Crecer cerca del Salado de Consotá le permitió escuchar historias sobre este lugar, pero fue gracias a su vinculación con los procesos comunitarios y el acompañamiento de la Universidad Tecnológica de Pereira que descubrió la riqueza patrimonial que guarda este territorio. Hoy, como vigía del patrimonio, dedica parte de su vida a protegerlo, compartir su historia e invitar a otros a conservarlo.
Hay lugares que hacen parte de nuestra vida mucho antes de que comprendamos su verdadero significado. Para José Orlando Loaiza, conocido cariñosamente como don Orlando, el Salado de Consotá es uno de ellos. Creció muy cerca de este territorio, escuchando hablar de su existencia, sin imaginar que detrás de aquellos relatos se encontraba una historia de miles de años que terminaría convirtiéndose en una de sus grandes motivaciones.





Su relación con este patrimonio se transformó cuando comenzó a participar en procesos de formación y apropiación comunitaria relacionados con el Salado de Consotá. Aunque conocía de su existencia desde niño, fue durante una visita acompañada por docentes de la Universidad Tecnológica de Pereira cuando descubrió la dimensión histórica y arquitectónica de este lugar.
«Yo fui criado muy cerca de ahí y había oído hablar del Salado de Consotá, pero nunca me imaginé aquella arquitectura. Fue una sorpresa muy agradable conocer toda esa historia», recuerda.
Don Orlando recuerda especialmente su participación en un diplomado relacionado con el Salado de Consotá, realizado en 2015, y su vinculación con la asociación comunitaria Orobies, espacios que le permitieron acercarse al trabajo de investigadores, docentes y habitantes interesados en preservar la memoria del lugar.
En ese proceso reconoce el acompañamiento de profesores y miembros de la Universidad Tecnológica de Pereira como Juan Camilo Rivera, Natalia Giraldo, Juliana Muñoz y Carolina Arias, quienes han contribuido a fortalecer los vínculos entre la academia y la comunidad.
«Un día me dijeron: “Don Orlando, tenemos una salida al Salado de Consotá y queremos que nos acompañe”. Yo acepté con mucho gusto y desde entonces he seguido vinculado», cuenta.
Lo que comenzó como una invitación se convirtió en una experiencia de aprendizaje y participación que le permitió descubrir nuevas formas de relacionarse con el territorio donde creció.
Los convites ciudadanos: encuentros para cuidar y recordar
Una de las actividades que más disfruta son los convites ciudadanos, jornadas en las que habitantes, vigías del patrimonio y personas vinculadas al Salado de Consotá se reúnen para desarrollar acciones de cuidado, limpieza y reconocimiento del lugar.
«Para mí es muy satisfactorio ser parte de los convites porque ahí hablamos de la historia del Salado de Consotá, recogemos las basuritas que deja la gente y después nos vamos para el río, nos sentamos y comenzamos a comentar y analizar todo lo que conocemos de su historia», relata.
Ser vigía es proteger la historia y la vida del territorio
Para José Orlando, ser vigía del patrimonio significa asumir una responsabilidad con el pasado, pero también con el futuro. Su labor está motivada por la convicción de que la historia de este territorio merece ser conocida, respetada y protegida. «Como vigías tenemos que velar por nuestro Salado, por la historia que tenemos ahí, que tiene más de 10.000 años», expresa con orgullo.
Sin embargo, su compromiso no se limita a la conservación de los vestigios históricos. Don Orlando entiende que el patrimonio también está representado en los paisajes, los ecosistemas y la biodiversidad que rodean el Salado de Consotá. «Para mí ser vigía del Salado de Consotá significa mucho, porque ser vigía es proteger la historia, todo lo que tenemos ahí. Y no solamente el Salado, sino todo lo que hay en nuestro cañón del río Consotá: la fauna, la flora y todo eso tan espectacular que tenemos para el avistamiento de aves», señala.
«El Salado es de todos»: una invitación a cuidar lo que nos pertenece
Después de años de participación en los procesos comunitarios, don Orlando tiene claro que la conservación del Salado de Consotá no puede depender únicamente de los vigías, los investigadores o las instituciones. Para él, se necesita un compromiso colectivo que involucre a los habitantes de Pereira, las comunidades rurales y todas las personas que reconocen el valor de este patrimonio.
Por eso, aprovecha cada oportunidad para extender una invitación a conocerlo y, especialmente, a protegerlo. «Quiero hacerles una cordial invitación a todos los habitantes de Pereira, de nuestro departamento y a los vecinos de las veredas para que vayan al Salado de Consotá y nos ayuden a cuidarlo. El Salado es de todos y no es de ninguno. Todos tenemos la obligación de protegerlo y eso es lo que nos hace falta: que nos ayuden a conservar nuestro patrimonio», manifiesta.
José Orlando Loaiza es una de esas personas que, sin necesidad de grandes discursos, demuestra que el sentido de pertenencia se construye con acciones cotidianas: participar en un convite, recoger un residuo, compartir una historia o invitar a alguien a conocer el lugar.








