Intervención del Rector de la Universidad Tecnológica de Pereira, Ing. Luis Enrique Arango Jiménez realizada el 15 de agosto de 2008 durante la condecoración como Egresado Distinguido al Gerente de Fonade, Luis Fernando Sanz González en la Universidad Tecnológica de Pereira.



INTERVENCIÓN CONDECORACIÓN
EGRESADO DISTINGUIDO 2008 LUIS FERNANDO SANZ



Pereira, 15 de Agosto de 2008


Cada dos años, la Universidad Tecnológica de Pereira aprovecha la Convención Nacional de Egresados para exaltar la vida y obra de uno de sus ilustres egresados, en particular de aquellos que con su desempeño laboral y profesional han logrado posiciones cimeras en la sociedad, acrecentando el prestigio de la Institución que los abrigó en su proceso de formación y dejando huella como hombres de bien. Es una manera de reconocer a las personas que con su trabajo, ética e ingenio, han logrado sobresalir, haciéndose visibles frente a los demás, fortaleciendo la imagen de la Universidad que los hizo profesionales, y por supuesto llenando de orgullo a toda la familia tecnológica, que recibe el influjo benéfico de este prestigio y además lo percibe como propio.

Se pretende asimismo, hacer de estas personas fuente de inspiración y referencia para los demás egresados, modelos de vida que vale la pena emular, y por sobre todo, motivo de alegría y orgullo para todos.

No conocemos algo que sea más duradero y profundo que el reconocimiento a los seres humanos, estímulo más potente y trascendente que cualquier otro valor, y la Universidad, no es esquiva a otorgarlo sin tapujos a quien lo merece.

Este es el caso de nuestro querido compañero Luis Fernando Sanz González, hoy Gerente del Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo FONADE, posición a la que llega por nombramiento directo del Señor Presidente de la República, después de una carrera académica y profesional de acrisolados méritos.

Regálenme algo de su precioso tiempo para examinar los antecedentes familiares y personales de nuestro personaje, historiando pasajes que se confunden con la historia de esta región y de muchos de nosotros, y que a la vez dan cuenta de la naturaleza emprendedora y bravía de la estirpe que nos precedió.

Luis Fernando proviene de una familia instalada en el Quindío, en las décadas finales del siglo XIX, años en que se consolidaba esta parte de Colombia, producto de la colonización, con migraciones desde las montañas de Antioquia hacia los paradisíacos valles de las cañas gordas, como narran con deleite los cronistas de la mal llamada conquista.

Su bisabuelo y abuelo por línea paterna, descendientes del primer Sanz de origen español, comerciante radicado en Manizales, se hicieron residentes de Montenegro, después de haber sido expulsados de Filandia, por su condición liberal. Su abuelo Abelardo Sanz Hoyos, heredó naturalmente el talante de su padre, siendo también fogoso liberal, además de próspero hombre de negocios.

José Domingo González, bogotano, abnegado artesano de la madera, Concejal de Bogotá en los años 30 y militante gaitanista, fue el progenitor de su madre, María Sofía González de Sanz, Marujita, quien todavía vive hoy en Pereira orgullosa de su familia y de sus siete hijos: Miguel, Luis Fernando, Oscar, María Graciela, María Sofía, Ángela María y Diego (QEPD); guardando celosamente el legado inmortal de su esposo Miguel.

Su padre, el médico Miguel Sanz Gómez, nacido en Montenegro (Quindío), egresado de la Universidad Nacional en Bogotá, después de casarse en Bogotá con "Marujita", decidió instalarse en Marsella (Risaralda), pero a la postre, por aquellos avatares de la vida, se quedó a mitad de camino, residenciándose definitivamente en Pereira.

El Dr. Miguel Sanz, fue co-fundador del Hospital San Jorge y socio fundador de la Clínica Pereira; ejerció hasta su muerte la profesión con humanidad y decoro. Luis Fernando recuerda con especial cariño el inteligente humor negro que lo caracterizaba.

De los felices años de niñez y la adolescencia, Luis Fernando recuerda, con profunda admiración y gratitud, al licenciado chocoano Esteban Murillo, su inolvidable profesor de matemáticas, exigente intelectualmente, siempre impecablemente vestido con traje formal y corbata, y a Delio Navarro, su profesor de química; dos Profesores que influyeron de forma definitiva en la formación de su futura vocación de ingeniero y maestro. También recuerda muy especialmente, a Ovidio Mejía, su inseparable amigo y compañero, quien fue uno de los pocos estudiantes del Viejo Caldas de entonces, que pasó exámenes de ingreso a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional.

Después de graduarse como bachiller en el Liceo de los Andes, con el mejor promedio académico del colegio, en los cursos quinto y sexto de la época, hoy 10 y 11, Luis Fernando pasó también exámenes de ingreso a la Facultad de Matemáticas de la Universidad Nacional de Colombia; no inició estudios en esta última, por la resistencia de sus padres que temían enviarlo allí, a raíz de la connotación política que ésta tenía, y además porque conocían el temperamento de su hijo, digno heredero de sus ancestros, pues tempranamente mostraba su talante político apreciado en la manera crítica, firme y aguerrida como defendía sus puntos de vista, lo que los motivaba a pensar que podría perderse en las banderas revolucionarias de los partidos de izquierda de la época.

Sin embargo, la victoria de su Padre, Don Miguel, fue relativa; no se salvó en Pereira, de ver a su hijo participando en las manifestaciones y huelgas de finales de los años sesenta al lado de dirigentes estudiantiles de la época, entre quienes se contaban, además de quien les habla, Chucho Londoño, Carlos Gómez Rico, Edgar Viana, Julio Muñoz, Aristóbulo Salcedo, Hernando Ocampo y María Elena La Rota, entre otros, con quienes recorría las calles de Pereira agitando consignas, y protestando, bien contra un indeseado profesor, o en contra de los Cuerpos de Paz, o por los nunca resueltos problemas presupuestales de la Universidad Pública.

Luis Fernando reconoce que no era líder político, aunque se confiesa participante activo de los movimientos estudiantiles, juicioso lector de la literatura política de entonces, del Marxismo – Leninismo y del pensamiento de Mao-Tse-Tung y de sus Cinco Tesis Filosóficas, de las revistas, "China Reconstruye" y Pekín Informa", editadas en delicado papel de arroz.

Recién graduado, y después de una corta estadía en la empresa consultora Salgado y Meléndez, donde se le asigna la responsabilidad de resolver los problemas de arranque de la termoeléctrica de Cartagena, donde dicho sea de paso, tuvo un desempeño admirable, Luis Fernando regresa a la Universidad Tecnológica de Pereira vinculándose como profesor de planta en el año 73; año en que precisamente yo regresaba de Chile, después de finalizar mis estudios de Maestría y haber vivido dos años en medio del Gobierno socialista de Salvador Allende, patrocinado por la Universidad a través de una comisión de estudios, y por una beca de la OEA, en mi condición también de docente primíparo.

Por esos años, se había fundado el Moir, y algunos docentes nos vinculamos a la naciente organización, liderada por Francisco Mosquera; un prominente intelectual revolucionario proveniente de las canteras del Movimiento Revolucionario Liberal de Santander. Me correspondió asumir la vocería política del novel grupo en su primera salida electoral, encabezando la lista al Concejo de Pereira. Pues bien, Luis Fernando, nuestro dilecto compañero, hizo parte de la lista y además del pequeño grupo de entusiastas, que desafiando el establecimiento, hicimos una campaña idealista, soportada esencialmente en un discurso programático que apuntaba a cambiar el sistema en vez de ofrecer beneficios a los electores. Fue toda una hazaña haber llegado a la meta, propia más de la sorpresa y la novedad, que al resultado de la lógica que prevalecía y aún prevalece de manera preponderante en los asuntos electorales.

La trayectoria como estudiante distinguido de Luis Fernando en la Universidad, fue marcada por excelentes profesores, a quienes guarda un espacio en su corazón.

Aún recuerda a Mario Jiménez Correa, quien lo motivó a estudiar a profundidad y de quien recibió respeto y reconocimiento como estudiante adelantado, al lado de su compañero y amigo, Carlos Alberto Gaviria Gallo, quien fue su compañero de tesis de grado, hoy un exitoso empresario de electromecánica en su propia empresa.

Esta vida ejemplar de nuestro ilustre egresado, tuvo sus fundamentos, como las grandes estructuras, en cimientos sólidos, construidos con beneméritos y experimentados maestros que lo formaron; primero, en el Liceo de Los Andes donde hizo su primaria y bachillerato con los mejores promedios académicos, y luego, en la Universidad Tecnológica de Pereira, de donde egresó como ingeniero mecánico en 1972, e ingeniero electricista en 1978 ya siendo profesor, con promedios de 4.4 en cada una de las carreras y con el mayor número de créditos cursados en un semestre.

Luis Fernando ingresa a trabajar como docente a la Facultad de Ingeniería Mecánica, siendo decano nuestro dilecto amigo y egresado, Augusto Ramírez González. Allí le da rienda suelta al oficio que más lo gratifica, el de Maestro.

Participamos, junto a otros jóvenes docentes, de la creación de la Asociación de Profesores de la Universidad, -ASPU- Seccional Risaralda de la cual fue su secretario hasta su retiro de la Universidad en el año 1978.

En 1976 fue por un año, miembro del Consejo Superior de la Universidad, en representación de los egresados.

Recuerda en su actividad académica, con especial orgullo, haber sido coordinador académico y docente de la Especialización en Transmisión y Distribución de Energía Eléctrica, UNIANDES-UTP, que conjuntamente con el rector de entonces, Gabriel Jaime Cardona, lideró para ofrecer la segunda promoción en Pereira. En aquella época las especializaciones eran un umbral para los estudios de posgrado por el poco desarrollo de las Universidades.

Pasado el tiempo, y tantos episodios y experiencias, debo hoy reconocer la gran sabiduría de quienes nos antecedieron en la dirección universitaria; pese a nuestra condición de activistas confesos, insufribles; a la hora de valorar nuestros méritos académicos fueron justos y nos abrieron las puertas de la Universidad; pudieron haber actuado diferente.

Comprendieron que éramos una muchachada deseosa de transformar el mundo, soñadora, rebelde, impetuosa, que requería diferenciarse, afirmarse como parte constitutiva de una sociedad que considerábamos decadente y excluyente.

Lo que acabo de decir podría aplicarse literalmente a lo que ocurre hoy en día; aunque hay que confesar que en aquellos tiempos, se creía poseer la verdad revelada sobre el futuro social; el socialismo era inevitable. Varias opciones políticas competían por ser las auténticas voceras de la ciencia política que nos llevaría al ideal socialista; no es extraño entonces imaginar la gran atracción que se producía sobre una muchachada deseosa de actuar, convencida de que estábamos en la antesala de una gran revolución social.

Muchos jóvenes se perdieron al caer en manos de expresiones armadas, las que afortunadamente no enraizaron en nuestro territorio con la fiereza que lo hicieron en otros.

Hoy en contraste con el pasado, no se percibe una ideología como tal, que sea dominante y pretenda explicar el futuro; no hay un modelo ideal. En cambio versiones más pedestres, e incluso a veces oscuras de la contienda política copan los espacios de actuación; y con mucha frecuencia, las actividades aparecen emparentadas con la acción terrorista, lo que deslegitima una lucha, que todavía presume de actuar en defensa de los débiles. Se extraña la ausencia de un verdadero pensamiento alternativo.

No obstante si hay conceptos y valores que debieran animar la búsqueda política por encima de todo, entre ellos; la seguridad, la libertad, el respeto y la tolerancia, la igualdad de oportunidades, la democracia, la protección a los débiles, la paz, el respeto a los derechos humanos, la responsabilidad con el planeta.

Tener en las manos la responsabilidad de formar las generaciones de relevo, implica pensar y actuar sin perder la perspectiva. Nunca podremos lograr que los jóvenes, sean diferentes; dejarían de ser jóvenes.

Paremos acá estas reflexiones y volvamos con nuestro personaje.

En el año 77 Luis Fernando decide renunciar a su condición de docente de tiempo completo de la UTP dando el paso al sector privado como ingeniero de una firma nacional de consultoría.

Entre 1977 y Diciembre 1984: trabaja con Salgado Meléndez y Asociados, Hidrotec, y Promelec, Compañías consultoras de alto nivel.

Participa entre otros trabajos en:
Interventoría de diseño, montaje, puesta en marcha y pruebas de aceptación en proyectos termoeléctricos: TermoBarranca (63 MW); TermoBarranquilla I y II (2x63MW); TermoCartagena I y II (2x66 MW); TermoBarranquilla III y IV (2x66MW); TermoCartagena III (66MW); TermoCerrejón I (150 MW), TermoTasajero (150MW); TermoPaipa III (63 MW).

Estudios, diseños y especificaciones de proyectos termoeléctricos e hidroeléctricos. TermoPaipa IV (150 MW); TermoGuajira II (150MW); Central Hidroeléctrica Nuevo Libaré (5MW) y Nuevo Belmonte (12 MW); Alternativas de generación y suministro de electricidad para campos petroleros, Pequeñas Centrales Hidroeléctricas.

A partir del año 85, se vincula a la firma "Consultoría Colombiana S.A.", de la cual fue socio, y allí está hasta el año 1998, trabajando en diseño, planeación, evaluación, implementación, control y monitoreo de proyectos multidisciplinarios principalmente en petróleo, gas y energía eléctrica. Este trabajo lo alterna con la docencia, pues desde el año 80 se había vinculado a la Universidad de Los Andes como profesor en la áreas de evaluación de proyectos, planeación y economía energética, análisis de sistemas en aspectos técnicos, eléctricos y mecánicos; proyectos de inversión sobre modelos de demanda de energía y centrales termoeléctricas y el medio ambiente.

Además, fue Director del Programa de la Universidad de las Naciones Unidas y UNIANDES para la Formación e Investigación en Sistemas y Tecnologías Energéticas con participación de profesionales de toda Latinoamérica (1985-1986); coordinador académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Los Andes y representante del Departamento al Comité de Investigaciones de la Facultad de Ingeniería; y coordinador académico y docente en la especialización en Transmisión y Distribución de Energía Eléctrica. En 1990, Director de las X Jornadas Nacionales de Energía organizadas por la Asociación Colombiana de Ingenieros Electricistas, Mecánicos y Afines -ACIEM-.

En el año 98 decide darle un giro a su vida, regresa a Pereira con el propósito de dedicarse de tiempo completo a la docencia y con un sueño a cuestas que aún no realiza, pero que espera la vida le dé la oportunidad de realizarlo: crear el Centro de Investigación de Energía.

Se presenta a un concurso para regresar como docente a la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad Tecnológica de Pereira y se lo gana: cuando todo estaba dado para su vinculación, privilegiando a la Universidad con su vasta experiencia académica y profesional, el terremoto del Eje Cafetero, le desvía el curso de la vida, previamente decidido.

Iván Marulanda Gómez, a la sazón Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Pereira, y a quien Luis Fernando profesa admiración y agradecimiento, le ofrece la Dirección Ejecutiva de la Fundación Vida y Futuro, ONG creada por la propia Cámara y por Comfamiliar Risaralda para ejecutar recursos de la reconstrucción de Pereira en un modelo que ha sido motivo de elogio por su efectividad y transparencia. La Universidad se queda con los crespos hechos; ni modo, la labor social manda. Tuvo a su cargo una enorme responsabilidad, que cumplió con lujo.

La Fundación administró el convenio con el mayor valor en dinero suscrito por el FOREC.

Al finalizar la reconstrucción y después de lograr una importante experiencia en el área de proyectos sociales se vincula a la Fundación Panamericana para el Desarrollo, ONG internacional con sede en Washington afiliada a la Organización de Estados Americanos –OEA-, como Director Nacional del Programa de reintegración socioeconómica de personas desplazadas, para la gestión, seguimiento y control de 139 proyectos y 91.000 familias atendidas en 177 municipios de 24 departamentos. Con esta fundación está hasta el año 2006, año en que es llamado por el Presiente Uribe para asumir como Gerente del Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo -FONADE- posición que el señor Presidente de la República ha querido darle a un pereirano, ilustre egresado de esta casa de estudios.

Hoy, Luis Fernando tiene la responsabilidad de hacer parte del exigente grupo de colaboradores del Presidente Uribe, al mando de la firma más grande de consultoría pública, con responsabilidad en las grandes inversiones públicas del país.

Luis Fernando, con la modestia que lo caracteriza, se define simplemente, como un buen ser humano, y dice sentirse completamente realizado, sin deudas con la vida, al lado de Consuelo del Pilar Sanz, su esposa, su gran amor; con sus hijos formados y educados, como buenos seres humanos, y a quienes ha dado su mayor y mejor legado, el ejemplo, y han sido y son su motivación fundamental de vida: Pedro Nicolás, Paula María y Luisa Fernanda, quienes seguramente con ese invaluable patrimonio, también serán ciudadanos ejemplares y afianzarán y honrarán ese sello de nobleza con el que conocemos en Pereira a la querida familia Sanz González.

Compañero Luis Fernando, lo percibimos como a un hombre ejemplar, orgullo de esta Universidad y de Pereira; su historia de vida lo ennoblece y de paso nos llena de alegría sentir al compañero de estudios realizado como ser humano.

Sin ninguna dificultad, como un hecho apenas natural, la comisión encargada por el Consejo superior, conformada por Juan Guillermo Ángel Mejía, representante de los ex rectores, María Consuelo Miranda, representante de los Egresados, y el Rector, hemos resuelto entregarle la condecoración que lo acredita como el Egresado Distinguido de la Universidad Tecnológica de Pereira del año 2008.
Felicidades a usted, a su familia y a sus amigos que tanto lo apreciamos.

Continúe siendo un ejemplo, en la Universidad lo seguimos esperando.


Muchas gracias,


LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ
Rector