A sus veintidós años, María José Quintero Escobar ha comprendido que los grandes sueños exigen sacrificios profundos. Estudiante de décimo semestre del programa de Ingeniería Mecánica, hoy transita los talleres del École nationale d’ingénieurs de Metz (ENIM) en Francia, donde adelanta su doble titulación. Allí, a miles de kilómetros de su natal Pereira, se ha convertido en la primera mujer extranjera en integrar el Eni Metz Racing Team, un hito que trasciende lo académico para consolidarse como una victoria tangible contra la brecha de género en las ciencias exactas.




Con la meta intacta de formarse en el exterior, María José aprovechó los convenios de movilidad internacional que lidera la Facultad de Mecánica Aplicada de la Universidad Tecnológica de Pereira. Durante dos años, en simultáneo con sus clases de ingeniería, estudió en la Alianza Francesa hasta dominar el idioma. Al culminar su séptimo semestre, aquel esfuerzo silencioso rindió frutos y Francia le abrió sus puertas.
A su llegada, el primer desafío profesional la acercó a la sostenibilidad. En sus prácticas iniciales, se vinculó a una empresa dedicada a las energías renovables, donde desarrolló el estudio preliminar para un sistema de seguimiento solar y diseñó estructuras de anclaje de paneles fotovoltaicos para zonas de parqueo. Sin embargo, su vocación por la mecánica y su experiencia previa en la UTP la llevarían pronto al riguroso mundo del automovilismo universitario.
A pesar del escepticismo de quienes consideraban improbable que una joven extranjera lograra un espacio en un equipo tradicionalmente francés y masculino, María José se impuso a los prejuicios y fue seleccionada para el Eni Metz Racing Team. En este escuadrón, conformado por apenas veinticuatro integrantes que asumen el reto de construir un vehículo de carreras desde cero en menos de un año, ella asume un doble liderazgo: dirige las comunicaciones del equipo y es pieza clave en la división de aerodinámica. En el taller, sus responsabilidades técnicas incluyen el diseño del sistema de refrigeración de la batería y el posicionamiento de los sensores de temperatura en los neumáticos, innovaciones fundamentales para las competencias internacionales que enfrentarán el próximo año.
La historia de María José dialoga directamente con el esfuerzo institucional de la Facultad de Mecánica Aplicada, en cabeza de su decana Valentina Kallewaard, por reivindicar el papel de la mujer en una disciplina históricamente masculinizada.
La estudiante recuerda cómo, tiempo atrás, los diplomas universitarios ni siquiera reconocían el género de las graduadas, otorgándoles indiscriminadamente el título de «ingeniero mecánico». Hoy, su presencia en Europa es una respuesta contundente a esa realidad, demostrando que la solidez de la formación recibida en la UTP le permite competir a la par de los mejores del mundo.
Con la certeza de que llegar a un entorno desconocido y en otro idioma la ha transformado para bien, María José deja un mensaje imperecedero para la comunidad universitaria y, muy especialmente, para las niñas que observan la ciencia desde la distancia: «Si las puertas no están abiertas, están ustedes para abrirlas». Una invitación a perder el miedo, a ignorar los imaginarios culturales excluyentes y a construir un futuro donde la ingeniería se escriba con talento, sin importar las fronteras ni el género.








