El paso de las aulas universitarias al entorno productivo representa una de las etapas decisivas en la formación profesional. Para la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Tecnológica de Pereira, las prácticas empresariales no solo operan como un requisito académico, sino como un puente estratégico donde el rigor técnico y la adaptabilidad de los futuros profesionales se ponen a prueba en escenarios de alta exigencia.

Así lo evidencia la experiencia de Sebastián Llano, estudiante del programa de Ingeniería Industrial, quien desde el pasado 15 de julio de 2026 realiza su periodo de práctica en la Subdirección de Desarrollo Estratégico de Comfamiliar Risaralda, plaza a la que accedió a través del portal institucional de la Oficina de Prácticas de la universidad.

Desde su vinculación, Llano asumió responsabilidades orientadas a la modernización operativa de la entidad. Con competencias especializadas en automatización de procesos y análisis de datos, su labor permitió transformar tareas predominantemente manuales en flujos de trabajo eficientes, prestando un soporte transversal tanto a su área como a otras dependencias que requerían optimización operativa.

«Desde que llegué no llevé el típico rol de un practicante; dado mi perfil y competencias, me consideraron más como un colaborador que aportaba nuevas metodologías. En mis tareas cotidianas está la automatización y el análisis de datos en toda la Subdirección y en dependencias que lo soliciten», explicó el estudiante.

El desarrollo de su ejercicio formativo enfrentó un punto de inflexión tras el sismo del pasado 10 de agosto, evento que causó severas afectaciones estructurales en la sede administrativa principal y en la clínica de la caja de compensación, derivando en declaratorias de pérdida total para dichas instalaciones.

Ante la coyuntura, la directriz general para el cuerpo de practicantes fue la continuidad de labores bajo modalidad remota. No obstante, el desempeño demostrado por el futuro ingeniero industrial durante su primer mes motivó una solicitud directa por parte de la entidad para contar con su presencia en el espacio habilitado de contingencia. Allí prestó apoyo técnico inmediato en tareas prioritarias e informes de urgencia requeridos por la Dirección General y el Consejo Directivo de Comfamiliar Risaralda.

«A pesar de la tragedia que vivimos el 10 de agosto, donde la sede principal sufrió graves daños, la directriz de los líderes fue que pudiera continuar impactando de forma presencial para apoyar solicitudes directas del director y del consejo directivo. Es muy gratificante ver de primera mano cómo lo aprendido en las aulas impacta de manera real en las empresas, y más en una situación tan crítica para la región», señaló Llano.

Más allá de la aplicación técnica, el practicante subrayó el valor humano y la cohesión de los equipos de trabajo frente a la crisis, destacando la mentoría y el respaldo recibido por profesionales experimentados de la organización:

«Creo que fue un momento muy duro y eso hizo que el entorno laboral fuera mucho más unido. Pasar de la academia a una empresa genera incertidumbre sobre el propio desempeño, pero contar con el apoyo de personas con tanta trayectoria es formativo. Dar ese paso y comprobar que lo que enseñan los docentes se aplica para el beneficio colectivo enaltece tanto la profesión como a la universidad y a la facultad», puntualizó.

El caso de Sebastián Llano ratifica el compromiso de la Facultad de Ciencias Empresariales y de la Oficina de Prácticas de la UTP por consolidar convenios interinstitucionales que no solo cualifican el perfil profesional de los estudiantes, sino que aportan soluciones concretas al tejido social y económico del departamento en momentos determinantes.