Hay vidas que no eligen la docencia por azar, sino por mandato de la sangre y convicción del alma. La de la profesora Martha Lucía Garzón Osorio lleva la impronta de un hogar donde padre y madre fueron maestros, enseñándole desde niña que educar no es transmitir contenidos, sino sostener la existencia del otro. Formada inicialmente en fonoaudiología, Martha descubrió muy temprano que su verdadero lugar no estaba entre las cuatro paredes clínicas de un consultorio, sino en la intemperie luminosa de un salón de clases, acompañando a niños, niñas y jóvenes con discapacidad intelectual, autismo y desafíos psicosociales.




En 2004, sus pasos llegaron por primera vez a la Universidad Tecnológica de Pereira para acompañar los procesos de formación de los futuros profesionales de comunicación oral y escrita en Ciencias del Deporte y la Recreación. Un año después, la Facultad de Ciencias de la Educación la convocó para orientar la cátedra de lo que entonces se denominaba Necesidades Educativas Especiales. Pero el año 2007 le planteó un dilema ético inaplazable: no podía hablar de inclusión en las aulas universitarias mientras mantenía la mirada en una institución segregada de educación especial. Escuchó a su coherencia interior, renunció al centro asistencial y decidió sembrar su vida entera en la UTP.
Comprendió que para enseñarle a maestros y maestras debía formarse a sí misma. Realizó su Maestría en Educación en 2011 e ingresó como docente a este mismo posgrado en la Facultad de Ciencias de la Educación. Consolidó la línea de investigación en Educación Inclusiva y Didácticas Flexibles, fundó el semillero de Diversidad y, en 2016, asumió la docencia transitoria de tiempo completo en dicha facultad. A partir de allí, su rango de acción se amplió hacia otros programas como la Maestría en Educación y Arte de la Facultad de Bellas Artes de nuestra universidad, así como hacia otras maestrías de la región. Hace año y medio, sus colegas la eligieron como directora del Departamento de Psicopedagogía, liderando las licenciaturas en Educación Infantil y en Básica Primaria.
Aun con las responsabilidades del cargo administrativo, la «profe Martha» jamás soltó el marcador, ni la conversación pedagógica. Declarada discípula del pensamiento de Carlos Skliar, Paulo Freire y Joan-Carles Mèlich, sus clases siguen siendo territorios de preguntas punzantes, diálogos profundos y acogida incondicional hacia la fragilidad humana; espacios donde la diferencia nunca es un problema a corregir, sino una riqueza radical a celebrar.





En 2020, en medio de la incertidumbre colectiva de la pandemia, Martha emprendió la cumbre de su camino académico: el Doctorado en Didáctica. Guiada por la línea de Ciencias Sociales, construyó su tesis doctoral junto a una cohorte de catorce estudiantes de la Licenciatura en Pedagogía Infantil, desentrañando cómo conciben ellos la diversidad. El resultado fue una investigación de tanta hondura y sensibilidad que los evaluadores externos, tanto nacionales como internacionales, la recomendaron con mención laureada.
Hoy, tras 22 años recorriendo los caminos de la UTP bajo la lluvia y el sol de Pereira, Martha Lucía Garzón Osorio recibirá el título de Doctora en Didáctica. Lo hará con la emoción serena de quien ha entregado cada día a defender que la docencia es la profesión más noble de la humanidad, demostrando que en el corazón de un maestro o maestra no solo late el futuro de un país, sino el presente sagrado de cada ser humano.








