Información enviada por el Profesor Carlos Alberto Romero Piedrahita.



¿Por qué Chile sí y por qué Colombia no? Una visión semiempírica

Actualmente Chile constituye un paradigma de país y de sociedad, no es lo mejor, pero recurrentemente es citada a diferentes niveles económicos y políticos. Lo que es hoy lo es tras un período de democracia seguido por otro de dictadura y hoy por otro período de pragmatismo e inteligencia social y política; lo es porque desde los sesenta culturalmente no se han dormido, a pesar de la dictadura y el terrorismo de estado, lo es porque tienen mayor cultura tecnológica en el campo y mayor cultura tecnológica en el mar y mayor cultura tecnológica en la industria; lo es porque desde la ingeniería mecánica se ha fortalecido la cadena del frío, como pilar para el potenciamiento de su sector secundario de la economía, lo es porque ha hecho valer mejor que otros su potencial minero-industrial.

Colombia no puede ser Chile porque tiene 40 millones de habitantes más y esto sólo hace que no pueda haber comparación; aquí la teoría de modelado no se puede aplicar. Aún así, algunos elementos sí deben ser mirados:

1. La política tanto la de derecha, como la de izquierda ha mirado la industria y sus mares como pilares fundamentales;
2. Ha habido una mayor cultura y vocación tecnológica, una mejor inversión en ciencia y tecnología y una muy interesante conceptualización de pilares de desarrollo
3. No han renunciado a su sed de justicia y no le han sacado el juste a su responsabilidad social histórica
4. Los gobiernos han tenido un pueblo que los ha encarado con mayor verraquera y sin mojigaterías
5. Se ha renunciado tácitamente a rendir cultos a las personalidades, seguramente con la claridad de que los procesos los hacen posibles los pueblos, las masas y no los líderes circunstanciales, que como debe ser pasan por sus cargos y su misión cabal es hacer bien las cosas por las que el pueblo les paga.
6. Ha ganado masa y momentum la cultura colectiva y con ello hay más interiorización y compromiso social por parte de cada ciudadano.

Reflexiones como estas se me ocurren tras asistir a un evento de socialización programado por la Vicerrectoría Académica de la Universidad el martes 18 de mayo en el A-201, evento que por cierto no recoge los resultados de actividades realizadas en épocas anteriores en la Universidad (ver archivos relacionados con los DIPLOMADOS INTERNACIONALES DE GESTIÓN TECNOLÓGICA Y DESARROLLO TECNOLÓGICO, realizados en la UTP, y también los Programas en Planeación Estratégica Situacional a los que hemos asistido). Son reflexiones que se me ocurren cuando creo que cualquier docente medianamente responsable debe expresarse con relación a lo que la UTP quiere planear. ¿Qué nos asegura que los que lo están llevando a cabo, salvada su buena intención, lo están haciendo bien? ¿Qué nos asegura que tienen las competencias? ¿Será que el seguro que tenemos es que en casa de ciegos el tuerto es rey? ¿No deben pensar y repensar la planeación de la actividad de la Universidad y el Departamento todos los programas de ingenierías y tecnologías de la universidad? ¿No debería estar ya verdaderamente estructurada la investigación en la Universidad, en vez de estar fundamentada en una producción silvestre y bien intencionada de proyectos aislados y no vinculantes?)

También, quiero compartir con la comunidad utepeana y utepense algunos apartados parafraseados de un documento elaborado por el CENTRO LATINOAMERICANO PARA LAS RELACIONES CON EUROPA:

Hasta la década de los 60, en el siglo pasado, la sociedad rural chilena mantuvo la estructura tradicional, fundada en el predomino del latifundio y en una jerarquía social rígida. La reforma agraria, además de un proceso de redistribución de tierras, implicó también el acceso de la familia campesina a un nuevo ordenamiento social, en el cual se ganó en derechos, en dignidad, obligaciones y desafíos.

Los campesinos, a partir del acceso a la tierra abierto en dicho proceso histórico, tuvieron entonces la oportunidad de desarrollarse como gestores de su destino y emprendedores de su propia actividad, como propietarios de su futuro.

La Presidenta Michelle Bachelet comprometió un Programa de Trabajo de Gobierno para el desarrollo de la competitividad de la Agricultura Familiar Campesina, que ha estado orientado a asegurar el desarrollo económico de los emprendimientos productivos de la Agricultura Familiar Campesina, a través del fomento productivo, como uno de los pilares fundamentales del desarrollo de Chile Potencia Agroalimentaria y Forestal, meta que el país se propone alcanzar hacia la celebración de su Bicentenario el 2010.

Esta nueva forma de hacer fomento productivo en el agro prioriza el fortalecimiento y desarrollo de los encadenamientos productivos o articulaciones sustentables con los mercados, a partir de la identificación de los rubros o sectores agrocomerciales presentes en los diferentes territorios en los que se desarrolla la Agricultura Familiar Campesina.

Chile reúne las condiciones para convertirse en la Potencia Agroalimentaria y Forestal que está desarrollando el Gobierno de la Presidenta Bachelet a través del Ministerio de Agricultura, ya que como país goza de estabilidad económica y política y credibilidad; posee importantes lazos comerciales con el mundo entero y una envidiable condición fito y zoosanitaria.

Estas cualidades del país son, en gran medida, el resultado de un proceso de diálogo y acuerdo social que Chile ha experimentado desde 1990 en adelante, período de un extraordinario crecimiento y desarrollo en el cual, la sociedad chilena entera y todos sus sectores económicos, sociales y políticos, han hecho un esfuerzo de diálogo permanente, tolerancia y buena voluntad para realizar una construcción común de país.

Hoy, cuando es la ruralidad la que asiste a una oportunidad histórica de consolidar sus cadenas agrocomerciales y, dentro de ellas, consolidar como pieza fundamental el desarrollo de miles de emprendimientos campesinos, el país reivindica la estructuración de un desarrollo nacional basado en la escucha atenta y permanente de los diversos sectores sociales, de los ciudadanos y ciudadanas, y en el diálogo como antecedente de la construcción del país del siglo XXI. Este diálogo constructivo, tendiente al logro de acuerdos, al descubrimiento de complementariedades y al establecimiento de colaboraciones de largo alcance, tiene más sentido que nunca en el ámbito de la ruralidad y del desarrollo de los emprendimientos en el campo.


Para poner en marcha actividades similares a las llevadas a cabo en Chile, se requiere:

Existencia de actitudes y aptitudes personales y grupales acordes con la consciencia social y patria y con el reconocimiento de la misión del grupo académico.

Posesión y práctica de una vocación de diálogo que predomine sobre las vocaciones autoritarias, paternalistas o irrespetuosas de los derechos de los demás. Tal vocación dialogante se fundamenta en la convicción de que lo que es consensuado motiva mayor lealtad y adhesión que lo que es impuesto mediante coacciones o cooptaciones.

Existencia y práctica de una recíproca buena fe y confianza.

Percepción de lo justo e injusto, de lo bueno y lo malo, de lo positivo y negativo, elementos indispensables para percibir lo que es idóneo y favorecedor del diálogo y de lo que no es funcional ni propio, sino que constituyen tergiversaciones, simulaciones y estratagemas conducentes a formas de manipulación, cooptación o imposición.

Promoción y reconocimiento de la autonomía y libertad de los sujetos sociales como partícipes del diálogo y como sujetos en la búsqueda de mejores y mayores niveles de igualdad de oportunidades para el acceso al ejercicio y goce de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Rechazo frontal a los juegos de azar y la holgazanería en los espacios de las universidades.