La Universidad Tecnológica de Pereira, en alianza con la CARDER y dos organizaciones campesinas, han logrado la aplicación del Certificado de Confianza Risaralda, un modelo diseñado para diferenciar y visibilizar los productos agroecológicos en el mercado. 

Aida Milena García Arenas, Directora del Centro de Gestión Ambiental de la UTP, explicó el alcance de esta iniciativa:

«Una de las estrategias de impacto regional de la UTP es generar una certificación de confianza. Es un trabajo que venimos realizando en conjunto con la CARDER y dos organizaciones campesinas: La Corporación Regional Agroecológica Cora y de la Organización Ambiental Serraniagua. La idea es proveer un sello para que los consumidores sepan cuándo tienen en sus mesas un producto de origen agroecológico».

A diferencia de las certificaciones tradicionales, este proceso se basa en los Sistemas Participativos de Garantías, una opción de escala mundial que no genera costos para el agricultor. La certificación se otorga bajo un esquema de «campesino a campesino», donde los mismos productores realizan las visitas técnicas.

La directora, detalló la dinámica de estas evaluaciones: «Es muy bonito porque es un diálogo de saberes. No es como la certificación convencional que dicen, bueno, usted pasó o no pasó… en su lugar hacen intercambio de conocimientos».

Para obtener este distintivo, los predios deben cumplir con criterios ambientales estrictos, tales como: No utilizar insumos de síntesis química y no emplear semillas transgénicas.

Actualmente, la certificación cuenta con dos sellos: uno para productos frescos y otro para productos transformados. Estos pueden encontrarse en espacios como el Mercado Agroecológico UTP, la tienda de la Organización Ambiental Serraniagua en El Cairo y la tienda El Cogollo de la Corporación Regional Agroecológica (Cora) la cual es la única tienda agroecológica con sede física permanente en Pereira. 

Gracias a esta estrategia de visibilización, varios productores han logrado escalar sus ventas hacia grandes supermercados convencionales, demostrando que la agroecología es un modelo rentable y competitivo.