Aunque nació y tuvo su formación base en Bogotá, Pereira y la UTP han sido su vida. Ya son 30 años desde cuando llegó como Catedrático. Ha visto, ha interpretado y aportado al boom tecnológico del mundo de las ultimas décadas. Es testigo activo de la transición entre lo análogo a lo digital. Su centro de operaciones docentes y de investigación es el Programa de Ingeniería de Sistemas.

Julio César Chavarro es actuamente docente e investigador del programa de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Tecnológica de Pereira y aunqe más de la mitad de su vida ha transcurrido en la capital de Risaralda, su acento lo delata, pero su corazón palpita por la institución que lo recibió y la ciudad que lo adoptó.

Es Ingeniero de sistemas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, su trayectoria inició en Bogotá, donde también desarrolló sus primeros pasos en el ámbito laboral y académico. Sin embargo, una oportunidad profesional lo trasladó al Eje Cafetero, específicamente al municipio de Santa Rosa de Cabal, donde participó en el desarrollo de un sistema de información para la administración municipal. 

“Ese municipo tenía para la época, lo que se llamaba un micomputador. En ese momento  a los computadores, los clasificábamos en micros, minis, medianos y los mainframes que eran las grandes computadoras, Santa Rosa había comprado un mini y trabajaba con un sistema operativo, un poco extraño para la elmomento que se  llamaba DNOS  y el DX 10  de la Texas Sistems. Yo no solamente conocía la máquina, sino también el lenguaje de programación que se utilizaba. Y eso me trajo a la ciudad de las Araucarias”.

Ese proyecto marcaría un punto de quiebre en su vida. No solo se estableció en la región, sino que allí formó su familia y comenzó a construir el vínculo que, con los años, lo conectaría de manera definitiva con la Universidad Tecnológica de Pereira.

“Esa fue una época muy linda, trabajaba, conocí a quien es hoy mi esposa y tuve hijos, es decir en Santa Rosa me enemoré en todo el setido”

El inicio en la universidad

Julio César hacía parte del grupo de docentes que en la Universidad Antonio Nariño conformaban el programa de Ingeniería de Sistemas, esa institución enfrenta una crísis que la llevó al cierre parcial y puso a la mayor parte de docentes del programa en la UTP en 1996. Inicialmente se vinculó como docente catedrático y, dos años después, en 1998, ingresó como profesor de planta al programa de Ingeniería de Sistemas y Computación.

Desde entonces, su carrera ha estado marcada por la docencia, la investigación y la formación de nuevas generaciones de profesionales.

“Han sido más de 30 años bien vividos dentro de la universidad”, afirma.

Docencia e investigación

A lo largo de su trayectoria, Julio César ha enfocado su trabajo en dos grandes líneas: la formación académica y la proyección hacia el entorno.

Uno de sus principales aportes ha sido la creación y consolidación del Grupo de Investigación en Inteligencia Artificial (GIA), espacio desde el cual se han desarrollado proyectos con impacto en sectores como energía, salud y agricultura.

Desde allí, ha liderado iniciativas orientadas a resolver problemas reales del país, integrando la investigación con aplicaciones prácticas. Entre los proyectos se destacan desarrollos para el monitoreo del mercado energético, modelos de análisis en salud y soluciones tecnológicas aplicadas al sector agrícola.

“Más allá de analizar los problemas, buscamos construir soluciones concretas”, explica.

Su evolución

Su carrera también ha estado atravesada por los cambios en la educación superior. Fue testigo de la transición entre modelos tradicionales de enseñanza y nuevas dinámicas mediadas por la tecnología, así como del crecimiento de la formación posgradual en el país.

El nuevo perfil docente con sus exigencias, lo motivó a realizar estudios posgraduales, primero una especialización en Instrumentación Física, luego, realizó estudios de doctorado en la Universidad del Valle, consolidando una visión académica orientada a la investigación y a la solución de problemáticas nacionales.

Para él, la evolución del rol docente ha sido clave:

“El docente dejó de ser una figura vertical para convertirse en un orientador del proceso de aprendizaje”.

Vivió transformaciones

El final de la década de los 90 fue marcado por grandes transformaciones, por un lado el cambio de siglo y su impacto en el mundo digital, que generó, como lo dice Julio Cesar, una paranoia porque se creía que se iban a presentar problemas por temas técnicos de codificación. También fue la llegada, como requisito para ser docente, la formación posgraduada. “Antes se requería ser únicamente profesional para ser docente, y los posgrados eran un diferencial. Para el fin de siglo se empezó a pedir como mínimo Maestría y hoy doctorado”. Otra transformación tiene relación con el ejercicio del docente como tal, “se debe empezar a pensar en la educación mediada por la tecnología, el docente ya no puede seguir siendo un repositorio de conocimiento sinó que el rol se transforma en un orientador del mismo”.

Pensar el país desde la academia

Uno de los ejes centrales de su pensamiento ha sido el papel de la universidad en la transformación social. Considera que la academia debe ir más allá de la formación profesional y asumir un rol activo en la solución de los problemas del país.

Desde su perspectiva, áreas como la computación tienen un enorme potencial para impactar sectores estratégicos como la agricultura, la salud y la productividad.

“El país necesita soluciones concretas. La academia tiene la capacidad de aportar a ese cambio”, señala.

La docencia como vocación

Más allá de los cargos o reconocimientos, Julio César se define como docente. Asegura que la enseñanza ha sido una constante en su vida, incluso antes de llegar a la universidad.

“He hecho docencia toda la vida”, afirma.

Para él, formar estudiantes no solo implica transmitir conocimiento, sino también despertar en ellos una mirada crítica y una capacidad de análisis frente a la realidad.

Una vida ligada a la universidad

Después de más de tres décadas, su vínculo con la Universidad Tecnológica de Pereira va más allá de lo profesional. La institución ha sido el escenario donde ha desarrollado su carrera, pero también donde ha construido gran parte de su proyecto de vida.

La universidad, asegura, le ha dado estabilidad, oportunidades y la posibilidad de crecer tanto en lo personal como en lo académico.

Siente que ha entregado su compromiso, su trabajo y su capacidad de aportar desde la crítica y la acción.

“Mis mejores esfuerzos han estado aquí”, concluye.