El Auditorio Jorge Roa Martínez de la Universidad Tecnológica de Pereira se transformó en un espacio de mística, experimentación y movimiento con la presentación de «El Viaje del Loco», una obra de la Compañía Apsara (Cartagena) que cautivó a la comunidad académica y a la ciudadanía en su cuarta función a nivel nacional. La puesta en escena, dirigida por José García Silgado, demostró ser mucho más que una muestra coreográfica: se consolidó como un ritual íntimo y una apuesta por la resistencia cultural.

Un universo simbólico nacido del azar y la introspección

La propuesta coreográfica, respaldada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, tomó como materia prima los 22 arcanos mayores del tarot para construir un universo simbólico abierto a la interpretación del público. Según su director, la idea germinó de manera orgánica cuando el misticismo del tarot empezó a manifestarse de forma recurrente en el entorno de la compañía.

A partir de allí, el colectivo se sumergió en intensas jornadas de cocreación donde las cartas se alinearon con las vivencias personales y las energías de cada intérprete.

«Nos creamos una historia que solamente nosotros sabemos, pero que también está abierta a las interpretaciones, como lo es el tarot», explicó García Silgado, destacando la línea ritual y la exploración de temáticas profundas que caracterizan la identidad de la agrupación.

Eclecticismo técnico y maduración en escena

El montaje sobresalió por su naturaleza híbrida y experimental. En el plano dancístico, los intérpretes cartageneros (jóvenes de entre 18 y 34 años con trasfondos en hip hop, danza clásica y contemporánea) fusionaron la danza contemporánea con elementos de Bharatanatyam (danza clásica de la India) y el inconfundible ser caribe.

La propuesta musical no se quedó atrás, rompiendo moldes tradicionales mediante una audaz experimentación que entrelazó:

  • Música electrónica
  • Violonchelo y guitarra eléctrica en vivo
  • Música carnática india
  • Bolero y disonancias sonoras

Al ser una obra viva, el paso por Pereira marcó un hito en su proceso de maduración, ya que la estructura coreográfica y la planimetría se transforman y refinan en cada encuentro con el público, buscando siempre desafiar lo convencionalmente «correcto».

Creación como acto de resistencia

Para la Compañía Apsara, la llegada a la UTP cumplió el anhelo de conectar con el público de Pereira, pero también significó la materialización de un logro colectivo en un contexto artístico complejo. El director enfatizó el valor de haber obtenido el estímulo nacional que hizo posible la producción, señalando que en su ciudad de origen el acceso a presupuestos para el sector dancístico suele ser limitado.

El cierre de la velada dejó un balance de profunda satisfacción para el colectivo, reafirmando el privilegio de materializar las ideas, resistir a través del arte y encontrar en la UTP una plataforma ideal para que el trabajo de los jóvenes talentos colombianos sea visto y celebrado.