Para muchos, el camino a la profesionalización es una línea recta de clases y exámenes; para Brenda Katheryne Murillo Betancourt, hoy graduanda de Ingeniería Industrial, ha sido una travesía de cinco años marcada por la disciplina férrea, la gratitud y la capacidad de superar sus propios temores. Este martes, Katheryne cierra un ciclo dorado en la Universidad Tecnológica de Pereira, dejando tras de sí un historial académico que la posiciona como un referente de su facultad.



Un talento forjado en la constancia
Desde el inicio, Katheryne demostró que su paso por la universidad no sería ordinario. Su nombre fue sugerido por las directivas de la Facultad de Ciencias Empresariales para representar a sus compañeros no solo por poseer uno de los promedios más altos, sino por haber cursado y culminado toda su carrera bajo el beneficio de una beca.
Este apoyo, proveniente del programa Beca Talento y apadrinado por la empresa Pentagrama, fue el motor que le permitió concentrarse exclusivamente en su formación. Sin embargo, mantener una beca de este nivel no fue una tarea sencilla: Katheryne debió cumplir con la exigencia de no bajar su promedio de 4.0, asistir a diplomados de Responsabilidad Social y mantener una asistencia perfecta, incluso cuando el esfuerzo de viajar diariamente desde Cartago representaba un reto adicional.
Superando el «estigma» y la adversidad
Katheryne reconoce que la Ingeniería Industrial suele cargar con el estigma de ser una rama «sencilla», una percepción que ella desmiente con la madurez de quien ha superado las materias básicas y la alta demanda de la carrera.
Su camino no estuvo exento de momentos críticos. «Hubo momentos en los que dije: voy a tirar la toalla», recuerda, al rememorar semestres donde la presión académica se cruzaba con contextos personales y el estrés de mantener el rendimiento requerido para conservar su beneficio. Fue en la resiliencia y en el uso de los apoyos psicopedagógicos de la universidad donde encontró la fuerza para entender que «la disciplina puede vencer cualquier adversidad».



De la academia al reto nacional
Fiel a su espíritu inquieto, Katheryne decidió que sus prácticas profesionales debían ser el último gran reto antes de su titulación. Aunque consideró la opción de realizar sus prácticas en la empresa que la becó, decidió postularse a una importante multinacional en Bogotá. Tras superar un riguroso proceso de selección grupal, se trasladó a la capital, donde no solo cumplió con sus responsabilidades laborales, sino que extendió su estancia por un año, dejando en alto el nombre de su institución.
Hoy, al mirar atrás, Katheryne evoca con especial cariño las lecciones que no quedaron reflejadas únicamente en una calificación, sino en el aprendizaje real, como aquel proyecto de análisis financiero que, tras un inicio incierto, terminó con el aplauso de su docente y la satisfacción del deber cumplido.
«Es una experiencia que ayuda en la parte económica, pero también es un proceso personal muy lindo de saber que no estás sola y que tú puedes con eso».
Con el título de Ingeniera Industrial, Brenda Katheryne Murillo Betancourt inicia una nueva etapa profesional. Como egresada de excelencia, su historia queda grabada en los pasillos de la UTP, una institución que, más allá de los grados, mantiene siempre sus puertas abiertas para quienes, como ella, transforman la voluntad en realidades.








