El tránsito por la vida universitaria va mucho más allá de las aulas y los laboratorios; implica un reto de adaptación, crecimiento personal y manejo de la salud mental. En la Facultad de Tecnología, este engranaje de apoyo tiene un nombre propio: el Programa de Acompañamiento Integral (PAI), una estrategia alineada con la política de Bienestar Institucional que busca garantizar que los estudiantes no solo ingresen a la educación superior, sino que culminen su ciclo con éxito.

Al frente de esta labor en la facultad se encuentra Olga Lucía Peláez, psicóloga de profesión y orientadora del PAI, quien describe el programa como un puente directo hacia la mejora de la calidad de vida de toda la comunidad universitaria, incluyendo a docentes, administrativos y, de manera central, a los estudiantes.

El impacto del PAI se sostiene sobre una estructura de cuatro líneas de acompañamiento fundamentales que cobijan al estudiante desde su primer día en el campus hasta su egreso oportuno: la académica, la socioeconómica, la informativa y la  psicosocial.

«Desde la facultad nos enfocamos específicamente en la salud mental, la inclusión y los modos y estilos de vida saludable», explica Peláez, enfatizando que el bienestar emocional es el piso sobre el cual se construye el éxito académico.

El alcance del programa en la Facultad de Tecnología evidencia la alta demanda de estos servicios de orientación. En lo que va del semestre, la oficina del PAI ha registrado cerca de 500 atenciones individuales, un espacio personalizado donde se abordan las problemáticas y dificultades particulares que los jóvenes enfrentan en su cotidianidad. Sin embargo, el impacto se multiplica cuando se pasa al plano colectivo. A través de talleres, charlas de interés y encuentros grupales, el programa logra convocar entre 400 y 600 estudiantes adicionales.

Estas intervenciones colectivas se realizan bajo una metodología dinámica que se traslada directamente al entorno del estudiante. «A veces lo hacemos dentro de las aulas de clase cuando el docente detecta una necesidad específica y nos solicita el espacio; es la forma más idónea de intervenir en su propio contexto. También nos tomamos los auditorios y los espacios abiertos en diferentes partes del campus», señala la psicóloga.

Detrás de las cifras y las estrategias institucionales hay un componente humano impulsado por la vocación. Para Olga Lucía Peláez, estar al frente del PAI en esta facultad es el reflejo de una labor que asume con profunda dedicación.

«Lo hago con mucha pasión. Creo que estoy en el lugar indicado para mí porque he visto los resultados y cada vez me siento más feliz de poder ayudar a los estudiantes a alcanzar sus objetivos, a salir adelante y a superar las dificultades que presentan los jóvenes día a día», concluye.

Con este panorama, el PAI se consolida en la Facultad de Tecnología no solo como un servicio de orientación, sino como un pilar indispensable para el desarrollo humano, la inclusión y la retención estudiantil en la universidad.