El terremoto del pasado 10 de agosto transformó las dinámicas de Pereira y Dosquebradas y puso a prueba la capacidad de respuesta de la comunidad frente a la emergencia. En medio de las afectaciones, los emprendimientos que hacen parte del ecosistema Barranqueros de la Universidad Tecnológica de Pereira también se movilizaron para aportar, desde sus conocimientos, capacidades, productos, redes y recursos, a las necesidades que surgieron en el territorio.





Aunque muchos de estos emprendimientos también enfrentaron afectaciones derivadas del sismo, encontraron diferentes maneras de contribuir. Algunos participaron directamente en la atención de necesidades urgentes, mientras otros movilizaron recursos, generaron alianzas, desarrollaron productos con propósito social o adaptaron temporalmente sus procesos productivos para responder a las condiciones de la emergencia. “Estos son algunos de los ejemplos de una movilización mucho más amplia de nuestra comunidad emprendedora. Nuestros emprendimientos, con actividades económicas y conocimientos diferentes, tuvieron algo en común en ese momento: la capacidad de identificar una necesidad, actuar, conectar personas y poner todo lo que saben hacer al servicio del territorio”, destacó Yurani Calvo Trejos, profesional de Emprendimiento de la Vicerrectoría de Investigaciones, Innovación y Extensión de la UTP.
Uno de los emprendimientos que se movilizó desde el primer momento fue Impulsora, que puso sus conocimientos y equipos del sector de la construcción al servicio de la atención de la emergencia. Sus integrantes participaron en evaluaciones estructurales, aseguramiento de obras, retiro de elementos que representaban riesgo y orientación a las comunidades sobre las medidas que debían adoptar.
Su trabajo también avanzó hacia el aseguramiento temporal de viviendas afectadas y, posteriormente, hacia procesos de recuperación y reconstrucción mediante la articulación con profesionales, empresas y aliados que facilitaron materiales para atender las necesidades de las familias. “Desde el primer día del sismo, nuestros equipos de construcción salieron a asegurar obras, a explicarle a la gente por dónde caminar en los sitios activos, a demoler elementos que ponían en peligro la vida y el patrimonio de las personas. Así demolimos vigas, muros que estaban colgando sobre techos”, explicó Héctor Reinosa, uno de los creadores de esta constructora.
El emprendimiento posteriormente concentró esfuerzos en proteger espacios que habían quedado expuestos por el colapso de fachadas y techos. “Allí llegábamos con plásticos, con geomembranas, con tejas de zinc para que las personas pudieran volver a tener su refugio. Y en una etapa posterior, que es en la que estamos actualmente, venimos con varios aliados empezando reconstrucción de techos, reconstrucción de viviendas, personas que nos han donado materiales para poder hacerlo”, agregó.
Desde las industrias creativas y culturales, Amazuro convirtió el diseño y la pintura a mano en una herramienta para movilizar recursos destinados a las familias afectadas. La iniciativa surgió a partir de la creación de dos diseños de camisetas inspirados en la emergencia: una flor que resurge entre ladrillos agrietados y un puño que se alza entre los escombros.
Las prendas fueron comercializadas a $50.000, de los cuales $30.000 se destinaron directamente a los damnificados y $20.000 correspondieron a los materiales necesarios para su elaboración. “Después del terremoto, lanzamos una iniciativa solidaria, dos diseños de camisetas, una flor que resurge entre ladrillos agrietados y un puño que se alza entre los escombros. Cada una la pintamos a mano, una por una”, señaló Jessica Betancourt, fundadora de Amazuro.
La iniciativa ha permitido entregar más de 50 camisetas y destinar los recursos recaudados a ayudas económicas para familias cuyas viviendas presentan afectaciones reparables. Además, la propuesta dio paso a una alianza con Vaivén, otro emprendimiento del ecosistema Barranqueros, y motivó la participación de otros emprendedores de la ciudad.
La solidaridad también encontró una respuesta desde la economía circular. Ecoremake, emprendimiento dedicado a la transformación de residuos textiles empresariales, adaptó su capacidad productiva para atender las necesidades de perros y gatos que quedaron perdidos o desprotegidos como consecuencia de la emergencia. A partir de textiles donados por empresas, recursos aportados por la comunidad y su propia mano de obra, el emprendimiento proyectó la elaboración de 300 guacales para facilitar el transporte seguro de animales pequeños.
Hasta el momento, se han producido y entregado 150 unidades a fundaciones y rescatistas locales, con la intención de ampliar posteriormente esta labor hacia Buenaventura. “Ante la emergencia, transformamos también nuestra producción en apoyo directo para aquellos que no tienen voz. En vista a animales desaparecidos y desprotegidos, nos pusimos manos a la obra para confeccionar guacales de transporte seguro destinados a gatos y perros pequeños. Esta labor ha sido un trabajo en equipo”, explicó Samara Ramírez Tobón, líder de Ecoremake.
La iniciativa ha sido posible gracias a la articulación de diferentes actores. “Nuestros gestores donaron gran parte del textil, nuestra comunidad y red de apoyo aportaron los recursos para los insumos faltantes y, por supuesto, Ecoremake asumió la mano de obra y el desarrollo de los mismos”, agregó Ramírez Tobón.
Las experiencias de Impulsora, Amazuro, Vaivén y Ecoremake representan solo algunos ejemplos entre los numerosos emprendimientos del ecosistema Barranqueros UTP que encontraron maneras de contribuir durante la emergencia. Desde diferentes sectores, conocimientos y capacidades, la comunidad emprendedora se vinculó a las necesidades del territorio y demostró que el emprendimiento también puede convertirse en una herramienta para generar respuestas frente a situaciones que afectan a la sociedad.
Desde la Vicerrectoría de Investigaciones, Innovación y Extensión se reconoce y destaca la capacidad de respuesta de los emprendedores Barranqueros UTP durante uno de los momentos más difíciles para la región. Estas experiencias evidencian que el impacto de un emprendimiento trasciende las ventas y el crecimiento económico, al reflejar también su capacidad para transformar el conocimiento y el talento en soluciones al servicio de la comunidad. De esta manera, el conocimiento, la iniciativa, la capacidad propositiva, la solidaridad y el compromiso con el entorno se consolidan como parte del ADN del emprendedor UTP.








