Entre los árboles del Jardín Botánico y las mesas de una reconocida cafetería de la universidad, un visitante de plumaje colorido vuelve a protagonizar una historia de encuentros, naturaleza y esperanza, mientras la Universidad Tecnológica de Pereira UTP recupera su ritmo después del sismo.
No necesita anunciar su llegada. Aparece silencioso, observa desde lo alto de un poste de la cerca que protege el Jardín Botánico y, después de examinar el entorno se aproxima con pequeños saltos. Es el barranquero (Momotus momota), una de las aves emblemáticas de la biodiversidad que habita el campus de la UTP.


Mientras la institución adelanta sus planes de acompañamiento y retorno progresivo a las actividades académico-administrativas, la vida comienza a recuperar su ritmo en los espacios comunes. Uno de ellos es la cafetería conocida como «la barrita» o «la frutería», donde convergen conversaciones, pausas entre actividades universitarias, alimentos compartidos y la particular compañía de este habitante del bosque.
La historia del establecimiento, de quienes trabajan allí y los que lo frecuentan está ligada a las visitas del barranquero. Aunque no existen registros documentados sobre sus primeras apariciones, trabajadores y estudiantes coinciden en que su presencia se ha convertido en uno de los encuentros más entrañables con la naturaleza dentro del campus. Y es que la UTP, reconocida por sus extensas áreas verdes, alberga una riqueza natural que convive con la actividad académica. Desde el interior del Jardín Botánico, donde encuentra refugio y alimento, el barranquero suele aventurarse hacia los espacios frecuentados por la comunidad universitaria.
Su llegada parece seguir un pequeño ritual. Primero se posa sobre uno de los postes de la cerca que separa el jardín de las zonas comunes. Desde allí atisba y examina el entorno. La agudeza visual que le permite localizar presas como insectos y otros pequeños animales parece servirle también para reconocer el momento oportuno de acercarse.
No tiene prisa. Permanece inmóvil unos instantes, atento a los movimientos de quienes transitan cerca de la cafetería. Después, con saltos livianos, desciende hasta los materos que cuelgan de la malla. Allí, los trabajadores de la barrita acostumbran a dejarle pequeños trozos de fruta limpia, en un gesto espontáneo de afecto hacia este visitante que ya sienten familiar.
Pero algo parece atraerlo aún más: las migas de arepa y pan que ocasionalmente caen al suelo. Con el regreso de los estudiantes, las mesas vuelven a ocuparse y las pausas para desayunar o tomar una bebida se hacen más frecuentes. También reaparecen esos pequeños fragmentos que despiertan su interés. El barranquero baja hasta el piso, recoge algunas migas y enseguida levanta la cabeza. Mira a los lados. Se retira unos pasos, espera y vuelve a acercarse. Repite la escena con una mezcla de confianza y prudencia.

Para quienes trabajan en la cafetería, su aparición forma parte de las pequeñas historias de cada jornada. Para los estudiantes, observarlo de cerca puede transformar una pausa corriente en un instante memorable. Basta detenerse unos segundos para apreciar su plumaje en el que predominan tonos verdes, azules y turquesas, y descubrir la belleza de una especie que comparte el territorio universitario.
Por estos días, cuando aumenta la presencia de estudiantes en la UTP, también crecen las posibilidades de avistar al barranquero alrededor de la barrita. Su aparición adquiere un significado especial después de la incertidumbre provocada por el sismo. Mientras los espacios universitarios recuperan sus voces y movimientos habituales, la naturaleza mantiene abiertas sus propias formas de bienvenida.
No se trata sólo de observar un ave. Su presencia recuerda que la universidad es también un territorio compartido, donde la formación académica, la convivencia y la biodiversidad se encuentran cotidianamente. Más allá de salones, laboratorios y edificios, existen relaciones entre las personas y las especies que habitan sus espacios verdes. No faltan quienes le han dedicado registros fotográficos exclusivos en Instagram.
Este encuentro invita a detenerse, contemplar y reconocer la riqueza natural del campus, así como la importancia de respetar los hábitos de la fauna silvestre y preservar las condiciones que permiten su permanencia. Quizás el barranquero no sabe de sismos, calendarios académicos ni planes de retorno. Simplemente responde a sus instintos y a las condiciones de su hábitat. Sin embargo, para quienes reconocen y esperan su presencia, cada aparición puede representar algo más.
En momentos en que la comunidad universitaria avanza para recuperar su tranquilidad y renovar sus vínculos, este reencuentro se convierte en una pequeña expresión de esperanza. Así, entre el aroma del café y el olor de la fruta fresca, las conversaciones y el movimiento de las hojas del Jardín Botánico, el barranquero vuelve a ocupar su lugar en la cotidianidad de la UTP.
Tal vez mañana regrese al mismo poste. Observará a su alrededor, esperará unos instantes y descenderá, como tantas otras veces, hacia la barrita. Allí encontrará de nuevo a los estudiantes. Y ellos, a su vez, tendrán la oportunidad de encontrarse con él.











