Cuando Andrés Felipe Rodas Rengifo llegó a Pereira desde Toro – Valle, un pequeño municipio del norte del Valle del Cauca, lo hizo con una maleta llena de expectativas y la convicción de que quería estudiar en la Universidad Tecnológica de Pereira. Hoy, a sus 29 años, recibe su título de Ingeniero en Sistemas y Computación, culminando un camino marcado por la perseverancia, el liderazgo, el deporte y el deseo constante de aportar a los demás.
Su ingreso a la universidad no fue inmediato. En un primer intento fue admitido, pero las dificultades económicas le impidieron iniciar sus estudios. No obstante, decidió volver a intentarlo. En esa segunda oportunidad coincidió con la implementación de la matrícula cero, una posibilidad que cambió el rumbo de su historia.
Instalarse en Pereira también significó empezar una nueva etapa lejos de su familia. Aunque anteriormente había vivido un tiempo en la ciudad, regresar para iniciar la universidad implicó comenzar prácticamente desde cero. Con el apoyo de su padre, campesino dedicado al cultivo de guayaba en Toro – Valle, encontró un lugar donde vivir y poco a poco construyó una nueva rutina junto a los compañeros con quienes hoy comparte vivienda.
Desde el inicio entendió que la experiencia universitaria iba mucho más allá de asistir a clases. Su curiosidad, el gusto por la tecnología y el interés por compartir el conocimiento lo llevaron a involucrarse en diferentes escenarios que marcaron profundamente su formación.
Uno de ellos fue el movimiento estudiantil, espacio en el que fortaleció su liderazgo y construyó amistades que aún conserva. Además, representó a los estudiantes del programa de Ingeniería en Sistemas y Computación ante el Comité Curricular y participó activamente en el Consejo Estudiantil. «Ser parte del movimiento estudiantil me dejó grandes amigos y grandes aprendizajes. Me permitió entender la universidad desde otra perspectiva y trabajar por mis compañeros», afirma.
Paralelamente encontró en el deporte otra forma de representar a la institución. Como integrante de la selección de taekwondo de la UTP participó en competencias regionales y nacionales universitarias, alcanzando importantes resultados que recuerda con orgullo. «Representar a la universidad a través del deporte fue una de las experiencias más bonitas que viví. Competir llevando el nombre de la UTP siempre fue motivo de orgullo», señala.
Sin embargo, uno de los proyectos que más satisfacción le dejó durante su paso por la universidad fue la creación del Semillero de Desarrollo de Juegos y Gamificación, una iniciativa que nació gracias a su interés por acercar a otros estudiantes al desarrollo de videojuegos y a nuevas metodologías de aprendizaje.
Aunque reconoce que iniciar el proceso no fue sencillo, encontró el respaldo necesario para convertir la idea en realidad. «Al principio tenía muchos nervios. El profesor Alexander Molina Cabrera creyó en la idea, me impulsó y me dio la confianza para comenzar. Gracias a ese apoyo logramos conformar un equipo de personas muy talentosas y construir un espacio donde aprender, investigar y enseñar», recuerda.
Para Andrés, el verdadero propósito del semillero siempre fue ayudar a que otros estudiantes perdieran el miedo de expresar sus ideas, fortalecieran sus habilidades para comunicar el conocimiento y encontraran un espacio donde aprender colaborativamente. «Quería que quienes llegaran al semillero no solo aprendieran sobre desarrollo de videojuegos, sino que también adquirieran herramientas para enseñar a otros. La idea siempre fue construir un relevo generacional y demostrar que el conocimiento crece cuando se comparte», explica.
Su interés por enseñar también surgió durante las monitorías académicas que realizó en la Facultad de Ingenierías, experiencia que fortaleció su deseo de convertirse algún día en docente universitario. «Me gusta ayudar a las personas. Enseñar es brindar herramientas para que otros puedan construir su propio camino. Me gustaría ganar experiencia en la industria y, más adelante, regresar a la UTP como profesor», expresa.
Al mirar hacia atrás, reconoce que el mayor aprendizaje no provino únicamente de los contenidos académicos, sino de todas las experiencias que vivió dentro del campus. «Lo que más me llevo de la UTP son las personas, los profesores que estuvieron dispuestos a enseñarme, las oportunidades que encontré y todo lo que aprendí fuera del salón de clase. La universidad me permitió crecer como profesional, pero también como persona».
Convencido de que la vida universitaria trasciende las aulas, comparte un mensaje para quienes apenas comienzan este recorrido. «La universidad no es solo ir a clase y volver a casa. Aquí hay semilleros, deporte, representación estudiantil, amistades y oportunidades que pueden cambiar la vida. Cada estudiante vive su proceso a su propio ritmo. No hay que compararse con nadie ni creer que una nota define quién eres. Lo importante es aprovechar cada experiencia y disfrutar el camino».
Al culminar esta etapa, Andrés Felipe Rodas Rengifo no solo recibe un título profesional. También se despide de una universidad en la que encontró oportunidades para liderar, investigar, competir, enseñar y construir comunidad. Con la mirada puesta en una futura maestría y el anhelo de regresar algún día como docente, inicia una nueva etapa llevando consigo el orgullo de ser egresado de la Universidad Tecnológica de Pereira y la convicción de que el conocimiento adquiere mayor valor cuando se pone al servicio de los demás.








