Hacer pedagogía de la paz corresponde a todos los estamentos e instituciones tanto de orden público como privado, pero es especialmente  en la familia y en la escuela, -instituciones perennes en las que se ha construido y se construirá verdaderos caminos y sendas de paz-, donde se debe ilustrar y profundizar en el tema.


Educar es un arte y en estos momentos decisivos, la educación superior debe colocar todo su empeño y sus energías para propiciar lo que desde su naturaleza de conocimiento académico y crítico deben debatir.


Pereira está listo para hacerlo a través de la universidad pública con el doctor Luis Fernando Gaviria, rector de la Universidad Tecnológica, quién además preside el Sistema Universitario Estatal (SUE) con estrategias que incluirán foros, conversatorios, análisis y debate amplio de consensos en las líneas investigativas. De igual forma, el Sistema Universitario del Eje Cafetero (SUEJE) que preside  Diego Mauricio Arias Arango como director ejecutivo en compañía de Óscar Arango, a través de su reconocida Cátedra por la paz, le está aportando a la región.


También las universidades privadas a través de la  Red de Universidades de Risaralda hemos trazado líneas conductoras que incluyen debates, tomas simbólicas y culturales en cada alma mater y un gran foro en donde involucremos a la empresa pública y privada, los gobiernos nacional y departamental; las minorías étnicas y sexuales; las ONG; los grupos religiosos y por supuesto toda la población civil.


Es en las universidades en donde se gesta esta discusión, es el conocimiento el que desde su propuesta y maduración deben ayudar mucho en la respuesta, en el respeto por las opiniones de todos los actores, en el empoderamiento de un momento histórico como nunca antes lo habíamos vivido.


No obstante cabe señalar que no basta con las cátedras de paz que seguramente se nos indicará realizar en nuestras instituciones, necesitamos crear puentes cada vez más efectivos entre la academia y las instituciones de los diferentes sectores y sobre todo no olvidar que la paz se construye en la vida cotidiana, en la relación respetuosa con los otros, en su promoción, en la familia y en el reconocimiento de Dios como fuente y autor de la verdadera paz.

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