Era madre de una bebé de tres meses cuando llegó a la UTP. Su condición no era la mejor y un conocido de su hermana le había recomendado la universidad. Diego Osorio el Jefe de personal de entonces la entrevistó y la contrató hace 32 años. Hoy siente gratitud por la institución porque en ella  ha logrado cumplir sus sueños consolidar familia, estudiar y mejorar su condición de vida.

Cuando Germánia Calvo Trejos llegó a la Universidad Tecnológica de Pereira tenía apenas 20 años y con más preguntas que certezas. No conocía bien qué era una universidad y tampoco imaginaba que ese primer día marcaría el inicio de una historia que ya suma poco más de tres decadas.

Lo que comenzó como una oportunidad laboral se convirtió en su proyecto de vida.

Una llegada inesperada

Era el año 1994 cuando, gracias a un conocido de su hermana, se presentó a una entrevista. Recuerda que el entonces jefe de personal, Diego Osorio, la recibió y le pidió la cédula, pero no la llevaba consigo. Diego la miró y lo único que se le ocurrió decirle fue:  “Vuelva mañana con la cédula”, Germania pensó: “perdí esta oportunidad” sin embargo al día siguiente volvió. Y ocurrió lo que no se imaginó, ¡empezó a trabajar!

La primera  estación fue  Bellas Artes, aún funcionaba en el Parque Olaya Herrera. Allí, entre cubículos y largas jornadas de aseo, comenzó a entender la dinámica universitaria. Poco a poco se fue integrando, afiliada al seguro social, al fondo de empleasdos y al sindicato, incluso sin comprender del todo lo que aquello significaba. Con el tiempo, sus compañeras le explicaron, la orientaron y la hicieron sentir parte de algo muy grande, la familia UTP.

La universidad como estabilidad y sueño cumplido

Para Germánia, la universidad ha significado estabilidad. “Es decir, cumplir sueños”, resume con sencillez.

Gracias a su trabajo pudo sacar adelante a sus tres hijos, acceder a vivienda, bienestar y salud. Aquí terminó su bachillerato en 1999, a través de un programa especial para trabajadores que fue creado por iniciativa del rector de entonces, Carlos Albrto Ossa y de la decana de la facultd de Ciencias de la Educación Maria Teresa Zapata. Años después aprovechó otra oportunidad: cursó una Tecnología en Horticultura, un anhelo que tenía desde niña por su amor al campo.

“Fue una satisfacción muy grande poder estudiar, aunque fuera tarde”, dice. Formarse mientras trabajaba y criaba a sus hijos no fue fácil, pero lo logró.

Hoy vive en una finca con su esposo, a una hora de Pereira, cerca a Belalcazar Caldas. Disfruta del paisaje del valle de Risaralda, uno de los más hermosos de Colombia. Allí cultivan café, plátano y yuca; tiene una pequeña huerta, cuida gallinas y administra los huevos que produce el pequeño proyecto familiar. La formación en horticultura no fue solo un título: le dio herramientas para aplicar en su vida cotidiana. No le importa viajar todos los días porque ama sus espacios, el de su casa rural y la UTP, llena de conocimientos y aunqe no tiene contacto con los estudiantes, la colman todos los días de juventud, dice.

La UTP su espacio de vida

El tiempo vivido atendiendo servicios genrales la ha llevado por distintas dependencias: Primero en el Olaya Herrera donde inició su mágica travesía  en la Universidad, luego en el Centro de Recusos Informaticos y Educaivos, CRIE; la Facultad de Ingeniería Mecánica, la sede de San Luis, y actualmente un espacio de encuentro para docentes y administrativos. En cada lugar ha dejado su sello: orden, limpieza y compromiso. 

“Esta es también mi casa, aquí paso lamayor parte del tiempo”, afirma. Llega antes del amanecer y muchas veces se va cuando ya oscurece. Más tiempo en la Universidad que en su propio hogar.

Recuerda con nostalgia el terremoto que afectó a Bellas Artes. “Fue como si se me hubiera caído la casa”, confiesa. Así de profundo es su vínculo con la institución.

Motivadora de la cultura ambiental

Uno de los aspectos que hace especial a Germania,  es su compromiso con el reciclaje y la separación de residuos. Se sensibilizó en capacitaciones institucionales y desde entonces promueve la cultura ambiental en cada dependencia donde trabaja.

Le incomoda ver todo en una sola caneca. Enseña, explica y corrige con paciencia. “Si separamos desde la fuente, facilitamos el trabajo del otro”, dice. Esa misma práctica la lleva a su hogar y la inculca a sus hijos.

Crece mientras se trabaja

Germánia comenzó a trabajar desde los 13 años cuidando personas mayores y niños. La universidad fue su primer empleo estable, pero también el espacio donde pudo crecer académicamente.

Criar tres hijos mientras cumplía turnos exigentes no fue sencillo. Hubo momentos difíciles, permisos complicados y carreras entre el trabajo y el colegio de los niños. Sin embargo, siempre encontró la manera de cumplir en ambos frentes.

Hoy sus hijos también han pasado por la educación superior: Deporte y Recreación, Antropólogía, Trabajo Social e Ingeniería Eléctrica. Verlos avanzar ha sido una de sus mayores satisfacciones.

Amor y pertenencia

Cada día que pasa en la UTP es como si fuera el primero, ama sus espacios, “La Universidad es muy bonita, mucho verde”, dice. Cuenta que cuando regresa de vacaciones siente alegría de volver. “No todas las personas tienen la oportunidad de contar con un trabajo estable al que se regresa con tranquilidad”.

La universidad le ha dado todo: sustento, estudio para sus hijos, bienestar. Y ella, a cambio, le ha entregado su fuerza de trabajo, su transparencia y su compromiso diario.

“Donde me pongan, trabajo con amor”, afirma con convicción. No teme a los cambios de dependencia. Se considera “todoterreno”.

Para rato

Después de 32 años, los dolores musculares propios del trabajo repetitivo aparecen, pero asegura que todavía tiene energía para continuar. Quiere permanecer mientras pueda hacer bien su labor.

Se siente feliz todos los días. No habla de grandes reconocimientos ni de cargos directivos. Su orgullo está en cumplir, en mantener impecables los espacios que otros disfrutan, en recibir con amabilidad y en saber que con su trabajo también aporta a la universidad.

La historia de Germánia Calvo Trejos es la de muchas manos que sostienen silenciosamente la vida universitaria. Una vida construida entre madrugadas, compromiso y amor por la institución que, hace 32 años, le abrió las puertas.