Fue el promotor de la Cápsula del Tiempo que recientemente se instaló en la Universidad, para ser abierta en su centenario. El maestro Mario Hoyos le despertó su pasión por los sistemas automáticos de producción. Es un docente catedrático que, como muchos, espera ser profesor de planta de la UTP. Hijo de padres campesinos, formado en escuela rural y colegio público. 

Es el ingeniero Francisco Javier Henao, quien llegó a la Universidad Tecnológica de Pereira en 1990 cargado de sueños y ganas de crecer entre maquinas, proyectos y materiales.  Hoy, más de tres décadas después es profesor de la Facultad de Mecánica Aplicada, ingeniero formado en la UTP y un docente que entiende la enseñanza como un puente entre la teoría, la práctica y la vida.

De la escuela rural al campus universitario

Francisco vivió su niñez en el campo. En una escuela del corregimiento de la Florida aprendió a hacer sus primeros trazos y las primeras operaciones matemáticas. Hace parte de una familia campesina que le inculcó el valor del trabajo, la fe y la honestidad. 

 Las distancias entre el lugar de vivienda y el colegio, dificultaba su proceso formativo, eso llevó a su familia a desplazarse a una zona más cercana al casco urbano de la ciudad, cursó el bachillerato en el colegio INEM Felipe Pérez, una etapa que recuerda con especial cercanía, pues allí tuvo la oportunidad de acercarse a lo que después sería su identidad profesional y porque pudo compartir aulas, aprendizajes y amistades que hoy siguen vigentes.

Se hizo bachiller en 1986, de inmediato, cumplió con el servicio militar y vivió un periodo de búsqueda personal. Fue entonces cuando la Universidad Tecnológica de Pereira apareció como una posibilidad concreta para su futuro. Sin pensarlo dos veces en 1990 se matriculó en Tecnología Mecánica, porque su puntaje no le alcanzaba para ingresar a la Ingeniería. 

Experiencia internacional

Su paso por la universidad no fue inmediato ni sencillo. En 1993, cuando estaba a punto de graduarse, recibió una oferta laboral que cambiaría su rumbo: trabajar como tornero en Suiza. Decidió asumir el reto y pasó un periodo cercano a los cinco años en el exterior, adquiriendo una experiencia técnica que marcaría su forma de entender la ingeniería.

A su regreso a Colombia retomó sus estudios. En medio de reformas curriculares y actualizaciones del programa, finalizó su tecnología en el año 2000 y continuó de inmediato con la Ingeniería Mecánica, título que obtuvo en 2003. “La universidad siempre estuvo ahí, esperando el momento”, dice.

El regreso como profesional

En 2004 trabajó en el área técnica de Suzuki, en motores fuera de borda, una experiencia que fortaleció su conocimiento práctico. Dos años después, en 2006, una convocatoria en la UTP le abrió una nueva puerta: ingresó como asistente de laboratorio en la Facultad de Mecánica Aplicada. Ese mismo año inició la maestría en Sistemas Automáticos de Producción.

Fue allí donde encontró a quien reconoce como su mayor referente académico y humano: el ingeniero Mario Hoyos Mesa. “Todo lo que sé en sistemas dinámicos se lo debo a él”, afirma con gratitud. Junto a él y al ingeniero Fernando Alzate, ya fallecido, se formó en instrumentación, control, hidráulica, neumática y mantenimiento industrial, aprendizajes que hoy siguen presentes en su ejercicio docente.

La docencia como vocación

Su llegada a la docencia fue natural. Primero como apoyo en prácticas, luego como reemplazo en clases y finalmente como docente catedrático, rol que ejerce desde 2008. Son ya casi dos décadas formando estudiantes de pregrado y posgrado.

Como profesor se define exigente, pero flexible. “Lo importante es que el estudiante entienda cómo llevar una ecuación a una máquina, cómo aterrizar la teoría en la práctica”, explica. Para él, enseñar ingeniería no es memorizar fórmulas, sino comprender procesos reales y resolver problemas concretos.

La relación con los estudiantes ha sido una de sus mayores escuelas. “La retroalimentación con ellos también nos forma a nosotros”, reconoce.

Más allá del aula

Francisco cultiva otras pasiones que complementan su ejercicio diario, practica el fisiculturismo y el fitness, hace parte de la Liga Risaraldense de esta disciplina y, junto a docentes de la Facultad de Ciencias del Deporte y la Recreación, lidera desde hace varios años el evento Mister Olimpia UTP, un espacio que promueve el bienestar y la actividad física en la comunidad universitaria.

Recientemente se destacó por ser el creador del proyecto Cápsula del Tiempo UTP, una iniciativa que reunió testimonios, fotografías, videos y memorias de profesores, estudiantes y directivos, con el propósito de preservar la historia viva de la universidad. La cápsula será abierta en 2061, durante el primer centenario de la institución.

“Ahí quedó guardada la forma como enseñamos, como aprendemos y como vivimos la universidad en esta época”, explica.

En la ceremonia protocolaria para el cierre de la cápsula del tiempo, puso en evidencia otra de sus aficiones, el canto. Lo hace de manera aficionada con gran talento.

Valores que lleva en su vida

Su vida está guiada por valores aprendidos desde la infancia: la fe, la humildad, la honestidad y la capacidad de dialogar y no alimenta rencores. “Pedir perdón, conversar y reconocer al otro también hace parte de mi formación”, afirma.

Mirar hacia adelante

La UTP le ha dado tres títulos, tecnólogo, ingeniero y magíster y una trayectoria laboral que valora profundamente. Por eso, uno de sus grandes anhelos es convertirse en docente de planta y retribuir a la institución todo lo que ha recibido. “Quiero poner al servicio de la universidad todo lo que sé y todo lo que puedo aportar”, dice con convicción.

En el ámbito personal, al lado de su esposa, proyecta sueños que van más allá de la academia, como crear espacios de actividad física para personas con sobrepeso o dificultades de movilidad, convencido de que el ejercicio también transforma vidas.

Mientras tanto, continúa enseñando, alimentando sus sueños y dejando su huella en la Universidad Tecnológica de Pereira.