Investigaciones lideradas desde el Laboratorio de Ecología Histórica y Patrimonio Cultural de la Universidad Tecnológica de Pereira evidencian que el Salado de Consotá es un sitio arqueológico muy valioso para comprender la relación entre naturaleza y cultura en la región. Los hallazgos —principalmente fragmentos cerámicos, estructuras de producción de sal y materiales de distintas épocas— permiten reconstruir prácticas ancestrales y dinámicas de ocupación humana de larga duración.






La Universidad Tecnológica de Pereira, a través del equipo de personas del Laboratorio de Ecología Histórica y Patrimonio Cultural de la Facultad de Ciencias Ambientales, continúa aportando al conocimiento del pasado regional mediante el estudio del Salado de Consotá, un sitio arqueológico que concentra evidencias materiales de ocupación humana y prácticas productivas que se remontan a miles de años.
El antropólogo Carlos Eduardo López Castaño, docente e investigador de la Institución, explicó que el enfoque de estos estudios parte de una perspectiva de ecología histórica, en la que se analizan las relaciones entre naturaleza y cultura a lo largo del tiempo. “Lo que tratamos de cubrir a partir de la parte académica e investigativa son las relaciones de naturaleza-cultura en perspectiva de larga duración”, señaló.
Uno de los principales hallazgos en el Salado de Consotá corresponde a una amplia presencia de fragmentos cerámicos asociados a actividades productivas, especialmente a la obtención de sal. A diferencia de otros sitios arqueológicos, no se han encontrado piezas completas, lo que sugiere un uso principalmente utilitario del lugar.
“En esos fragmentos ¿qué aspira uno? Pues puedes encontrar piezas, sí, o sea, formas de piezas… pero esos fragmentos de la sal son muy utilitarios”, explicó Carlos Eduardo López Castaño. Estas piezas han permitido reconstrucciones aproximadas de vasijas empleadas en procesos de evaporación de agua salada.






Según el investigador, dichas vasijas eran utilizadas para hervir agua salada durante largas jornadas hasta obtener sal sólida, un proceso que podía tardar horas o incluso días. “Se cocinaba de a poquito… se va deshidratando y va quedando así sal”, indicó, destacando la complejidad técnica y logística de esta práctica ancestral.
Uno de los descubrimientos más relevantes fue la identificación de una estructura tipo horno, asociada a la producción de sal. Este hallazgo fue realizado inicialmente por el geólogo alemán Michael Tistl, quien, a partir de estudios de salinidad en el terreno, logró ubicar el punto exacto del yacimiento.
Este tipo de estructuras refuerza la hipótesis de que el Salado funcionó como un centro productivo de sal desde tiempos prehispánicos hasta épocas más recientes, convirtiéndose en un punto de atracción tanto para animales como para comunidades humanas. “La sal es fundamental para la vida humana y no en todos lados hay… entonces era un sitio importante”, afirmó.
El Salado de Consotá no solo alberga vestigios prehispánicos, sino también materiales de épocas coloniales y republicanas, lo que evidencia una ocupación continua del territorio. Entre los hallazgos se incluyen fragmentos de vidrio, cerámica europea y objetos metálicos.
Uno de los casos más llamativos es el hallazgo de un fragmento de porcelana con inscripción internacional. “Decía: ‘Made in Occupied Japan’… es decir, que es de los años después de la Segunda Guerra Mundial”, relató el investigador, lo que permite fechar con precisión ciertos momentos de ocupación reciente del sitio.
Asimismo, se han documentado hallazgos singulares como un huevo preservado en condiciones arqueológicas, cuya presencia permitió incluso analizar niveles de salinidad en el entorno. “Haber encontrado ese huevo fue una historia interesantísima, además por la fragilidad”, agregó.
Aunque en el Salado no se han encontrado aún herramientas de piedra en profundidad, sí se han identificado en zonas cercanas como La Miquela, lo que sugiere una ocupación humana más amplia en el territorio.
“En el Salado no todavía, pero no quiere decir que no pueda haber… hemos excavado muy poquito”, precisó López Castaño, señalando que el potencial arqueológico del sitio es considerable, teniendo en cuenta que solo se ha intervenido una mínima parte del área total.
Actualmente, el Salado de Consotá es considerado un espacio de alto valor patrimonial, no solo por sus hallazgos, sino por su potencial para futuras investigaciones. Sin embargo, enfrenta desafíos en términos de conservación, gestión institucional y protección frente a intervenciones externas.
“El problema es cuando se altera un sitio… Ahí se pierde información”, advirtió el investigador, haciendo énfasis en la necesidad de un manejo articulado entre la academia y las entidades territoriales.
Finalmente, López Castaño destacó que este sitio permite comprender procesos históricos de larga duración en la región. “Te resumí ahí 10.000 años de historia”, concluyó, reafirmando la importancia del Salado de Consotá como un archivo vivo del pasado cultural y ambiental del territorio.








