El pasado 31 de julio, el ambiente en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Pereira estuvo cargado de una emoción particular.No se trataba solo de un acto institucional más, sino de un hito académico que reafirma el compromiso de nuestros futuros médicos veterinarios con la profesión y la sociedad. La ceremonia de imposición de Batas Blancas, el evento que marca formalmente el inicio de las prácticas profesionales para los estudiantes del programa de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

Entre las miradas de orgullo de docentes y familiares, las batas impuestas representaron mucho más que una prenda de vestir; simbolizan la ética, el compromiso y el paso definitivo del aula a la acción en beneficio de la salud animal y el bienestar comunitario.

Para Daniela Castaño, estudiante de noveno semestre, este hito representa el cierre de un ciclo de aprendizaje profundo y la apertura de una etapa donde la teoría se convierte en vocación pura.

«Me siento muy feliz y orgullosa por la imposición de batas blancas. Es un nuevo paso en nuestra carrera profesional, donde podemos poner en práctica todo lo aprendido a disposición de aquellos que más lo necesitan», expresa Daniela con entusiasmo.

Afrontar esta fase no es una tarea menor, pero los futuros médicos veterinarios y zootecnistas lo asumen con una premisa clara: amor y respeto absoluto por la vida de sus pacientes.

El recorrido universitario deja huellas imborrables. Para Daniela, estos años en la UTP no solo le otorgaron herramientas técnicas para el diagnóstico y tratamiento clínico, sino una verdadera transformación personal gracias a la guía de docentes que moldearon su visión del mundo.

Sin embargo, sus maestros no solo estuvieron en las aulas de clase.«Los pacientes a nosotros nos enseñan cómo ser más humanos, nos enseñan a tener más empatía y nos abren un mundo totalmente nuevo. Es algo que valoro muchísimo», reflexiona la Daniela.

La llegada a las prácticas clínicas significa enfrentarse a la realidad diaria del ejercicio profesional. En este nuevo escenario, la visión de la medicina veterinaria trasciende al animal, integrando el impacto emocional y social que este tiene en su entorno familiar.

Con la bata blanca puesta, Daniela afronta este nuevo horizonte con metas claras: dar lo mejor de sí cada día, mantener la humildad para seguir aprendiendo y convertirse en una profesional integral. 

La ceremonia del 31 de julio no solo vistió de blanco a una nueva cohorte de estudiantes de la UTP; reafirmó que el futuro de la medicina veterinaria en la región está en manos de profesionales con ciencia, pero, sobre todo, con un profundo sentido de humanidad.