del autoritarismo y la violencia. Felicitaciones estudiantes de Bellas Artes.