CINEENCAMARA cine con alma
Presenta, a petición del público, en Segunda Semana de Éxito:
La película más polémica de los últimos tiempos!

FAHRENHEIT 9/11
PALMA DE ORO FESTIVAL DE CANNES 2004
Una película de Michael Moore. Estados Unidos 2004.



Un documental que mostrará porque los Estados Unidos se ha convertido en un objetivo para el terrorismo y el odio. Además describirá las relaciones entre dos generaciones de Bush y el clan de Bin Laden, que llevará a George Bush y a Osama Bin Laden a convertirse en enemigos mortales

ÚLTIMOS DÍAS EN PEREIRA

OCTUBRE 8 AL 14

ESTA PELICULA ES DE VIERNES A JUEVES!

Viernes A Jueves 6:45 – 9:15 pm Domingos y Festivos 6:45 pm

Esta programación de cine llega a ustedes con aportes del Consejo Nacional de Cinematografía en su línea de acción Formación de Públicos. CINE EN CAMARA, un proyecto del Cine Club Melies en conjunto con la Cámara de Comercio de Pereira. Registro de Cine Club Nº 109 de 2003 ante la Dirección Nacional de Cinematografía.Teatro Auditorio Cámara de Comercio de Pereira. Cra. 8 Nº 23 –09 Local 10.



EL MEJOR CINE CON LAS MEJORES PELÍCULAS!

FAHRENHEIT 9/11, de Michael Moore:
Rebelión en la granja

Por Susanna Farré

La esperada Farenheit 9/11, del polémico director norteamericano Michael Moore, ha llegado por fin a nuestras pantallas tras el éxito protagonizado en el último Festival de Cine de Cannes, en el que la cinta consiguió hacerse con nada menos que la Palma de Oro del certamen. Este hecho acrecentó si cabe la encendida polémica y controversia que ya rodeaba al film, centrada en ese momento en el acierto o no de la decisión del jurado, pero que ya acompañaba a la obra desde sus conocidos problemas con la Disney y las dificultades que Moore tuvo para distribuir su filme en Estados Unidos.

Al igual que ya ocurriese con Bowling for Columbine (2002), obra anterior de Moore con el que éste se dio a conocer a medio mundo, -sobretodo tras obtener el Óscar a mejor film documental–, en Fahrenheit 9/11 Moore vuelve a cargar las tintas contra las vergüenzas del sistema político y social de su país. Esta vez, a sólo unos meses de las elecciones presidenciales norteamericanas –con el punto de mira fijo en ellas–, y con el denigrante problema de la guerra de Irak y sus consecuencias sobre el tapete, Moore ataca de lleno a Bush y a su gobierno, lanzando venenosos dardos en contra de la discutible figura personal y política de su presidente, exponiendo y denunciando con claridad algunos de los hechos más escandalosos de la política llevada a cabo por el gabinete de Bush II durante los últimos cuatro años.

Moore vuelve a hablar de la manipulación de la opinión pública por parte de los organismos gubernamentales, tema que ya aparecía en Bowling for Columbine y que de hecho era la base explicativa del patético aferramiento a la segunda enmienda de la Constitución norteamericana con el que los defensores de las armas enarbolan sus teorías (¡¡hay que defenderse!! ¡¡protege tú mismo a tu familia, nadie lo hará por tí!!). Moore plantea asímismo en su nuevo film la escalofriante conveniencia de los tristes atentados del 11-S para los intereses políticos, económicos y personales de los miembros del gobierno y de sus colegas, desgracias que fueron muy bien para la instauración de una política favorecida y aprobada por una opinión pública que había experimentado por vez primera la sensación de peligro, inseguridad y amenaza global en sus vidas. Este miedo social permitía al gobierno actuar a sus anchas, contando sin problemas con el consentimiento de un amplio sector de la población cuya prioridad absoluta en ese momento era aferrarse a un líder que les protegiese, fuera este quien fuese. Esta cultura del miedo justificó no sólo la inversión desmesurada en armamento y en estúpidos programas de defensa, sino que asímismo provocó el consentimiento de gran parte de la población hacia una nueva modalidad de guerra, la llamada guerra preventiva, es decir, aquella basada en el "yo te ataco, no sea que se te ocurra atacarme primero...", una guerra que en realidad escondía tras de sí las miserias de la codicia, el culto al poder y al dinero. Todo ello arropado por la complicidad de los medios de comunicación, una feria mediática que aún alimenta y propulsa la histeria colectiva, bombardeando a la población con constantes mensajes de peligro y amenazas casi apocalípticas que luego se disuelven en el aire sin que nadie vuelva a aludir a ellas.

Michael Moore ha optado por seguir en su nueva obra el mismo esquema formal que tan bien le funcionó en Bowling for Columbine, volviendo a ejercer él mismo de hilo conductor de lo expuesto, ya sea en forma de voz en off o bien de manera explícita como una especie de reportero improvisado a la búsqueda de pruebas que certifiquen las informaciones dadas. Así, por ejemplo, Moore se lanza sin reparos al asalto en plena calle de unos diputados congresistas, instándoles a alistar a sus hijos en el ejército y demostrando con sus evasivas y caras de desconcierto que su propuesta es para ellos del todo disparatada. Esta utilización de la sátira es uno de los puntales de la amplia aceptación de los dos documentales de Moore y ciertamente una de sus armas más eficaces, pero hay que decir que en alguna ocasión Moore prioriza el objetivo primero de su película, conseguir derrocar a Bush y a su gobierno en las próximas presidenciales, por encima del rigor de la información dada a los espectadores. Es obvio que el destinatario de esta película es el público norteamericano, pero ello no es óbice para disfrazar alguna información con la apariencia de verdades que son sólo parciales. Me estoy refiriendo a la lamentable descripción de la coalición de países que apoyó a Bush en su ofensiva contra Irak. Cualquiera que se haya interesado mínimamente en los últimos meses por la política internacional conoce el hecho de que, pese a que esta coalición estaba liderada indefectiblemente por Estados Unidos, y que no contaba en muchos casos con la aprobación de la opinión pública de estos países –sobra el ejemplo obvio– no era ni mucho menos la patética cuadrilla que Moore describe en este fragmento de la cinta. ¿Por qué obvia Moore a países como Japón, Italia o España? ¿Dónde se menciona a Gran Bretaña? ¿Dónde está Blair, el otro gran responsable de esta vergonzosa cruzada? ¿Cuál es el grado de importancia que Moore otorga con este montaje al problema internacional? ¿Y las consecuencias? ¿Alguien se entera tras ver el film de que aquí murieron centenares de personas como resultado de esta guerra absurda? (la escueta mención de una mujer ante la Casa Blanca no creo que sea suficiente, la verdad) ¿Es que eso no tiene importancia para los estadounidenses? Sí, sí, no hay que generalizar, ya sé...pero lo que está claro es que el tema es mucho más grave de lo que Moore expone, y que aunque derrotar a Bush en las elecciones sea una cuestión de salud mundial –no sólo estadounidense–, no hay que olvidar que uno de los problemas de fondo es la insistente costumbre de la sociedad norteamericana de mirarse obsesivamente el ombligo, costumbre ésta que lamentablemente Moore contribuye a alimentar con su nada objetivo y del todo absurdo análisis de la coalición, quizás el único fragmento de la cinta que realmente sobra por completo. Sorprende aún más este hecho cuando se comprueba que en su libro ¿Qué han hecho con mi país? la explicación de Moore sobre el apoyo internacional a Bush es mucho más completa y veraz que la pantomima reflejada en el filme y esto da que pensar.

Pese a todo, Fahrenheit 9/11 tiene momentos memorables, como el ya mencionado asalto a los congresistas, el acelerado montaje del impacto de los medios de comunicación sobre la histeria colectiva o la acertada elección de obviar las imágenes de los atentados del 11-S dejando en su lugar tan sólo el sonido (1). El documental cuenta con una primera hora excelente, dotada de un equilibrio magnífico entre el ritmo y la información mostrada y con un montaje visual y sonoro realmente brillantes. La música actúa como complemento perfecto y ayuda a enfatizar en todo momento las incisivas sátiras de Moore. Pero Fahrenheit 9/11 no consigue aguantar la altura del listón durante todo el metraje, y la segunda mitad del film, centrada casi de manera exclusiva en la guerra de Irak y en la difícil situación del ejército ocupante durante los últimos meses, decae ostensiblemente en cuanto a ritmo y se hace algo dispersa y en alguna ocasión incluso repetitiva en cuanto a contenido. No obstante, es de agradecer que el director se lance a denunciar la situación del ejército de su país en esta contienda sin sentido, y muestre, no sólo algunas de las imágenes más duras que reflejan el infierno vivido allí por estos hombres y mujeres, imágenes que difícilmente constituirían el reflejo externo de una guerra disfrazada por los medios de comunicación, sino que también se ocupe de ese otro lado, el de los chavales uniformados que se creen héroes en sus propias fantasías, lanzándose a matar con el walkman atronando en sus oídos... Burn, mother fucker, burn! o el del estremecedor balance de víctimas civiles, esos llamados "daños colaterales" que suelen ser sólo un triste dato, y eso en el mejor de los casos.

Fahrenheit 9/11 es en definitiva una obra necesaria, una denuncia quizás parcial e incompleta, pero una denuncia al fin y al cabo. Sin duda cabría lamentar la simplificación con la que Moore expone una problemática mucho más compleja y extensa de lo que él propone, pero al menos hay que agradecer que esta realidad, por parciales que sean los datos, se vea reflejada en un film que está consiguiendo llegar a mucha gente, hecho que sin dudarlo es innegablemente positivo y que puede contribuir, aunque sea a pequeña escala, a la mejora de una situación de la que absolutamente todos, no sólo los estadounidenses, somos partícipes.

(1) Este recurso ya fue utilizado en el fantástico cortometraje realizado por el mejicano Alejandro González Iñárritu para la película 11'09''01 (V.V.A.A.,2002), y demuestra una vez más que el horror de estos atentados ya no necesita ser recordado con unas imágenes que difícilmente podremos borrar de la memoria.

Texto tomado de Miradas.com