En medio de las dinámicas del campus de la Universidad Tecnológica de Pereira, las vivencias que florecen en las aulas y pasillos van mucho más allá de la simple obtención de un título profesional. Para Alexander Murillo, estudiante del programa de Licenciatura en Música de la Facultad de Bellas Artes y Humanidades, el cierre de esta etapa académica representa la culminación de un proceso de transformación personal, donde los acordes de un instrumento moldearon no solo su perfil artístico, sino su manera de comprender el mundo.




El hallazgo de una vocación entre la duda y el sonido
La decisión de emprender una carrera en las artes no estuvo exenta de dilemas. Al finalizar sus estudios de secundaria, Alexander enfrentó las dudas e incertidumbres derivadas de los prejuicios económicos que históricamente han rodeado a la profesión musical. Sin embargo, su creciente fascinación por el arte y una aproximación inicial a la guitarra lo impulsaron a explorar nuevos horizontes. Fue precisamente en ese último año escolar cuando conoció la viola, un instrumento de cuerda frotada cuya calidez timbrística lo cautivó de inmediato.
“Yo decía: ‘¡Wow! ¿Qué es esto? Suena genial, está muy bacano’. Al final decidí hacer la prueba de aptitud con mucha incertidumbre porque venía estudiando música formalmente hacía poco tiempo, pero logré pasar. El camino hasta hoy no ha sido sencillo, pero todo lo que ha pasado ha sido supergratificante”, evoca Murillo al recordar sus primeros pasos.
Lo que comenzó como una prueba de aptitud llena de expectativas terminó convirtiéndose en un camino de fortalecimiento integral. Enfrentar “lo bueno, lo malo y lo feo” a lo largo de los años universitarios moldeó su carácter, afianzó su conciencia social y transformó profundamente su personalidad.
Un universo de encuentros, gestión y vida universitaria
Para Alexander, la universidad trascendió con creces las fronteras de las aulas. Concibiendo a la UTP como un verdadero “cúmulo de universos” en el que cada estudiante aporta una perspectiva única, el licenciado enriqueció su paso por la institución tejiendo lazos con personas de múltiples disciplinas, desde las ingenierías hasta las áreas deportivas.



Este espíritu colaborativo lo llevó a involucrarse activamente en la dinámica cultural del campus. Tuvo la oportunidad de colaborar decisivamente en la organización de varias ediciones del Festival Artes y Letras, un espacio donde convergieron la música, la literatura y la creatividad de estudiantes de diversas carreras. Asimismo, protagonizó múltiples conciertos e iniciativas que hicieron sonar la música como un puente de cohesión social.
Resiliencia y serenidad: Desmitificando la «carrera» académica
Al reflexionar sobre el trayecto recorrido, Murillo plantea una mirada madura y profundamente empática sobre las realidades de la educación superior en el país. Reconoce que culminar un pregrado implica superar complejos obstáculos que van más allá de lo intelectual, abarcando baches económicos, sociales y psicológicos que no siempre son visibilizados.
Frente a las presiones de cumplir con plazos rígidos o expectativas externas, Alexander hace un llamado a la serenidad. Recuerda que no todos los estudiantes cuentan con las mismas condiciones o privilegios de comodidad, por lo que graduarse no debe concebirse como una competencia de velocidad, sino como un proceso adaptativo e individual.
“Terminar una carrera es muy complejo. Los artistas somos especialmente sensibles a ciertas cosas y la Licenciatura en Música tiene una connotación muy emocional. La universidad no es una carrera de carreras ni hay que graduarse siempre bajo lo estandarizado. Lo importante es no perder la serenidad”, reflexiona.
Un llamado a defender la comunidad y a construir el futuro musical
Más allá de su logro personal, la mirada de Alexander Murillo apunta hacia el fortalecimiento colectivo. Consciente de que la Licenciatura en Música es un programa relativamente joven en el panorama pedagógico nacional, invita a las nuevas cohortes y a la comunidad académica a mantener vivas las luchas estudiantiles, los movimientos sociales y las comunidades artísticas formadas en el campus.
Su mensaje final es una invitación abierta a enaltecer el programa académico, buscando herramientas y propuestas innovadoras en diversos escenarios para hacer de la carrera de música una opción cada vez más sólida y competitiva en el país. Para Alexander, obtener el título no es un punto de llegada ni un adiós, sino la continuidad de un diálogo ininterrumpido con su instrumento: un auténtico compañero de vida en la búsqueda constante del aprendizaje y la excelencia humana.








