Oriundo de La Dorada Caldas. Fabricó muebles en talleres pequeños y grandes empresas de Pereira. El suegro lo recomendó para trabajar en ebanistería. Empezó con órdenes de servicios y hace 27 años está de planta. En la UTP fabricó escritorios, sillas universitarias, muebles y divisiones para separar puestos de trabajo. Se considera hoy el “todero” de la universidad.






Oscar Eduardo Ospina es de origen campesino y aún conserva la alegría que almacenó desde su infancia cuando recorría los espacios que compartía con su familia en el campo de La Dorada y lo contagia en cada espacio al que llega para cumplir con su tarea diaria.
Ha pasado por talleres, oficinas y salones de la Universidad Tecnológica de Pereira garantizando que todo funcione. Ebanista de formación y “todero” por convicción, su trabajo ha dejado huella silenciosa en muebles, divisiones, ventanales y múltiples espacios del campus.
Óscar llegó a la UTP recomendado por su suegro, quien había sido jubilado del área de mantenimiento. En ese momento, la institución requería un ebanista, oficio que él había ejercido durante años en talleres y fábricas de muebles en Pereira y Dosquebradas.
Había trabajado en empresas como Muebles Jaime, y Carlopez, y otros talleres, en los que fortaleció su experiencia en la fabricación y restauración de mobiliario. Esa trayectoria fue clave para su vinculación inicial mediante órdenes de servicio. Con el paso del tiempo, su continuidad se consolidó hasta convertirse en trabajador de planta. En mayo próximo cumplirá 30 años de servicio a una institución que le cambió el rumbo de su vida.
En sus primeros años, el trabajo se centraba en la fabricación interna de muebles universitarios: escritorios, butacos, mesas, divisiones de oficina y mobiliario para distintas dependencias. Muchos de esos elementos aún permanecen en uso en diferentes áreas administrativas.
La transformación del oficio
Con el crecimiento institucional, el área de ebanistería se fue desvaneciendo por la misma evolución de la Universidad y por la modernización del sistema moviliario institucional. La universidad dejó de fabricar gran parte del mobiliario y el rol de Óscar se amplió hacia el mantenimiento general.
A la madera se sumaron nuevas tareas: reparación de chapas, ventanas, instalación y corte de vidrio, trabajos en aluminio, adecuaciones locativas y revisión de extintores. La experiencia acumulada lo llevó a desempeñar múltiples funciones dentro del equipo.
Él mismo se define como “todero”, un término que asume con orgullo. Considera que la disposición para aprender y adaptarse ha sido clave para responder a las necesidades cambiantes del campus.
Una vida construida en la universidad
Óscar ha hecho de la ciudad y de la universidad su entorno principal. Más allá del trabajo diario, la institución ha representado estabilidad para su familia.
Gracias a su empleo logró consolidar su vivienda y garantizar el bienestar de sus cuatro hijos. Dos de ellos residen actualmente en España, mientras que su núcleo familiar se complementa con cinco nietos.
“La universidad también me dio la oportunidad de hacer el bachillerato académico, en un programa especial que ofreció para trabajadores que no habíamos tenido la oportunidad de terminarlo”.
Con sentido de pertenencia
Oscar se considera grato con la universidad, valora cada momento vivido y cada espacio compartido, además de ponerle amor a su labor diaria, ha participado en representaciones deportivas y sindicales. Fue presidente de sindicato, representante de los trabajadores oficiales en Bienestar Universitario y delegado nacional sindical.
En el ámbito deportivo hizo parte del equipo de fútbol como arquero y actualmente participa en tejo, representando a la institución en diferentes encuentros regionales y nacionales.
Afirma que resulta gratificante que estudiantes y funcionarios lo identifiquen y lo saluden por su nombre, incluso sin haber tenido trato directo.
Actitud y vocación de servicio
Óscar sostiene que realiza su trabajo con gusto, no como una obligación. Disfruta especialmente las labores en el taller, donde puede fabricar o reparar elementos, recordando el origen de su oficio. Incluso los desplazamientos diarios por el campus los asume como parte de su rutina con actitud positiva.
Cercano a los 58 años, comienza a pensar en el cierre de su ciclo laboral. Sin embargo, continúa desempeñando sus funciones con el mismo compromiso que lo ha caracterizado durante tres décadas.
Su trayectoria refleja el valor del trabajo silencioso, desde la elaboración de un escritorio hasta la reparación de un vidrio, Óscar Eduardo Ospina, con cada detalle, por pequeño que sea, soluciona una necesidad o presta un servicio que aporta al bienestar y a la convivencia de docentes, estudiantes, administrativos y directivos de la Universidad. Él cada día está consolidando una historia laboral marcada por la constancia, la adaptación y el sentido de pertenencia.








