Era adolescente cuando conoció la UTP. El hoy parqueadero central era el terminal de buses de Urbanos Pereira. Su trabajo era lavar buses y allí aprendió a manejar. El destino lo llevó a ser conductor de esa empresa y luego de la UTP en 1987. Se siente orgulloso de haber manejado el amarillo que identificaba a la Universidad en las calles de Pereira.  

Los buses amarillos que aun se conservan, uno en el edificio 13 de la UTP y otro en el parqueadero de Eléctrica son solo paisaje para las nuevas generaciones de la universidad; para quienes llevan más de 15 años en ella, marcan una historia, están cargados de anecdotas y nostalgias. Pero para Gerney Ruiz Acosta, esos buses representan su vida y despiertan en él todo tipo de sentimientos.

“Pasar por aquí y verlos como si fueran piezas de museo me remueven cada día de los 36 años que viví en la UTP, dedicado a ellos. Son casi un extensión de mi cuerpo”, expresa en medio de la nostalgia y del cargamento de anécdotas vividas frente al timón de los buses de la Universidad Tecnológica de Pereira.

Antes de convertirse en trabajador de la UTP, Gerney ya hacía parte de su historia. Tenía apenas 12 o 13 años cuando, a finales de la década de los sesenta, llegó por primera vez al campus para lavar los buses de Urbanos Pereira que ingresaban hasta un espacio abierto sin pavimentar,  que hoy es justamente el parqueadero central. Allí, sin imaginarlo, comenzaba un vínculo que se extendería por más de cinco décadas.

En esos primeros años, cuando muchos edificios de los que hoy vemos, aún no existían y los árboles eran apenas pequeños brotes, Gerney aprendió a conducir. “Yo era lavador de buses y ahí fue donde aprendí a manejar”, recuerda. A tan corta edad ya movía los vehículos, experiencia que marcaría su vida laboral.

De los buses urbanos a la universidad

Luego de ese momento de exploración laboral, de trabajos en el campo y  espacio para terminar su primaria, Gerney regresó a Pereira y se vinculó al transporte urbano. Durante nueve años fue conductor de la empresa Urbanos Pereira, oficio en el que se destacó por el cuidado, el orden y la limpieza de los vehículos. “Mi bus era el más limpio. Le sacaba brillo a todo”, afirma con orgullo, una enseñanza heredada de Pastor Serna, su padrastro y mentor, quien le inculcó la disciplina y la responsabilidad como principios de vida.

La oportunidad en la UTP

El vínculo con la Universidad se fortaleció cuando, en su ruta diaria, transportaba a vigilantes y trabajadoras de servicios generales que ingresaban al campus en las primeras horas de la mañana. “Yo hacía las primeras rutas de la mañana desde diferentes barrios de Pereira en mi bus urbano y ahí conocí mucha gente de la universidad”, recuerda. Ese contacto constante lo hizo conocido dentro de la comunidad universitaria y, gracias a las recomendaciones, en 1987 recibió la oportunidad de hacer un reemplazo como conductor de uno de los buses institucionales.

El reemplazo, inicialmente previsto para un mes, fue decisivo. Su desempeño, el trato con los usuarios y el cuidado de los vehículos generaron confianza entre los directivos. Aunque regresó brevemente al transporte urbano, pocos días después recibió una llamada que cambiaría su rumbo: había una vacante como vigilante en la Universidad.

El 11 de mayo de 1987 inició labores en la UTP. “Le agradecí mucho al doctor Gabriel Jaime Cardona y a don Gonzalo Montoya por darme la oportunidad”, recuerda. Entró como vigilante y asumió el cargo con el mismo compromiso que había demostrado como conductor.

Vigilante, conductor y hombre de confianza

Durante cerca de dos años y medio se desempeñó como vigilante, en la biblioteca. Su conocimiento del campus, su disponibilidad y su habilidad para conducir hicieron que, con frecuencia, fuera requerido para apoyar labores de transporte, mensajería y recorridos especiales.

Esa versatilidad lo llevó nuevamente a los buses universitarios. “Eran tres rutas las que se cubrían con dos buses amarillos y uno habano. Para los usuarios era un paseo, el bus era un espacio para compartir, para gozarla, eran momentos mágicos” y, más adelante, a desempeñarse como conductor de rectoría. En ese rol acompañó a varios rectores y directivos, consciente de la responsabilidad que implicaba el cargo. “Lo que se escucha dentro del vehículo se queda ahí”, afirma, resaltando la discreción y la confianza que caracterizaron su trabajo.

A lo largo de los años, Gerney condujo buses, automóviles, camionetas y camiones, participó en salidas académicas, visitas técnicas y recorridos por todo el país, siempre al servicio de estudiantes, docentes y administrativos.

Los buses, un ícono universitario

Gerney fue testigo del papel fundamental que cumplieron los buses de la Universidad Tecnológica de Pereira. No sólo transportaban estudiantes a prácticas y visitas académicas, sino que también acompañaban a la comunidad universitaria en momentos difíciles y solidarios. “Prestaban un gran servicio, eran un ícono de la universidad y de la ciudad”, señala.

Participó activamente en el cuidado y mantenimiento de los vehículos, en procesos de repotenciación y mejoras técnicas, siempre buscando que los buses se mantuvieran en óptimas condiciones. Con el paso del tiempo y los cambios institucionales, los buses fueron retirados, pero su recuerdo permanece como parte de la historia de la UTP.

Familia, estabilidad y gratitud

La Universidad no solo fue su lugar de trabajo, sino el espacio donde construyó su proyecto de vida. Gracias a la estabilidad laboral pudo formar a su familia, acceder a vivienda a través del Fondo Nacional del Ahorro y brindar educación a sus tres hijos, dos de ellos egresados de la misma institución. Hoy, incluso, espera que su nieto termine en la UTP.

“Para mí la universidad ha sido todo, es mi segundo hogar”, afirma con emoción. Destaca el trato humano, la convivencia y el aprendizaje constante dentro de la comunidad universitaria.

El cierre de un ciclo

Gerney Ruiz Acosta se pensionó el 26 de noviembre de 2023, luego de más de tres décadas de servicio formal y una vida entera vinculada a la Universidad Tecnológica de Pereira. Aunque dejó sus funciones, asegura que la UTP sigue ocupando un lugar central en su corazón.

“La universidad me dio tranquilidad, estabilidad y una familia”, concluye. Para Gerney, la UTP no es solo una institución: es la historia de su vida.