Cada madrugada, cuando el reloj marcaba las 3:30 a. m., Daniela Mejía Miranda se levantaba con un mismo propósito: ir a estudiar a la UTP. Mientras muchos aún dormían, ella emprendía un viaje de más de dos horas desde Apía (Risaralda), hasta la Universidad Tecnológica de Pereira, junto a otros compañeros que también viajaban desde su municipio para ir a estudiar, todos se iban en un bus viejo pero entrañable, como Daniela lo describe, al que todos llamaban ‘el pescuezo’.
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