Ante lo acontecido en los últimos días, es mi obligación moral pronunciarme como Representante Estudiantil, rechazando tajantemente las actitudes asumidas por unos cuantos personajes que se esconden tras las capuchas, no para defender su propia integridad frente a las amenazas de las fuerzas oscuras -argumento perfectamente legítimo-, sino para encubrir sus actos vandálicos, destrozar y hurtar el patrimonio público (es decir el de todos, y por lo tanto, el nuestro).



Es deber de los dirigentes del movimiento orientar a las bases y no justificar sus desmanes con argumentos descontextualizados como el de “legítima defensa”, concepto que no puede aplicarse en este caso. La invitación a los organizadores del movimiento es a no cohonestar con las actitudes vandálicas, por lo cual los llamo públicamente a pronunciarse contra el uso de la violencia tanto física como verbal, contra las personas e instalaciones de la comunidad universitaria y a rechazar públicamente la “combinación de las formas de lucha” como táctica del movimiento estudiantil. Sólo así se tendrá la autoridad moral para convocar, representar y negociar el Pliego de Peticiones en nombre de todos los estudiantes.

Invitamos a asumir una posición sensata, respetuosa y coherente en defensa de la Universidad Pública, por la democracia interna y para elevar el nivel de cultura política de las bases en el movimiento estudiantil. Nuestra lucha no puede estar aislada de la realidad nacional ni ser indiferente a las necesidades de los millones de colombianos excluidos. Antes que nuestra comodidad debemos buscar mecanismos creativos y conjuntos para que todos los jóvenes, hombres y mujeres de Colombia puedan acceder a la educación superior.

El llamado es a quienes piensan diferente, para asistir y hacerse oír en las asambleas, a no quedarse callados frente a quienes, más que en el pliego o en las necesidades de las mayorías, están interesados en pescar en río revuelto. El silencio es cómplice. No permitamos que unos cuantos grupos políticos se aprovechen de la ingenuidad y las buenas intenciones de los estudiantes, convirtiéndolos en fichas útiles para sus mezquinos intereses, actuando sólo como “cazatalentos” y engordar así, sus estructuras partidistas mientras dura la efervescencia y calor del momento, para luego dejarlo abandonado a su suerte cuando con sus propias actitudes tercas e intolerantes lo han desgastado, excusándose en que “no hay condiciones”. Como si no supieran que, históricamente, los movimientos estudiantiles así orientados resultan efímeros, y son los legítimos representantes, elegidos por el voto popular, de manera equivocada o no, quienes luego tienen que hacerse cargo del desorden que los primeros dejan, asumiendo la auténtica defensa de lo público, pese a que muchos pueden resultar peores, sin que ello invalide el sistema democrático; más bien invita a perfeccionarlo a través de una genuina cultura ciudadana, que es todo lo contrario al ideario de violencia que algunos proponen.

Con respecto al asunto de fondo, el problema de la calidad académica es que exige un presupuesto que la respalde, y eso sólo se puede obtener, que sepamos, por tres vías:
1. Aumento de la asignación por parte de la nación.
2. Aumento de matrículas.
3. Aumento de la eficiencia en el uso de los recursos.

Francamente, dadas las circunstancias, debemos ser conscientes de que la Rectoría ha optado por la menos mala de las alternativas a su alcance. Si algunos estudiantes asumieran una actitud más constructiva frente a las medidas de la administración se podría lograr dar una pelea conjunta (o al menos coordinada) por el presupuesto central y no enfrascarnos en un diálogo de sordos. Tal ha sido la postura de la representación al Superior y, gracias a ella, se han conseguido frutos que ningún movimiento “de masas” en la historia reciente de la UTP puede reivindicar. Tal vez por eso sea que los estudiantes nos han reelegido una y otra vez a pesar de las campañas de difamación de nuestros opositores.

Los enemigos del pliego no están afuera, son quienes desde dentro de la dirigencia del movimiento estudiantil lo opacan al no darle altura al debate. Son ellos quienes dan pie a la deslegitimación de la Asamblea como máximo órgano decisorio, convirtiéndola en un vulgar comité de aplausos y chiflidos al servicio de los intereses de un puñado de grupúsculos políticos irresponsables y desfasados, que, creyéndose poseedores de la verdad revelada y de una autoproclamada superioridad moral, son incapaces de dejar a un lado su discurso desgastado y desgastante para escuchar lo que tienen que decir las inmensas mayorías. ¿En qué se diferencia un dirigente estudiantil que promueve paros inoficiosos de los políticos corruptos que dilapidan los recursos públicos?

Por último, invito a todos los estudiantes a quienes quieren y les duele la Universidad para que se hagan presentes en la Asamblea y logremos el levantamiento de este paro disfrazado, al tiempo que continuamos en forma organizada, respetuosa y aplicando las posibilidades tecnológicas hoy a nuestro alcance, la discusión del pliego y la búsqueda de alternativas viables y coherentes para superar la problemática de la educación superior pública, mientras continuamos nuestro proceso de formación como los profesionales con responsabilidad y consciencia social que tanto necesita el pueblo colombiano.

JOSÉ IVÁN MADRID VEGA
Representante de los Estudiantes ante el Consejo Superior
Universidad Tecnológica de Pereira

Pereira, 14 de octubre de 2008
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