El equipo de la Oficina de Planeación de la UTP conoció el ejercicio Horizonte Quindío Prospectiva 2050, una iniciativa que busca construir una visión compartida de futuro para el vecino departamento, en el marco de sus 60 años.

¿Cómo prepararnos hoy para el territorio que queremos tener mañana? Esta fue una de las reflexiones que estuvo sobre la mesa durante el encuentro sostenido entre el equipo de la Oficina de Planeación de la Universidad Tecnológica de Pereira y representantes del ejercicio Horizonte Quindío Prospectiva 2050.

La conversación, realizada en la sala del Consejo Superior de la UTP, permitió conocer este proceso que adelanta el Quindío como parte de la conmemoración de sus 60 años de vida político-administrativa y que busca definir una agenda de futuro con horizonte al año 2050.

Armando Rodríguez Jaramillo, asesor en Desarrollo de la Cámara de Comercio del Quindío e integrante del Comité Técnico del ejercicio, explicó que la prospectiva es, ante todo, una oportunidad para hacer un alto en el camino, reflexionar y construir acuerdos entre instituciones y sociedad sobre el futuro que se quiere alcanzar, “la prospectiva nos da una inspiración hacia dónde podemos ir. Nos permite pensar que el mañana puede ser mejor que el presente que tenemos”, puntualizó.

El futuro también cambia

Dentro de la conversación no se podía dejar de lado terremoto que afectó recientemente a la región. El evento ocurrió mientras el Quindío desarrolla su ejercicio prospectivo y puso de manifiesto que cualquier visión de largo plazo debe tener la capacidad de adaptarse a situaciones inesperadas.

En prospectiva, estos acontecimientos son conocidos como “cisnes negros”: hechos difíciles de anticipar que pueden transformar las condiciones de un territorio.

Para Rodríguez, el sismo debe convertirse también en un punto de inflexión para preguntarse qué se puede hacer mejor hacia adelante y cómo fortalecer la capacidad de respuesta ante futuros eventos. Por eso, pensar en 2050 no significa predecir exactamente qué ocurrirá. Se trata de establecer un horizonte y mantener la capacidad de ajustarlo. “La prospectiva es un blanco móvil, explicó.

En ese propósito adquieren importancia la gobernanza anticipatoria y los observatorios de futuro, que permiten monitorear permanentemente los cambios económicos, ambientales, políticos y sociales para ajustar las decisiones y la planificación territorial.

Una visión que trascienda los gobiernos

La conversación también abordó uno de los grandes desafíos de la prospectiva: lograr que las apuestas de futuro tengan continuidad más allá de los gobiernos de turno.

Para ello, señaló Rodríguez, se necesita que la construcción del futuro sea colectiva y que en ella participen la academia, los gremios, las organizaciones sociales, las instituciones y la comunidad. De esta manera, la prospectiva deja de ser únicamente un ejercicio de planificación y se convierte en una apuesta compartida por el territorio.

El encuentro con el equipo de la Oficina Asesora de Planeación de la UTP permitió así intercambiar experiencias alrededor de un propósito común: pensar el largo plazo sin perder de vista los cambios del presente y convertir la planificación en una herramienta para anticiparse, adaptarse y construir un mejor futuro.