Su sueño de niño fue ser piloto. Hoy es estudioso de la aeronáutica. Su salón de clases está lleno de aviones suspendidos en el techo, su espacio es inspirador. Su formación fue en Ingeniería Mecánica y se graduó como estudiante distinguido e investigador. Es profesor y hace parte del equipo del CIDT. En su haber tiene trece activos tecnológicos y de ellos dos con patentes.

Adonaí Zapata Gordon tiene vínculos con la UTP desde el año 2003 cuando llegó como estudiante, tuvo un paso por la empresa privada, entre ellas fue cofundador de la empresa OhmyFi y en 2011 se dejó tentar como docente en una primera etapa en la Facultad de Ingeniería Mecatrónica y en el departamento de Física y hoy es de esos docentes que cautivan, entiende al estudiante pero es exigente.

Un sueño de infancia que se transformó en vocación

La fascinación por volar nunca desapareció, solo cambió de forma. En lugar de cabina y uniforme, eligió la Ingeniería Mecánica; en lugar de surcar el cielo, decidió comprenderlo.

Esa pasión lo llevó a especializarse en Ingeniería Aeronáutica y a convertir su espacio de trabajo en un laboratorio diferente, didáctico e inspirador. “Los lugares donde se imparte conocimiento deben ser distintos, deben motivar”, afirma. Por eso el techo está cubierto de prototipos desarrollados por sus propios estudiantes.

Cada avión colgado es más que una maqueta: es el resultado de horas de trabajo colaborativo entre estudiantes de Ingeniería Mecánica, Mecatrónica, Física y otras disciplinas. Él orienta, pero son ellos quienes diseñan, calculan, imprimen, ensamblan y prueban.

Del aula tradicional al aprendizaje basado en proyectos

Adonaí no reniega del tablero lleno de ecuaciones ni de las fórmulas de aerodinámica, pero su apuesta va más allá. Cree firmemente en el aprendizaje basado en proyectos (ABP) y en la metodología STEAM como herramientas para conectar la teoría con problemas reales.

Para él, el aula debe ser activa. Los estudiantes no son oyentes pasivos, sino protagonistas. “No se trata solo de hacer inventos, sino de convertirlos en innovación”, explica. Y esa diferencia es clave: un invento se convierte en innovación cuando alguien lo usa.

Desde el Centro de Innovación y Desarrollo Tecnológico (CIDT), del cual es actor fundamental como coordinador de Proyectos Especiales, trabaja para que los desarrollos académicos se conecten con empresas, emprendedores y necesidades reales del sector productivo. Allí la investigación dialoga con la industria 4.0, la robótica, la inteligencia artificial, la analítica de datos y la impresión 3D.

México: el punto de inflexión

En 2014 viajó a la Universidad Autónoma de Nuevo León, en México, gracias a una beca. Allí no solo cursó su maestría en Ingeniería Aeronáutica, sino que trabajó en un centro especializado en investigación e innovación aeronáutica.

Durante dos años colaboró con empresas como LEGO, Ternium (Siderúrgica mexicana de gran tamaño) y Bombardier (empresa que desarrolla componentes aeronáuticos). Esa experiencia marcó su visión: entendió que la universidad debe fortalecer su vínculo con la empresa y que el conocimiento adquiere mayor valor cuando resuelve necesidades concretas.

Al regresar a Pereira, decidió traer esa mentalidad. Tocó de nuevo las puertas de la UTP en 2016 con éxito, en la facultad que lo formó y también en Ingeniería Mecatrónica. Creó una electiva en aeronáutica, consolidó una línea de investigación en tres grupos distintos y fundó un semillero interdisciplinario donde confluyen estudiantes de múltiples carreras. El objetivo es claro: mentes diversas producen mejores soluciones.

Investigación que deja huella

Su trabajo no se quedó en el discurso. Desde su llegada al CIDT ha impulsado el desarrollo de 13 activos tecnológicos registrados ante la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Extensión. Dos de ellos ya cuentan con patente otorgada y otras se encuentran en proceso.

Los proyectos abarcan desde soluciones aeronáuticas hasta desarrollos en robótica, aplicaciones móviles, manufactura avanzada y tecnologías propias de la industria 4.0. En su laboratorio conviven drones, robots, impresoras 3D y prototipos que evidencian que la investigación puede ser tangible.

Para Adonaí, el legado no está solo en las patentes, sino en los estudiantes que aprenden a pensar diferente, a trabajar en equipo y a transformar ideas en soluciones aplicables.

Pereira, origen y pertenencia

Nació en Pereira en 1981, un nacimiento atendido por partera, en una casa del centro de la ciudad. Siempre ha vivido en la capital risaraldense y, aunque ha tenido oportunidades en otros lugares, decidió regresar.

Se graduó como ingeniero mecánico en la Universidad Tecnológica de Pereira en 2010, fue estudiante investigador distinguido y cofundador del grupo de investigación en robótica aplicada. Antes de consolidarse como docente universitario, trabajó en la empresa privada.

Es padre de dos ingenieros —uno civil, y una mecánica— y reconoce que su mayor orgullo es verlos ejercer con autonomía. “La universidad me lo ha dado todo”, asegura. No solo formación académica, sino la posibilidad de transformar personas.

Educación como centro de transformación

Para él, La Universidad Tecnológica de Pereira es un centro de transformación social. Un centro que la sociedad necesita para que los jóvenes que llegan a ella, tengan mejores oportunidades de vida, donde pueden aprender de habilidades duras y habilidades blandas. “En las carreras nos enseñan la teoría y la práctica, pero también la interacción con el ser y con las circunstancias, es decir desarrollar las competencias sociales, emocionales y de comportamiento, con eso se facilitan la interacción efectiva, el trabajo en equipo y la adaptación al entorno laboral” explica.

Cree firmemente que los países que invierten en educación construyen sociedades más sólidas y que el conocimiento es la herramienta más poderosa que puede adquirir una persona.

Insiste en que un buen profesor no necesita saberlo todo, sino enseñar bien lo que sabe y lograr que el estudiante apropie el saber para la vida. Valora la empatía, la disciplina y el trabajo colaborativo como pilares de su ejercicio docente.

Hoy Adonaí Zapata es un hombre felíz con lo que hace en la UTP, estar en los espacios de docencia y de investigación era un sueño que tenía, para ayudar a transformar vidas, igual a lo que hicieron con él sus profesores cuando era estudiante.