Después de varias semanas marcadas por la virtualidad, los pasillos de los laboratorios de la Escuela de Química, de la Facultad de Tecnología, de la Universidad Tecnológica de Pereira, que alberga los pregrados de Tecnologia Quimica y Quimica Industrial, vuelven a tener el movimiento que los caracteriza: estudiantes con delantales, gafas de seguridad, equipos en funcionamiento, reactivos químicos y materiales sobre las mesas y, sobre todo, la posibilidad de volver a aprender haciendo.
El regreso hace parte de la apertura gradual de los espacios de la UTP, un proceso que avanza paso a paso y bajo condiciones de seguridad, priorizando el bienestar de estudiantes, profesores y administrativos y dando especial atención a aquellas actividades académicas que requieren presencialidad, como lo son las prácticas de laboratorio.






“Ya extrañábamos volver al laboratorio”, dice Ana Sofía Fernández, estudiante de cuarto semestre de Química Industrial. Su frase resume una sensación que se repite entre quienes regresan a estos espacios después de un periodo en el que buena parte de su formación tuvo que trasladarse a la virtualidad.
En los laboratorios de los programas de la Escuela de Química, la presencialidad tiene un significado particular. Allí, la teoría aprendida en las aulas se convierte en experimentos, análisis y resultados que permiten comprobar aquello que antes se estudiaba en el papel o a través de una pantalla.
Carlos Humberto Montoya Navarrete, jefe de Laboratorios de la Escuela de Química, explica que este regreso se desarrolla bajo un proceso avalado por la Vicerrectoría Académica. La programación contempla la asistencia de cerca de 750 estudiantes rotando durante la semana, de lunes a sábado, con una mayor afluencia de personas los días lunes y miércoles.
“En los dos programas académicos se tiene como fundamento que las prácticas de laboratorio son necesarias, donde hay que experimentar. La teoría es muy importante, pero el laboratorio se constituye en esa forma de corroborar esas teorías, conceptos, leyes, etc, que los docentes enseñamos en nuestras clases”, explica Montoya Navarrete.
Y es que en estos espacios cada práctica tiene un propósito específico. Los estudiantes desarrollan ejercicios de química general, química orgánica, Bioquímica, análisis industriales, microbiología, Fisicoquímica, prácticas de análisis de agua y suelos, prácticas de alimentos y análisis instrumental, entre otras áreas de conocimiento propias de su formación.
Para Ana María Aranda Mosquera, estudiante de cuarto semestre de Química, volver significa recuperar una parte esencial de la experiencia universitaria. “Estar con los compañeros y volver a las clases prácticas se disfruta muchísimo. Son de esas cosas que hacen a la UTP más especial”, expresa.
El reencuentro también tiene una dimensión que va más allá de los equipos y los procedimientos. Después de un periodo en el que profesores y estudiantes tuvieron que adaptarse a otras formas de enseñanza, volver a compartir un mismo espacio permite recuperar conversaciones, aprendizajes colectivos y esa experiencia que surge cuando el conocimiento se construye entre compañeros.
“Una cosa es la parte a través de un Meet, pero muy diferente es poder experimentar realmente en el laboratorio nuestras teorías”, señala el jefe de Laboratorios.
La alegría también se percibe entre los estudiantes. Montoya Navarrete cuenta que, durante estos primeros días, ha recibido mensajes positivos de quienes regresan: “Están felices de poder estar acá, de estar con sus compañeros, de volver a retomar esta actividad”.
Así, mientras la Universidad Tecnológica de Pereira continúa habilitando sus espacios de manera progresiva y segura, los laboratorios vuelven a cumplir su papel como escenarios de aprendizaje, experimentación y encuentro. No se trata simplemente de abrir una puerta: detrás de cada espacio habilitado hay evaluaciones, condiciones y decisiones orientadas a garantizar un regreso seguro.
En la Escuela de Química, ese regreso ya comenzó. Y entre tubos de ensayo, equipos, experimentos y batas blancas, la UTP vuelve a recuperar una de esas imágenes que hacen parte de su vida universitaria: estudiantes aprendiendo, preguntando, experimentando y construyendo conocimiento juntos.
Porque el regreso de la UTP también se construye paso a paso, priorizando la seguridad, el bienestar y la continuidad de la formación.








