Su vida fue marcada por la UTP, desde cuando llegó al claustro como estudiane de Medicina. Su sonrisa permanente es reflejo de la felicidad que le proporciona ser profesor y directivo académico. Tiene dos hermanos y una familia consolidada que le llena.




“La Universidad Tecnológica de Pereira ha sido mi centro de desarrollo personal desde los 17 años”, dice con orgullo Giovanni García Castro al referirse al espacio que lo formó y que le dio la oportunidad de afianzarse profesionalmente y donde conoció a su esposa, con quien además de compartir en familia hace parte también de su mundo: La Medicina.
Es pereirano de nacimiento, su historia con la UTP comienza mucho antes de que él mismo entrara por la puerta de la Facultad: desde los años 80, su familia ya la veía como un ícono histórico y un patrimonio de la ciudad. “Para nosotros los pereiranos, la Tecnológica ha sido un patrimonio de ciudad y de región.Patrimonio académico, cultural y cientifico”, recuerda. Y ese cariño se volvió proyecto de vida.
Formación para la Vida
Giovanni llegó a la UTP en 1990, a cursar estudios de Medicina. “Desde ese tiempo no me he ido”, cuenta. Primero como alumno, luego como profesor, después como director de programa y hoy como decano de la Facultad de Ciencias de la Salud, precisamente la facultad de la que egresó. Su vínculo con la universidad es total: “Yo soy made in UTP, 100% UTP”.
La conexión familiar con la institución también es profunda. Él fue el primero de tres hermanos en estudiar en la UTP: él en Medicina, uno en Química y otro en Ingeniería Eléctrica. “Hay diversidad de profesiones en la familia”, bromea, pero subraya que todos comparten el mismo origen académico. “En mi familia siempre hubo un anhelo de que los hijos estudiaran aquí”, explica. Y ese sueño se cumplió, a pesar de algunos inconvenintes propios de una familia promedio de la una ciudad como Pereira.
De estudiante a decano
Como estudiante, Giovanni era “muy juicioso, muy aplicado, con muy buenas notas”. Recuerda que, después del tercer o cuarto semestre, todo cambió: “Empiezas a encontrarte con pacientes reales, con el sufrimiento, con el dolor, con el herido. Eso te hace madurar un poco más rápido”. Esa madurez temprana lo llevó a destacar: en los años 90, su promoción ganó el premio a los mejores médicos internos del país. “Ese reconocimiento se ha mantenido”, asegura. “Hace poco, en 2024, tuvimos el mejor interno rotando en la Fundación Santa Fe”.
Tras graduarse en el año 2000, Giovanni ejerció como médico durante 15 años, trabajando en unidades de recién nacidos de alta complejidad y en servicios ambulatorios. “Pudimos ejercer la medicina en muchas áreas”, recuerda. Pero en 2008, la universidad volvió a llamarlo. Un colega le ofreció “dos horas los sábados” en el programa de Atención Prehospitalaria. “Me pareció una oportunidad muy bonita”, cuenta. Pronto, esas dos horas se convirtieron en ocho, y en 2010 asumió la dirección del programa. “Fue mi entrada al mundo administrativo de la universidad pública”, explica.
Esa experiencia lo llevó a especializarse en educación. Estudió una maestría y luego un doctorado en Ciencias de la Educación, ambos en la UTP. “Me di cuenta de que sabía mucho de medicina, pero poco de docencia”, reconoce. Hoy, su formación académica es tan completa como su trayectoria profesional: ha sido profesor de Medicina, del programa de Atención Prehospitalaria y de diversos posgrados en medicina y educación.
La docencia como centro de vida
Para Giovanni, la docencia es “una labor neurálgica para la sociedad”. “El profesor lleva intencionalmente cosas al aula para facilitar el proceso de aprendizaje. Eso es un talento”, dice. En la Facultad de Ciencias de la Salud, ese talento se multiplica: “Tenemos una comunidad que siempre está pensando en la mejoría, en el bienestar, en la alta calidad”.
Su enfoque como docente es claro: “Pensarnos como educadores, más que como expertos disciplinares”. Ese cambio de perspectiva ha impulsado innovaciones en la facultad, como la internacionalización del currículo, las aulas globales inteligentes y la simulación clínica de alto nivel. “Seguimos avanzando en proyectos que fortalecen la formación de nuestros estudiantes”, afirma.
La Pandemia nos midió
Uno de los momentos más desafiantes de su carrera llegó con la pandemia de COVID-19. En 2020, la UTP se convirtió en el epicentro de la respuesta regional: “Montamos el centro de vacunación más grande del departamento de Risaralda”, recuerda Giovanni. En solo unos meses, la universidad aplicó 150.000 dosis. “Ese fue un gran impacto para la región”, dice. “Si eso no hubiera sido así, el impacto de la pandemia nos hubiera dado más duro”.
Giovanni lideró ese centro de vacunación. “Fue una experiencia muy bonita”, reconoce. “La universidad levantó la mano y dijo: ‘Vengan para acá’”. Esa capacidad de respuesta no solo salvó vidas, sino que reafirmó el rol de la UTP como motor de desarrollo regional.
Retos y sueños para el futuro
Hoy, Giovanni ve grandes retos por delante. “Tenemos nuevos escenarios hospitalarios, como el Hospital Regional de Alta Complejidad y la alianza con la Fundación Santa Fe”, explica. También hay proyectos de salud digital con la ESE Salud Pereira y una relación estrecha con el Hospital Universitario de San Jorge. “Es nuestro socio, casi nuestro hermano”, dice. “Es un patrimonio de los pereiranos, como la propia universidad”. Y agrega que: “Esos escenarios esperan mucho de nosotros, de nuestros estudiantes y de nuestros postgraduandos, es una responsablidad grande laa qu tenemos”. Enfatiza.
Para Giovanny el estado actual del sector en Colombia es de gran complegidad, que demanda también retos para para los profesionales.
En el ámbito académico, la facultad apuesta por ampliar la oferta de posgrados en salud humana, salud animal y deporte y bienestar. “Queremos que las personas del Eje Cafetero encuentren en la UTP una oportunidad de formación de alto nivel”, afirma. Y todo eso se hace con un equipo comprometido: “Tenemos 2.600 estudiantes en esta facultad. Formarlos es multiplicar el impacto en la sociedad”.
Valores que lo mueven
Cuando se le pregunta por los valores que lo guían, Giovanni es claro: “La solidaridad es uno de los grandes”. “Pensar en el otro, ponernos en sus zapatos, ya sea el estudiante, el profesor o el paciente”, dice. También valora la templanza: “La posibilidad de estar siempre listos, de no decaer, de no vernos derrotados”. Ese equilibrio lo ha mantenido en pie frente a los desafíos.
La familia sigue siendo su pilar. “Mi papá, mi mamá, mis hermanos siempre han acompañado este proceso”, dice. Y su esposa, también médica y profesora de la facultad, es su compañera de vida y de trabajo. “Tenemos una hija mayor, antropóloga”, cuenta. “Son mis mentores de vida”.
La UTP es mi sentimiento
“La UTP me dio todo”, concluye Giovanni. “Me convirtió de un peladito de 17 años en un profesional de la medicina y luego en un líder. Cambia realidades familiares, cambia la sociedad”. Y ese cambio no se queda en la universidad: “Cada profesional que vuelve a su pueblo, a su vereda, cambia la vida de su comunidad”.
Para Giovanni, devolverle a la UTP lo que le ha dado es una obligación. “Todos los días me levanto pensando en eso”, dice. Y lo hace con un equipo que comparte su visión: “La salud será uno de los grandes focos de la universidad. Seguiremos creciendo, seguiremos siendo un motor de desarrollo”.
En la voz de Giovanni García Castro, la UTP no es solo una institución: es un hogar, un motor y un patrimonio. Y su historia, como la de muchos pereiranos, está escrita en cada espacio de ese gran edificio blanco, que le da la bienvenida a los estudiantes y visitantes cuando llegan al maravilloso campus de la Universidad Tecnológica de Pereira.








