Formarse le abrió una vida diferente a la de muchos jóvenes de su edad. Sus primeros 20 años fueron de mucha exploración: Bailarín, coreógrafo, recreacionista y actor. Encontró en la UTP la oportunidad de vida, se hizo licenciado en Bilingüismo. Como estudiante fue profesor en el ILEX y luego se hizo docente del programa.






Cuando Sandro Echeverry Palacio habla de la Universidad Tecnológica de Pereira, su voz interpreta gratitud e historia personal. “He estado aquí más de veinte años, casi media vida”, dice con serenidad, dando cuenta no solo de un tiempo cronológico sino la huella de una vida entera. Llegó en 2005, a los 25 años, a un programa que apenas nacía pero que con los años se consolidaría, la Licenciatura en Bilingüismo. Se graduó en 2009, salió a trabajar un año y, en el 2011, volvió para quedarse. Desde entonces ha sido docente transitorio de tiempo completo, formando generaciones de licenciados que, como él en su momento, encontraron en la UTP un lugar para crecer.
“Entré ya siendo adulto, no como muchos que llegan muy jóvenes. Yo ya sabía lo que quería, estaba seguro de mi vocación”, recuerda. Y quizás esa madurez temprana lo hizo asumir la universidad con un compromiso distinto, sabiendo que la enseñanza sería el centro de su vida.
El encuentro con la directora
Su primer contacto con la docencia universitaria llegó cuando aún era estudiante. En cuarto semestre, la directora del ILEX, la profesora Clemencia González, recordada por su rigor, lo invitó junto a algunos compañeros a vincularse a ese instituto. “Ella siempre buscaba los mejores perfiles, era muy exigente. Nos hizo un periodo de prueba y lo pasamos. Allí tuve mi primera experiencia como profesor universitario cuando todavía no terminaba mi carrera”.


¿Cómo logró conquistar a una maestra tan estricta? Sandro lo explica con sencillez: “No se conquista con palabras, sino con trabajo. Mostrando la competencia y ese plus que cada docente debe tener. En mi caso, todo lo que había aprendido en el teatro, en la recreación, en la danza, lo llevé al aula. Eso marcó la diferencia”.
De ese tiempo en el ILEX recuerda que sus clases se llenaban de dinámicas teatrales y ejercicios grupales, un recurso para atrapar la atención y generar confianza. “Lo disciplinar que aprendía en la licenciatura lo aplicaba allí, pero siempre con un sello personal. Creo que eso fue lo que me permitió quedarme tanto tiempo”.
Una vida hecha de búsquedas
La historia de Sandro está atravesada por múltiples pasiones. Creció en el barrio Hernando Vélez Marulanda, estudió en la escuela y colegio públicos del sector, y muy pronto entendió que tendría que abrirse camino con esfuerzo. “Vengo de lo público, y siempre he estado en lo público. Eso me marcó, me dio una manera de ver la vida”.
Antes de entrar a la UTP fue bailarín, coreógrafo y actor en formación. Todo eso lo fue moldeando como un educador que entiende la enseñanza más allá de los contenidos. “Yo me considero un docente innovador, crítico, que hace lectura del entorno. Me interesa que mis estudiantes no sólo aprendan inglés, sino que se formen como personas capaces de transformar”.
Los retos del presente
Ese espíritu crítico lo acompaña cuando reflexiona sobre la educación en tiempos de cambios acelerados. Frente a la inteligencia artificial, por ejemplo, habla sin temores: “Es un reto muy grande, pero también una oportunidad. Como en su momento lo fue la calculadora o el computador, ahora es la IA. Lo importante es conocerla, usarla, estar a la vanguardia. Si el docente se prepara, no será reemplazado, será protagonista”.
Sobre la pedagogía y la didáctica, reconoce su carácter cíclico. “Cada corriente nace de las necesidades de su tiempo. A veces cambian de nombre o de matices, pero en esencia vuelven. Lo importante es conocerlas, estar atentos, saber en qué momento pueden reutilizarse. Así como la moda, también la pedagogía tiene sus retornos”.
Y frente a la crítica de que los jóvenes leen menos, su visión es empática: “Hay que aprender a estudiar a quienes estamos enseñando. Ellos tienen nuevas formas de aprender y nuevos lenguajes. No podemos pelear con eso, tenemos que entrar en diálogo. La lectura, las matemáticas, el pensamiento crítico siempre serán necesarios, aunque existan dispositivos que traducen o calculen por nosotros”.
El corazón de un maestro
En su voz se adivina el orgullo cuando habla de los logros de sus estudiantes. “Lo que más me alegra es verlos graduarse. Acompañarlos en las prácticas, verlos aplicar lo que aprendieron y después encontrarlos en distintas partes del mundo. Eso me llena el corazón de alegría”.
Sandro también reconoce que la UTP le ha dado mucho más que una carrera profesional. “Aquí me formé como licenciado, aquí hice mi posgrado en lingüística, aquí he sido investigador, ponente, extensionista, coordinador, tutor de prácticas. He tenido todas las oportunidades de crecer. La universidad me lo ha dado todo”.
Familia y fe
Su vida personal está marcada por la fe y la familia. Conoció a su esposa en la iglesia a la que asiste, y con ella ha construido un hogar de 16 años de matrimonio y dos hijos: un adolescente de y una niña menor. Ella también tuvo la oportunidad de formarse y trabajar en la universidad. “La UTP nos ha dado a los dos muchas posibilidades de crecer. Para mí eso es invaluable”.
Una segunda voz en el mundo digital
Aunque el aula sigue siendo su lugar esencial, Sandro se ha lanzado también a construir una marca personal. Dirige el Teacher’s Mirror Podcast y mantiene presencia en redes sociales como profesor.sandro, donde comparte proyectos, consejos para estudiantes y docentes, y reflexiones de su día a día. “Es otra manera de enseñar, de extender lo que hago en la universidad. Por ahora es algo paralelo, pero que disfruto mucho”.
Al final, todo vuelve a la UTP. La universidad no solo le abrió las puertas como estudiante y profesor, también lo transformó como ser humano. “Si no hubiera pasado por aquí, quién sabe qué tipo de persona sería. La UTP me permitió leer el mundo de otra manera. Por eso siempre estaré agradecido: porque aquí encontré mi vocación y aquí sigo construyendo mi vida”.








