Percusionista, compositor y arreglista, Juan Antonio Montoya Ramírez culmina su paso por la UTP dejando huella dentro y fuera del aula con obras estrenadas en concursos nacionales, arreglos ganadores y un recital de grado que reunió cerca de 80 músicos en escena.






Premios en Tocancipá, Paipa y San Pedro; estrenos de obras propias en escenarios nacionales; arreglos ganadores en concursos de bandas sinfónicas; y un recital de grado innovador que reunió cerca de 80 músicos en escena. Así se resume el paso por la Universidad Tecnológica de Pereira de Juan Antonio Montoya Ramírez, percusionista, compositor y arreglista que ha convertido cada escenario en una oportunidad para crear identidad musical propia.
Nacido en Pereira y criado en Anserma (Caldas), Juan Antonio —“Toño”, como lo conocen en el medio— inició su camino en la música desde sexto grado, cuando ingresó a la banda sinfónica de su municipio. Lo que comenzó casi como tradición familiar se transformó en un “amor a primer oído”.
Su trayectoria no fue lineal. Tras graduarse del colegio inició estudios de música en la Universidad de Caldas, pero decidió hacer una pausa para ingresar al Seminario Mayor de Pereira, movido por la inquietud de la vocación sacerdotal. Allí permaneció tres años en un proceso que él mismo describe como de discernimiento. Aunque finalmente entendió que su camino no era el sacerdocio, asegura que ganó formación filosófica, disciplina académica y una mirada más profunda del arte.
En 2020 regresó a la música, esta vez en la UTP. Un mes y medio después, la pandemia lo obligó a continuar desde casa. Mientras el mundo se detenía, él leía, estudiaba armonía y orquestación, y trabajaba turnos de 24 horas en el Cementerio San Camilo para pagar sus estudios. “Para llegar a ser lo que se quiere ser, hay que estar donde se debe estar y hacer lo que se debe hacer”, afirma.
Con el regreso a la presencialidad comenzaron a abrirse los escenarios. Primero, pequeños ensambles y agrupaciones universitarias; luego, talleres de composición y orquestación; más adelante, encargos formales para bandas sinfónicas.
Uno de los momentos más importantes fue el concurso nacional de bandas sinfónicas de Tocancipá, donde un arreglo suyo —un mix de música disco que incluyó obras como Rasputín, Billie Jean y Uptown Funk— obtuvo el reconocimiento en la categoría Banda Show y Simpatía. Más adelante llegarían el estreno de su obra Travesía en escenario nacional, la Suite de la salsa colombiana en Paipa, homenaje sinfónico a Piper Pimienta en San Pedro (Valle), y composiciones interpretadas por la Banda Sinfónica de Risaralda (Caldas) y la Banda UTP. “Uno empieza a darse cuenta de que algo está haciendo bien cuando la música comienza a sonar en otros lugares”, expresa.
Aunque la UTP no cuenta con énfasis en composición, Juan Antonio encontró en sus docentes un respaldo, el maestro Leopoldo, director de la Orquesta y Banda Sinfónica UTP, fue quien abrió las puertas para el estreno de sus obras. El maestro Sebastián Trejos fortaleció su formación como percusionista y compositor; la profesora Diana Edith acompañó su proyecto de grado, centrado precisamente en su método de composición para banda sinfónica; y docentes como Harold Wong y Laura Cardona marcaron su crecimiento académico y pedagógico.
Su concierto de grado, realizado en una Noche de Gala, se convirtió en uno de los más extensos y novedosos del formato: incluyó obras para percusión solista, música de cámara, estrenos propios y la participación de la Orquesta de Vientos de Risaralda, reuniendo cerca de 80 músicos en escena.
Actualmente integra agrupaciones como la Orquesta Sinfónica UTP, el Ensamble de Saxofones de Lucy Tejada —con el que ha obtenido reconocimientos nacionales—, la orquesta salsera La Tromboniza, el grupo Jet Pilots (tributo a System of a Down) y Son Five, mostrando la versatilidad que lo caracteriza entre lo sinfónico, la salsa, el rock y la música colombiana.
Si tuviera que resumir su paso por la universidad en una palabra, sería “felicidad”. Y si fuera una frase: “Para llegar a ser lo que se quiere ser, hay que estar donde se debe estar y hacer lo que se debe hacer”.
Agradece profundamente a sus maestros, a la Facultad de Bellas Artes y Humanidades, a sus compañeros de agrupación y, especialmente, a su familia, a su madre y su hermano quienes han sido su pilar de vida.
“Estudien lo que aman. Si uno hace las cosas con amor y las hace bien, lo demás llega solo”, concluye.








