Hay logros que se imprimen en un diploma, pero hay otros que se graban en el alma. Para Jhon Estiwar Gómez Palacio, docente de la Universidad Tecnológica de Pereira, graduarse del Doctorado en Ciencias de la Educación no fue solo un trámite académico; fue una odisea de resiliencia, de domingos sacrificados y de una fe inquebrantable que nació de un correo electrónico y se transformó en una lección de vida para sus propios estudiantes.




La historia de Jhon Estiwar es la prueba de que el destino premia la persistencia. Tras decidir asumir el reto de aplicar a una convocatoria de becas bajo la premisa de «lo peor que puede pasar es que no quede», recibió su primer «no». Sin embargo, un giro inesperado en el presupuesto nacional abrió un segundo listado donde su nombre finalmente brilló. «Sin eso, el sueño de ser doctor habría sido inalcanzable», recordando que su camino comenzó justo cuando parecía cerrarse.
Trabajar, estudiar y el arte de estar presente
Para el docente, el campus de la UTP fue testigo de una batalla diaria. Mientras sus pies caminaban por los pasillos para cumplir con sus clases de 7:00 a 9:00 a.m., su mente ya estaba conectada al rigor de un seminario doctoral. Con el sombrero quitado ante aquellos que, como él, deben buscar el sustento mientras persiguen un título, confiesa lo difícil que fue separar roles: «Mentalmente asumes un compromiso que se queda contigo todo el tiempo; momentos de cansancio donde un ‘buenos días’ parece pesar, pero sabes que debes terminar por ellos, por tus alumnos».
Más allá de la tecnología: Un arquitecto de sueños






Su investigación no se quedó en la fría teoría. Gracias a una pasantía en la Universidad de Barcelona, donde trabajó con sus autores preferidos, regresó con una visión que hoy revoluciona su facultad: el docente no es un instructor de herramientas, sino un «Arquitecto de Experiencias de Aprendizaje».
«No enseñamos tecnología para tocar botones; la usamos como vehículo para aprender a sentir, a pensar y a ser protagonistas de nuestra propia historia», afirma con la pasión de quien ha encontrado su propósito.
Aunque la toga y el birrete ya son una realidad, a Jhon Estiwar le queda un último reto: publicar el artículo que condonará el resto de su beca. Es una carrera contra el tiempo, pero tras haber largas jornadas frente al computador, sabe que este esfuerzo final es solo el cierre de un capítulo que lo convirtió en un mejor maestro.
Hoy, la Universidad Tecnológica de Pereira no solo celebra a un nuevo Doctor; celebra a un hombre que demostró que, con apoyo institucional y una voluntad de hierro, las dudas del aula se convierten en las grandes verdades del mañana.








