Cuando un estudiante de la Facultad de Ciencias Agrarias y Agroindustria de la Universidad Tecnológica de Pereira ingresa a un laboratorio para realizar un experimento, encuentra un espacio seguro. Nada de esto es fortuito. Detrás de cada práctica académica hay un engranaje milimétrico coordinado por técnicos de laboratorio con perfil profesional, quienes aseguran que la ciencia se ejecute con rigor, orden y total seguridad.


En el Edificio 16C del campus, la responsabilidad de custodiar y dinamizar siete laboratorios clave (los espacios 111, 110, 109, 204, 203, 205 y 206) recae sobre Manuela Castaño Useche y Daniel Steven Fernández Henao. Su labor atiende transversalmente a los diferentes programas de la facultad.
Lejos de cumplir una labor operativa, el equipo técnico aporta un robusto criterio científico a los laboratorios. Manuela Castaño es profesional en Microbiología, mientras que Daniel Steven Fernández es Químico Industrial y actualmente cursa la Maestría en Desarrollo Agroindustrial.
Esta formación les permite hablar el mismo idioma que los docentes investigadores y diseñar la planeación teórica-práctica de cada asignatura. Su rol abarca desde la preparación de materiales y reactivos específicos según el fabricante, hasta la gestión administrativa que sostiene el funcionamiento del edificio: mantenimientos preventivos y correctivos de equipos de alta complejidad, revisión de instalaciones y tuberías de gas, y proyecciones de inventarios anuales para garantizar que los recursos nunca falten.
Uno de los pilares más exigentes de su trabajo es velar por la bioseguridad y el cuidado del medio ambiente dentro del campus. Manuela y Daniel actúan como los primeros del orden en el uso de los Elementos de Protección Personal.
«Tenemos que velar porque siempre estén los recursos necesarios y que los estudiantes utilicen su respectiva bata, gafas y guantes. Cuando manejan reactivos peligrosos, supervisamos que lo hagan con los cuidados que se requieren», explican los técnicos.
Asimismo, lideran la gestión de la ruta de residuos químicos y biológicos de la facultad. Esto implica asegurar que cada sustancia de desecho quede correctamente rotulada y depositada en los recipientes idóneos en el momento exacto de la práctica, garantizando un manejo ambiental responsable alineado con las políticas de la universidad.
Aunque las clases son entera responsabilidad de los profesores y cuentan con el respaldo de estudiantes monitores (jóvenes que ya cursaron la materia y actúan como su mano derecha), el éxito de la jornada depende de una capacitación previa dictada por el equipo técnico. Antes de encender los mecheros o activar los equipos, los técnicos coordinan jornadas de inducción junto al área de Salud y Seguridad en el Trabajo. En estos espacios, tanto docentes como monitores se actualizan en el manejo seguro de tecnologías y en la correcta disposición de residuos.
«A pesar de que el docente está al mando, el monitor es la mano derecha de ellos y de nosotros. Por eso les damos capacitación en el manejo de algunos equipos y en cómo disponer los residuos», señalan, destacando que, aunque su rol es de soporte técnico, están listos para respaldar la seguridad del aula ante cualquier eventualidad.
Gracias a la rigurosidad, pasión y conocimiento de profesionales como Manuela y Daniel, los laboratorios del Edificio 16C se consolidan como espacios seguros de aprendizaje y transformación agroindustrial para la región.








